| Opinió: UN BARRIO SE HUNDE Y LA CLASE POLITICA OCIOSA CON EL NOU ESTATUT Enviat el Dijous, 10 de febrer del 2005 (7:20:00) per admin2 |  | Anonymous va escriure " Desde el lunes pasado, el barrio barcelonés de El Carmelo vive en perpetua angustia. Castigado en los años 90 por los efectos de la especulación inmobiliaria de los años 70 que obligó a derribar parte de los bloques al estar “enfermos” de aluminosis, ahora ve como sus bloques se caen a causa de la corrupción de las autoridades del ayuntamiento y la generalitat: pero, eso sí, Catalunya tendrá nuevo “Estatut”.
El tema del nuevo “estatut” está completamente ausente del debate popular en Catalunya. No le interesa absolutamente a nadie. La población es perfectamente consciente de que el nivel de autonomía de que disfruta es razonable y no hace falta complicarse mucho la cabeza. Intuye, además, que esta discusión falsa sobre el nuevo “estatut”, no es más que un intento de la clase política catalana de obtener más recursos económicos, esto es, de depredar un poco más el erario público. Así pues, la población, ni entra ni sale en esta discusión ficticia generada por los partidos nacionalistas.
Pero bastaría con que la población sintiera que toda esta historia de la generalitat sirve para algo más que para que unos cuantos napoleones de baratillo satisfagan sus intereses. Y no. El alcalde Clos, preocupado se preocupa más por los fastos del Forum 2004, por bailar la samba el día que no toca, por anunciar que ese era “el Forum de los pobres” (cuando al entrada costaba 50 euros) y poco más. Cuando se agrietó el primer edificio, se limitó a una fugaz visita al barrio, tranquilizando a los vecinos y diciendo que no ocurría nada y que el Ayuntamiento estaba con ellos y velaría por restablecer la normalidad de las viviendas. Al día siguiente, el primer bloque afectado era derribado. Asunto resuelto. Los vecinos fueron alojados en hoteles y se les prometió que sólo sería por unos días.
Al día siguiente otros tres bloques se vieron afectados… y dos de ellos están en estos momentos condenados a ser derribados. Entre 900 y 1000 personas se encuentran en estos momentos en la calle, con sus viviendas, sus recuerdos, sus enseres, todo, absolutamente todas sus posesiones personales, perdidas. Y no sabemos si en los próximos días, aumentará el número de afectados.
¿Qué ha ocurrido? El barrio de El Carmelo está mal comunicado, es un barrio de emigrantes que llegaron de Andalucia, Extremadura, Galicia, Castilla, en los años 60 y 70. Los especuladores les vendieron pisos mal construidos, con materiales defectuosos, viguetas pretensadas con el alma metálica deficiente que, en veinte años, deshizo el revestivimiento de hormigón y convirtió las jácenas en pura mantequilla. Cuando Barcelona estrenaba Olimpiada… el barrio de El Carmelo debía apuntalar una veintena de bloques y varios de ellos no pudieron evitar ser derribados. En el siglo XXI, solamente unos pocos autobuses urbanos llegaban hasta El Carmelo que seguía siendo un barrio de difícil comunicación. Era mucho más importante llevar el metro hasta la zona olímpica, la Diagonal Mar, etc.
Y ahora, precisamente, se intentaba paliar ese aislamiento del barrio. Así pues se aprobó una prolongación de la línea 5 del Metro. Los estudios geológicos fueron escasos. La topografía del subsuelo apenas se estudió y, para colmo, se adoptó el “método austríaco” para abrir el túnel. Esto, al menos, es lo que han repetido una y mil veces esta última semana los responsables de la generalitat y el ayuntamiento.
¿”Método austríaco”?... si, el método consiste, simplemente, en ir barrenando el subsuelo y luego penetrar con excavadoras para retirar los escombros, apuntalando el túnel así formado. Según Joaquín Nadal, responsable de Obras Públicas de la Generalitat, “es el método más barato”… ¿más barato?
