La Casa del Saber
Historia de Egipto
El Egipto de los faraones
Primera Parte
El inicio de la época histórica suele situarse hacia 3200 a.J.C., cuando se produjo la unificación de los dos reinos existentes en Egipto desde 3400 a.J.C., realizada por Narmer: el reino del sur o alto Egipto, con capital en Hieracónpolis, conquistó el reino del norte o del bajo Egipto, con capital en Buto.
Narmer se convirtió así en el primer rey de las 30 dinastías que gobernarían Egipto durante 3.000 años, hasta la llegada de Alejandro Magno (333 a.J.C.).
La capital del reino unificado se estableció en Tinis (cerca de Abydos), por lo que las dos primeras dinastías reciben el nombre de tinitas.
En este período se conformó un estado centralizado, sometido a la autoridad de un rey-dios, que se apoyaba en una eficiente jerarquía de funcionarios.
Se realizaron obras públicas como canales y diques, que permitieron el desarrollo de la agricultura y la transformación de la economía.
El Imperio antiguo (2778-2420 a.J.C.) comienza con la III dinastía, cuyo primer rey, Zoser, trasladó la capital a Menfis, en un momento muy pujante de la cultura egipcia.
Se desarrolló la arquitectura en piedra, construyéndose grandes monumentos funerarios en Saqqara, Gizeh (pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos), Meidum y Abusir.
Se reforzó el poder del faraón, sobre todo en la IV y la V dinastías, y se creó el cargo de visir, un funcionario de confianza del rey, que dirigía la policía y el ejército, además de administrar justicia.
Por esta época Egipto desarrolló también relaciones e intercambios comerciales con Creta, Chipre, Fenicia, Biblos y Mesopotamia; se exploró el alto Nilo y se realizaron expediciones hacia la actual Somalia.
Con la VI dinastía, el Imperio antiguo entró en crisis.
El ascenso de la oligarquía de cortesanos, favoritos y altos funcionarios provinciales debilitó el poder de los faraones.
A ello se añadió el descontento popular, que al final de la VI dinastía culminó con una revolución social, aprovechada por los nobles provinciales para lograr una autonomía en sus territorios.
Egipto entró así en una época feudal.
En este primer período intermedio de más de dos siglos (2420-2160 a.J.C.), dominado por la VII y VIII dinastías menfitas, y por la IX y X dinastías cuya capital fue Heracleópolis, el país se sumió en la anarquía y en la recesión económica.
Finalmente, los príncipes de Tebas, fundadores de la XI dinastía (los Antef y los Mentuhotep), con capital en la propia Tebas, restablecieron la unidad de Egipto, iniciándose así el Imperio Medio (2160-1778 a.J.C.).
Con ellos, la primacía religiosa pasó al dios tebano Amón.
Durante la XII dinastía (los Amenemes y los Senusref), con capital en List, se reforzó de nuevo la monarquía centralizada, se promovió la clase media, se estableció una política de defensa de las fronteras y se impulsó la penetración en Africa.
A partir de 1900 a.J.C. las invasiones de pueblos indoeuropeos y la creación de poderosos estados asiáticos empujó hacia Egipto a poblaciones nómadas asiáticas, los hicsos.
Istos, aprovechando la debilidad de la XIII y XIV dinastías, se fueron infiltrando en el noreste del delta al principio pacíficamente y después de forma cada vez más violenta, conquistando el reino hasta Menfis y más tarde hasta el sur de Tebas.
Los hicsos asumieron los usos y las costumbres de los egipcios y llegaron a constituir las dinastías XV y XVI.
Amigos de la Egiptología
Ramsés II