Nacimiento de la escritura
Introducción histórica: Egipto y Mesopotamia
Los más antiguos testimonios escritos que nos han llegado provienen del Medio Oriente. Dos países, dos civilizaciones diferentes: Mesopotamia y Egipto han inventado la escritura casi simultáneamente hace más de 5.000 años El primero en el año 3.200 y el segundo en 3.100 a. C.
La escritura no puede ser disociada del conjunto de las creaciones humanas que caracterizan la civilización, concebida ésta como la organización superior de la sociedad que componen las comunidades urbanas. La amplitud y la complejidad de tales comunidades han podido sostener la intensidad y el enriquecimiento intelectual que implica la invención de la escritura. Esta se diferencia de las pre-escrituras en la intención que marca su objetivo, esto es fijar la palabra y no solamente el pensamiento. La diferencia fundamental entre estos dos grandes períodos es la creación del signo fonético.
Es cuando el hombre logra fijar el sonido de la idea que quiere expresar, que los embriones de escritura se vuelven escritura propiamente dicha organizada según los matices del discurso, instrumentando las normas de cada lengua. El advenimiento de la escritura le permite al hombre “leer” los signos de los períodos previos como algo escrito. Estos signos pictográficos se vuelven escritura, a-posteriori, es decir cuando el hombre posee el instrumento: el signo fonético, para leerlo como escritura. Los historiadores constatan que este proceso de larga y lenta elaboración, apareció solamente en las dos civilizaciones más antiguas dignas de ese nombre: Sumeria y Egipto.
La zona geográfica limitada por las estepas atravesadas por el Tigris y el reborde montañoso de Irán constituye la cuna de la civilización. La invención de la escritura se produce en la parte inferior de Irak: entre Bagdad y el golfo Pérsico. En esta región, la ciudad de Sumer representa la más antigua civilización seguida por Egipto. Es en Sumer, en la Baja Mesopotamia, que la civilización surge alrededor de 100 años antes que en Egipto.
Desde el final del X milenario (neolítico) a.C. cazadores llamados Natufian, expandidos por Palestina y el Eufrates y sus colegas de las colinas del Kurdistán, comienzan a participar activamente en el proceso de producción de su propia subsistencia, abandonando las actividades de simple predadores como sus ancestros paleolíticos. Progresivamente, en zonas muy humedecidas por las lluvias el hombre aprende a seleccionar la buena hierba de la mala, que eran las gramillas salvajes. Más tarde, comienza a cerrar parcelas de terreno para cazar animales con más facilidad (cabras y ovejas) y luego domesticarlos. En el VIII milenario (neolítico) en las grandes poblaciones, tales como Jericó, al norte del Mar Muerto y Gand Dareh en Irán occidental, los agricultores se han vuelto sedentarios y comienzan a descubrir la posibilidad de endurecer la arcilla, cocinándola (barro cocido), continuando siempre con la producción de herramientas fabricadas con los huesos y el sílex.
En el curso de los últimos siglos del VII milenario, los pobladores se agrupaban en aglomeraciones más importantes de apariencia urbanas, una de ellas es la Anatolia meridional, y comenzaron a crear un arte notable. Se trata de los sellos que permitían imprimir y repetir a voluntad determinados “signos” o marcas grabados en relieve. Pero esta forma de imprenta elemental, aunque se desarrolla bastante, no desemboca directamente sobre la escritura.
Hacia el año 4.000 a. C. Egipto, hasta ese momento bastante aislado entra en el desarrollo agrícola. Mientras tanto Sumer crece y progresa y se fundan dos ciudades: Uruk en Sumer y Susa al pie de la montaña Zardeh-Koh (Irán occidental). En estas ciudades se organizan los primeros Estados, dignos de ese nombre. Los sumerios fueron los verdaderos fundadores de la civilización mesopotámica, —no hay más que recordar la riqueza de esa gran civilización que fue Babilonia—, en lo que respecta al cultivo de la tierra y a la organización social y política. Crearon un sistema admirable de regadío y supieron cultivar las especies vegetales, domesticar los animales, trabajar los metales y las piedras más duras. En este momento se produce una ruptura con la tradición prehistórica simbolizada por la fabricación de vasos en tierra cocida y pintada, y por otro lado se pone de manifiesto la necesidad de elaborar una contabilidad, imprescindible para la organización y gestión de una riqueza considerable.
Esta contabilidad conduce a la creación de un sistema de escritura aunque aún elemental, parcialmente pictográfica, ampliamente abstracta que fue el sistema cuneiforme adoptado por la mayor parte de los pueblos del Antiguo Oriente. Esta escritura nació en Sumer hacia el 3.200 a. C. y fue progresando paulatinamente hasta adquirir un carácter abstracto. Escritura y contabilidad surgieron juntas.
En Egipto entre tanto, la escritura jeroglífica se inventa de un solo golpe hacia el año 3.100 a. C. En efecto, todos los historiadores coinciden en un hecho: los jeroglíficos fueron creados como un sistema mixto, complejo y completo que servía para escribir las palabras y los sonidos, todo esto de un solo golpe, sin prehistoria ni tentativas preliminares. En el capítulo consagrado a la historia de la escritura jeroglífica, se encontrarán más detalles acerca del advenimiento de la misma.
A lo largo del III milenario, Egipto y Sumer se desarrollan paralelamente. La escritura nace, en un principio, como ayuda-memoria y permanece así durante mucho tiempo. Sirve para conservar la memoria de las operaciones comerciales que realizaban sus pobladores, es decir, para registrar la contabilidad de los procesos de producción agrícola. Los que crearon esta escritura, ya habían desarrollado, desde muchos siglos antes, un repertorio de signos y símbolos para expresar y fijar los movimientos de su vida interior: pensamientos y sentimientos, a través de las producciones de sus artes plásticas: cerámicas, pinturas y esculturas, sobre paredes y huesos. Es por este camino que llegaron a establecer un sistema gráfico. Los hombres que se comunicaban a través de los sonidos sintieron la necesidad de imaginar nuevos signos que perpetuaran sus mensajes y, de esta manera, hacerlo conocer a las personas ausentes. Su imaginación les representa las mismas imágenes que ellos habían experimentado a través de las acciones y de las palabras que, desde el comienzo, habían permitido sostener un lenguaje figurado y metafórico.
El medio más natural, entonces, fue el de dibujar las imágenes de las cosas. Así, por ejemplo, para expresar la idea de un hombre o de un caballo, se representaba la forma de uno y del otro. De esta manera el primer intento de una escritura fue el dibujo. Se puede afirmar, sin ser demasiado excesivo, que todo dibujo contiene una escritura, puesto que fija los pensamientos, las ideas y las transmite. Sin embargo, la escritura se distingue del dibujo en la posición que toman los elementos notados. En la escritura, esta posición no tiene otro sentido que el de indicar una sucesión que corresponde a la misma de las ideas expresadas, sin tener ningún cuidado por dar una imagen de conjunto. El dibujo se transforma en escritura cuando evoca una sucesión de ideas precisas.
Sería demasiado exponer la historia del surgimiento de los incontables sistemas de escritura, pero sí es bueno que nos creemos una idea sobre su desarrollo evolutivo a través de los siglos. Para eso, pueden accesar: http://www.proyectopsi.com/profesional/profesion/profes_031.asp que es de donde se ha obtenido la información aquí expuesta.