Solamente a una mente criminal puede ocurrírsele barrenar justo por debajo de bloques de viviendas en zonas geológicamente no estudiadas en profundidad. No solamente existen terrorista de ETA, ni marroquíes o de Al Qaeda, también existen terroristas que actúan en el subsuelo. Entre estos figuran los que dieron la autorización para que se colocaran toneladas de explosivos bajo las viviendas de El Carmelo. Anteriormente, esa misma línea ya había generado problemas en tramos anteriores del trazado: casas agrietadas, molestias para los vecinos, sobresaltos y sensación de que algo no iba bien… ahora esa sensación se ha transformado en el desolador espectáculo de un barrio, castigado por el paro, asaltado por una inmigración ilegal creciente, con una de las tasas de delincuencia mayores de la ciudad, que, además ¡se hunde!
El alcalde Clos ha eludido cualquier responsabilidad, el conseller Nadal la ha atribuido al anterior gobierno de la generalitat. El “anterior gobierno” de la Generalitat “no sabe / no contesta”. La ley de la omertà mafiosa ha impedido que nadie hablara de responsabilidades penales, que existen. Todo se resuelve rellenando los túneles abiertos con hormigón y asunto resuelto. Toda esta clase política, todos juntos en unión, eso sí, defienden el “nuevo estatut”.
La Biblia tenía razón cuando decía aquello de que el número de necios es infinito.
© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es 05/02/2005 | Miquel Amorós: la nueva Barcelona del capital Correo Tortuga - servicio@autogestión.org Lunes,21 de junio de 2004
| | | Miquel Amorós Intervención en la presentación del libro “Barcelona Marca Registrada”, el 2 de junio de 2004 en L’Espai Obert, Barcelona. Barcelona, su área metropolitana y toda Cataluña, desde los años ochenta se hallan inmersas en un apabullante proceso de transformación fruto del paso acelerado de una economía industrial a una economía de servicios. La fabrica dejó de ser hace ya tiempo la fuente primordial de producción de plusvalías en provecho de la urbanización, y a la política de “bienestar” pactada con los sindicatos sucedió la ordenación territorial pactada con los ejecutivos de las inmobiliarias y los bancos. El papel de la administración es ahora más determinante; de antiguo intermediario entre el capital y el trabajo se convierte, gracias a un enjambre de empresas mixtas, en principal agente de la remodelación de la ciudad como sede de las transacciones económicas internacionales. La administración ya no trata como antes de armonizar los intereses sociales en provecho de la clase dominante: ella misma forma parte de la clase dominante. En principio la desindustrialización llevó las fábricas a la segunda corona metropolitana, pero una vez acabada ésta de lo que se trata es de expulsar a la población que se quedó, ligada a formas de vida sin interés para la economía, y sustituirla por nuevas gentes acordes con los nuevos valores traídos por el desarrollo tecnológico, gentes de hábitos ultraconsumistas. Esa es la función que está cumpliendo el urbanismo administrativo. De las 51 operaciones en que se materializa la reconversión urbana barcelonesa, financiadas en parte con dinero público y en parte con la especulación inmobiliaria, unas corresponden a grandes infraestructuras, otras a logística empresarial, otras a proyectos de investigación y, finalmente, otras a reciclaje de barrios y programas ambientalistas. Infraestructuras son el Tren de Alta Velocidad y sus estaciones “intermodales”, las ampliaciones del puerto y del aeropuerto (y demás intervenciones contenidas en el Plan Delta), el túnel de Horta y el Cuarto Cinturón, la B-40. Las zonas donde emerge el nuevo estilo de los negocios hay que buscarlas en el Districte Econòmic GranVia (donde se ubican La Ciutat Judicial y la Fira-2), el 22@, el Centre Direccional Cerdanyola-Sant Cugat, en el nudo de Les Glòries o en Diagonal Mar-Fòrum. Los principales proyectos de investigación son el Parc de Recerca Biomèdica, el Parc Científic de Barcelona y la asociación Barcelona Aeronàutica i de l’Espai. Para acabar, el reciclaje consiste fundamentalmente en un conjunto de