DEL FANGO AL AVE.
L'HOSPITALET O LA HISTORIA RECIENTE DE LA ESPECULACIÓN.
En 1854 llegó el tren a L'Hospitalet. Se inauguró la línea Barcelona-Molins de Rei, las empresas empezaron a instalarse a su alrededor y la ciudad se subió al carro de la revolución industrial. Un siglo y medio después, con la llegada del AVE, se sube al de la globalización.
Entre 1920 y 1930 l'Hospitalet registró su primer crecimiento espectacular: los primeros inmigrantes multiplicaron un 204% el número de habitantes. La ciudad pasó de pequeño núcleo rural a municipio de 3 barrios: el Centre que cultivaba la Marina, ( con el tiempo Sant Josep sería su raval industrial) y, como prolongación de Barcelona, Santa Eulalia y Collblanc, suburbios industrial y residencial respectivamente, de Sants. Lo demás, lo que son el resto de barrios, era fango y núcleos aislados de población.
Los "murcianos", que así se les llamaba,se hacinaron en Collblanc-Torrassa y ya en aquella época las pésimas condiciones de vida propiciaron la aparición de movimientos sindicales y anarquistas, que aplastó la Guerra Civil. El arquitecto modernista Puig Gairalt diseñó entonces un "eixample" para l'Hospitalet que nunca llegó a construirse.
Con el segundo golpe de progreso, de nuevo se puso de manifiesto que las empresas pocas veces piensan en las personas, más allá de los beneficios que generan. En la década de los 60, el nuevo ciclo de expansión económica y la llegada masiva de inmigrantes, configuraron la segunda ciudad de Cataluña que, en 1979, alcanzó su tope de población con 290.000 habitantes, y se convirtió en territorio privilegiado para la especulación .
Ante los suculentos beneficios que prometían miles de personas en busca de hogar, las constructoras y empresas inmobiliarias empujaron al poder municipal para que creara suelo urbano de manera indiscriminada, y surgió así una ciudad territorialmente seccionada, con barrios separados por las vías del tren.
La especulación urbanística, ajena a cualquier lógica de habitabilidad, convivencia o estética, se legalizó mediante planes parciales y revisiones a medida del Plan Comarcal del 53. Los edificios y los barrios crecieron a gusto de las constructoras, y nacieron los monstruos verticales de Bellvitge, Can Serra y Gornal, sin haberse previsto siquiera la urbanización del entorno, y sus servicios e infraestructuras básicas. Durante los años de la transición las reivindicaciones vecinales reclamando dichos servicios y la dignificación de la ciudad fueron constantes.
La falta de suelo que arrastra la ciudad desde entonces no ha generado negocio sólo para los empresarios. En la ciudad tenemos el honor de haber inaugurado una larga lista de escándalos relacionados con el cobro de comisiones y la adjudicación de obras. Nuestro ex alcalde Pujana fue, en 1995, el primer político español condenado por un delito de tráfico de influencias, al demostrarse que había adjudicado las obras de los aparcamientos municipales a un amigo. Aunque desapareció del ámbito político, decidió aprovechar sus conocimientos y conocidos, y su nombre aparece vinculado a algunas empresas inmobiliarias registradas en 1998.
Tanto el alcalde como el actual responsable de urbanismo ocuparon sus plazas gracias a la defenestración política de su poco ortodoxo compañero de filas, a pesar de que el partido, finalmente, retirara cualquier denuncia contra él. En unos años el tema de vivienda pasó de la regidoria de Política Social a la de Urbanismo. Si en nuestro ayuntamiento ya estaban significativamente separados lo social de la organización del espacio ciudadano, la vivienda perdió definitivamente su consideración de derecho humano y constitucional a preservar, y se convirtió en un instrumento político.
España sigue siendo el país de la U.E con mayor porcentaje de viviendas vacías. Aunque el número de viviendas de este tipo en l'Hospitalet es el secreto mejor guardado de la ciudad,Tecnigrama, una consultoría inmobiliaria, anunciaba en su boletín electrónico de septiembre del 2000 que había realizado por encargo del ayuntamiento un censo que , por supuesto, no se ha hecho público.
La okupación de la Vakería en 1992 ( otro buen año para los constructores) fue una de las pocas denuncias públicas sobre la situación de la vivienda, y rompió con la dinámica de resignación ciudadana al respecto. Esta masía llevaba 10 años desocupada, pero para su propietaria sólo era una más de su 20 propiedades, y esperaba pacientemente a que triplicara su valor. A pesar de ser patrimonio histórico de la ciudad, la conjunción de intereses de la propietaria, el ayuntamiento y una empresa inmobiliaria facilitaron su desalojo y demolición. La remodelación del Casco Antiguo de la ciudad, prolongado en La Remonta,pasaba por la construcción de nuevos bloques de pisos.
Si hoy por hoy Barcelona es la capital más cara de España, l'Hospitalet, sin estar precisamente entre las ciudades con mejor calidad de vida, si que es la cuarta ciudad catalana con el metro cuadrado más caro, y donde más impuestos se pagan. La insuficiente inversión pública del gobierno central la compensan los ayuntamientos. L'H es el tercer municipio catalán con más fiscalidad ( el 73,9% según el Instituto de Estudios Económicos).
Desde 1997 el precio de los pisos prácticamente se ha duplicado. Las inmobiliarias son, definitivamente, las dueñas de la ciudad y en los últimos años se han lucrado, otra vez espectacularmente, por la carencia de suelo. Primeros anunciantes de la ciudad, patrocinan desde el equipo de fútbol a las publicaciones y campañas municipales y, especialmente interesados en evitar las pintadas o cualquier detalle antiestético que impida subir los precios de los pisos, han hecho del civismo su lema compartido con el gobierno municipal.
Ciudad de obreros e hijos de obreros ( aunque no exista ni conciencia de ello), y por tanto de propietarios, el parque de pisos de alquiler es bajísimo, y los nuevos inmigrantes se hacinan no sólo porque no dispongan de recursos económicos. Las parejas del baby boom han debido optar entre hipotecarse de por vida comprando pisos, que de ninguna manera valen lo que deben pagar por ellos, o exiliarse a otras ciudades del cinturón donde pisos de nueva construcción eran más baratos que los de tercera mano en su ciudad natal.
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