cosmovisión andina y cultivos nativos:
testimonio de quechuas del siglo XX
(versión en castellano)
El libro «Nosotros los humanos. Ñuqanchik runakuna» es una hermosa obra, escrita en español y quechua, en donde los antropólogos Carmen Escalante y Ricardo Valderrama han puesto especial cuidado en reproducir los testimonios recopilados íntegramente en runasimi, entre 1974 y 1977, de dos comuneros monolingües quechua-hablantes, Victoriano y Lusiku, de dos comunidades de la zona alta de la provincia de Cotabambas (Apurímac, Perú). Herederos de una cultura milenaria, ambas historias de vida tienen un sustrato de narración colectiva.
De los distintos aspectos de la vida comunitaria y familiar que abarcan los testimonios, hemos querido presentar un breve extracto del testimonio de Victoriano Tarapaki Astu que se refiere a cómo los comuneros de Cotabambas explican el origen del mundo, en particular, a aquellos mitos que explican el origen de las plantas y los animales, su distribución geográfica, su reproducción y su continuidad, mitos que configuran su universo simbólico y peculiar visión del mundo.
El testimonio de Victoriano Tarapaki Astu
Aquí nosotros los runas la vida atardecemos caminando tras el ganado, caminando tras los litis, peleando con aquellos que no nos quieren, dando vueltas en las chacras; ahí nomás nos alcanza nuestro tiempo. Así está citado el tiempo sea para los runas, para los mistis, para los mozos.
| «Apu Waqutu con Apu Sawrikalli se hondearon. (...). Entonces, Apu Waqutu le contestó hondeándole con cultivos: con papa, con lisas, e igual Apu Sawrikalli le respondió hondeándole con maíz. (...). Entonces, el Apu Waqutu hondeó a este lado con caballos, lisas, papa. Por eso somos criadores de papas y criadores de caballos.» |
Cuando aquí, a los pueblos del lado de Cotabambas, tardando muchos años, llegaban los animales y los cultivos, el Apu Waqutu con el Apu Sawrikalli pelearon por una mujer: por la Mama Simona. Ella es cerro caliente, cerro negro que quema.
Apu Waqutu con Apu Sawrikalli se hondearon. Apu Waqutu le hondeó a Apu Sawrikalli con caballo y le rompió su hombro. De igual forma Apu Sawrikalli le hondeó a Apu Waqutu con vacas, con lo que le rompió su corazón. Entonces, Apu Waqutu le contestó hondeándole con cultivos: con papa, con lisas, e igual Apu Sawrikalli le respondió hondeándole con maíz.
Arariwas portando cruces bendecidas para cuidar los campos
| «... todos nos afanamos en criar más variedades, pero no siempre la papa se halla con uno. Si se crían hartas clases de papa, es para dar gusto al estómago. Unas papas son sólo para comer sancochadas, otras sólo en sopas, otras sólo para elaborar ch'uño o moraya...» |
Los hondazos del Apu Waqutu traspasaron dos veces al Apu Sawrikalli, por eso está rota su ala. Del Apu Waqutu y Waqutu Chico, quien es su hijo, los hondazos del Apu Sawrikalli les traspasaron su corazón. Y ahora es un hueco grande, con harta luz, por donde pasan los cóndores.
Entonces, el Apu Waqutu hondeó a este lado con caballos, lisas, papa. Por eso somos criadores de papas y criadores de caballos. Razón por lo que aquí no hay un sólo hombre que no tenga su caballo. Es como si no tuviera poncho. Papas trabajamos de acuerdo a nuestra viveza. En un sólo ayllu criamos de treinta a cuarenta variedades de papas. Aquí en la comunidad de Apumarka los que crían más de cien variedades de papas son Hermógenes Wamani y Agatón Wachaka. Por eso siempre todos nos afanamos en criar más variedades, pero no siempre la papa se halla con uno. Si se crían hartas clases de papa, es para dar gusto al estómago. Unas papas son sólo para comer sancochadas, otras sólo en sopas, otras sólo para elaborar ch'uño o moraya.
| «Así dice, antes en el tiempo del Machu Inka, un año hubo abundante cosecha de papas; hasta no pudieron recoger. La cosecha les venció y la abandonaron en el campo. Ahí era pisoteada por toda clase de animales. Entonces la Papa-Mama penando lloró: `Me han abandonado' dijo, y llorando se fue a Santo Roma.» |
Saber criar las papas es poner las semillas en el terreno en el que les gusta vivir. A unas papas les gusta vivir en terreno arenoso, a otras en terreno arcilloso o húmedo, a otras en parte alta, a otras en parte baja. Esto hacen para que un comunero en un laymi tenga varias chacras en distintos lugares. Aquí en Apumarka, como en otros pueblos, el número de laymis que tenemos es de siete y rotan cada seis años. En un laymi, cada uno de nosotros a veces tenemos de 8 a 10 parcelas, en otros laymis de 3 a 5 chacras. En caso que en un laymi no son suficientes el número de parcelas para la cantidad de semilla que tenemos, entonces de uno de nuestro ayllu o de un amigo nos prestamos en ayni o le alquilamos una o varias chacras. Aquí nosotros cultivamos lisas, añu, quinua, qañihua, cebada, habas, pero las papas son el cultivo principal.
Si Apu sawrikalli no hondeaba con lo mejor que teníamos: maíz y vacas, hoy no estaríamos de criadores de papas ni caballos. En estas lomas hubiéramos estado criando el maíz. Así no tendríamos que ir a las quebradas en busca de maíz. Porque ser cultivador de papas es laborioso. La papa es muy delicada, si no le atiendes bien te puede negar o se te va.
Así dice, antes en el tiempo del Machu Inka, un año hubo abundante cosecha de papas; hasta no pudieron recoger. La cosecha les venció y la abandonaron en el campo. Ahí era pisoteada por toda clase de animales. Entonces la Papa-Mama penando lloró: «Me han abandonado» dijo, y llorando se fue a Santo Roma. Santo Roma dice es el pueblo de la Papa Mama. De ahí no quiso regresar; iban comisiones tras comisiones, año tras año, y no quería volver.
Yendo una comisión de diez kurakas de diez pueblos, rogando, le hicieron volver, le dieron su alcanzo con incienso, semilla de coca, maíz, feto de vicuña, sebo del pecho de la llama. Así la Papa-Mama al volver tardó en llegar diez años, diez meses, diez semanas y diez días.
| Los Apus y la Pacha Mama |
| «Otro corpus importante de mitos se refiere a los Apus, es decir a los cerros considerados como espíritus guardianes. Todos los cerros que circundan la co |
http://www.ccta.org.pe/publica/culsab/cs-2003/cs-22.htm