derribos, expropiaciones y desalojos que reciben el nombre de “rehabilitación”, pero que significan exclusión. Barcelona ha dejado de ser un mercado nacional de trabajo y aspira a convertirse en un mercado internacional de capitales. Barcelona no es una ciudad fabril, es toda ella una empresa. La vivienda misma es una inversión. Por eso en el lenguaje del poder los acentos pasan de la producción a la gestión: los dirigentes no hablan como fabricantes, hablan como vendedores. El discurso de los dirigentes pierde los tonos desarrollistas y obreristas propios del pasado puesto que su fuerza ya no sale de la industria ni de la proletarización; su poder proviene ahora de la reconstrucción del territorio y de una forma espectacular de sociabilidad, por lo tanto, su idioma es ecologista y cogestionario, es decir, ciudadanista. Los mismos que trajeron paternalmente la aluminosis nos anuncian coleguilmente la “limpieza” del tranvía, las depuradoras reciclables y las promociones de ecopisos; ya no es cuestión de alojar a los pobres recién llegados como sea, sino de atraer a los pudientes inversones como sea. La ecología no es un derecho; donde reina el capital es un lujo, y como tal, una mercancía solamente asequible a los nuevos privilegiados que puedan pagarla. Por eso combina perfectamente con el control social. La ecología urbana es pues el césped de la videovigilancia. Tanto en la verborrea de la participación y la tolerancia, como en la demagogia de la sostenibilidad, se esconde el proyecto más depredador dado en la historia; al tiempo que borran la memoria histórica contenida en el territorio urbano, las elites del capital lo reconstruyen a su imagen y semejanza, expulsando a la población que hasta ahora lo ha habitado. Los medios empleados pueden ser indirectos --como los altos precios, la ausencia de vivienda protegida, los alquileres caros, la precarización y la mala calidad del trabajo-- o directos — como el mobbing inmobiliario, la carga policial y la expropiación forzosa. Los desplazamientos obligados por los mecanismos de exclusión puestos en marcha inducen la formación de ghettos periféricos. La táctica es conocida: la pobreza primero se crea, después se exporta (un 18 % de la población de la capital vive pobremente y por tanto, es exportable). El resultado es la “liberación” de un montón de metros cuadrados de suelo urbanizable. Desde el levantamiento del barrio del Besós, poco antes de los Juegos Olímpicos, no ha vuelto a haber luchas urbanas de envergadura. Los dirigentes de la ciudad de los negocios no tienen delante más que una población atomizada, envejecida, temerosa y residual, pero aún así el conflicto logra salir a la superficie y los afectados plantan cara a la reurbanización capitalista, a pesar de las presiones y de la corrupción de algunas asociaciones vecinales. Así lo demuestra la resistencia de los vecinos a la rehabilitación del Raval, las luchas en torno al Forat de la Vergonya, las “okupaciones” o las propuestas de organización contra la especulación inmobiliaria, por no hablar de todas las luchas en defensa del territorio planteadas por toda Cataluña. Sin todavía ser conscientes de ello, los humildes y dignos combates del vecindario plantean la olvidada cuestión social, ese conjunto de problemas cuya solución afecta no sólo a los directamente implicados, sino a toda la población que sufre parecidas agresiones, es decir, a toda la población no dirigente. A través de ellas vemos hasta qué punto la dominación interviene en nuestra vida y nos impone un estilo ajeno. La solución, por lo tanto, tampoco puede reducirse a un hecho concreto, una obra detenida, un desvío de carretera, un soterramiento de vías... No hay solución parcial que valga. Ha de ser total y basarse en LA AUTOGESTIÓN TERRITORIAL GENERALIZADA, que no es otra cosa que LA GESTIÓN DEL TERRITORIO POR SUS PROPIOS HABITANTES MEDIANTE LAS ASAMBLEAS COMUNITARIAS. Cada conflicto particular, quiera o no quiera, forma parte de la guerra que la dominación capitalista libra contra todo el planeta y, se gane o se pierda, lleva inscrita esa nueva consigna de liberación. | SIGUIENTE
| |
|