Leyendas de Oro de

Apurímac
de Federico Latorre Ormachea
En cada una de estas leyendas se retrata al Perú profundo desde la perspectiva de sus cuestionamientos al sistema, la que es muestra de lucha manifiesta como en la "Leyenda de la Mama Sara" que refiere acerca de la autonomía y la reafirmación de los pueblos a sus derechos, y que muestra además el tránsito de la autonomía a la dependencia, en cuyo modus vivendi, es la germinación del fruto a la depredación, la conquista del mal sobre el bien, pero es sobre todo la resistencia a la vida de una cultura genuina tal como lo expresa amador Kusi Paúcar uno de los héroes anónimos de estas historias en la que vida es el tema principal; Así en esa perspectiva de la geografía de constraste está alfombra verde que es el paisaje andino de Qachulla, como un hermoso manto verde y pleno de belleza; sin embargo, en las tres lagunas de Siusay, es la vida como una continuidad al hombre y representada en las cosas y con sus valores, que en situaciones de calamidades se vuelven en una unidad para seguir viviendo, es cuando podemos entender que makas, aquella laguna que dejaría de existir tiene más vida por la mano de aquel que con una vasija de barro hace entrega de agua y en ello está lo sólido y firme, la solidaridad como una expresión y una forma de existencia antes los avatares; de igual manera en la "tres campanas de Qochapampa" podemos reconstruir una historia, la que nos da y nos permite poder indagar en la campana de María Angola, historia entrañable y de misterio como las tantas historias aun sin descifrar del mundo mágico andino, y en el decir, que se sigue escuchando sus sonido hasta en Suytupata, las otras dos campanas de la iglesia de la comunidad que en su tañido conmueven a los creyentes porque es un pueblo de fe; en este fascinante recorrido por la historia oral tiende un mapa en la memoria del tiempo, y como es natural va hacia los orígenes, toma de ella la sabia de su ancestro y reconoce la estirpe de una cultura ligada a la divinidad y a la naturaleza, en cambio, en la "Leyendas de Oro..." en la historia de las tres vírgenes, se vierte una concepción que trastoca, en la medida en que cada virgen representa a un pueblo: Chocoche, Circa y Caypé; son las imágenes patronales y su elección Kaypin ñoqaqa quepakusaq, "aquí me quedó" no es el destino de los forasteros ni de los advenedizos los que van a construir la historia, es el quehacer de los hombres que están ligado a la tierra y forman parte de ella, lo sienten y lo viven, en cambio el foráneos, solo pretende alcanzar sus propósitos
particulares, nada más.
Así también lo entienden aquellos que con la palabra lírica como Neruda, supo con su poema "aquí me quedo", su testimonio que da a entender su compromiso con su pueblo, de igual forma Federico Latorre, manifiesta el suyo de una forma excepcional; en ese discurrir sucede la advocación de la Santísima Virgen del Rosario que abandona 3 veces Qorwani y decide bajar hacia el valle, en donde elige ese al sitio del imponente nevado de Ampay, y funda la Villa de Abancay, como un designio cuya voluntad es mas bien religiosa y cristiana antes que colectiva y ancentral, como muestra de la evangelización en la que se da a conocer en esa lucha por la resistencia cultural que los pueblos viven en razón al futuro y no al pasado, tal como se evidenció con el movimiento del Taki Onkoy o ayla de 1565 y el de 1595; La leyenda el Caballero de Totorqocha relieva como predominio el misticismo, muy propio de la cultura andina, en la que el hacendado y la imagen de un caballero sobre un brioso corcel representan a la realidad y el misterio, lo decifrable o lo indecifrable, lo real y lo maravilloso, conceptúa el presente y el pasado, la aceptación y el rechazo, la renuncia a lo propio y la aceptación, como las paradojas más simples y tal como es el mismo sentimiento humano, cuya personificación se da con los fenómenos de misma naturaleza.
En la obra de Federico Latorre se muestra la naturaleza en todo su esplendor, en la que Waninkilla hace de cerro tutelar y protector de Antilla, en esta leyenda se narra del poder telúrico de la tierra y que no conforme con haber encantado a tres muchachas, también hizo caer en sus redes secretas al cura de Curahuasi, atraídos por una poderosa fuerza proveniente del cerro Waninkilla que silba como el viento de agosto, ante la cercanía de pastores y personas extrañas que explican de los muchos por qué y "no permite que lo hollen si previamente no se dignan ofrecerle una ofrenda o pago en forma sincera, respetuosa y de todo corazón"; por esa razón, y muchas, además se dice que los gobernantes de Saywite no eran gente cualquiera, "eran valientes, sabios, justos, y los que habían demostrado prudencia y conducta moral intachables", lo que demuestra que lo contrario, no tiene cabida ni aceptación, siendo susceptible a ser víctima y no a aquel que se impone porque la soledad y el sufrimiento será su destino. La leyenda relata: "De pronto, sobre las aguas de la laguna hizo su aparición una encantadora ñusta, o mejor, una cautivadora flor humana, llena de perfume, de brillo y luz, despertando la inmediata simpatía de Victorín". Cuando se decidió arrojarse tras de la joven, los dos desaparecieron para siempre y así la laguna se había convertido en un cerro lleno de verdor y escogidas flores que hoy se conoce con el nombre de Sikuko. Esta es la imagen de la conquista, de la osada aventura de la cultura occidental que pretendió someter a los pueblos andinos y su atrevimiento, no tuvo otra respuesta que la resistencia, entonces es cuando tenemos que entender que Waynapakaq, el lugar que oculta a la joven, la imagen que simboliza la tenacidad y la lucha por la vida.
En illa de piedra sucede lo mismo, se reafirma el destino de la derrota anunciada: Al llegar a su casa, el cazador se puso mal y empezó a arrojar espuma por la boca hasta morir, sin dejar evidencia de este de su servicio por los demás. Así, en el devenir de esa realidad de conflictos, los valores también se trastocan como producto de la enajenación de un sistema en la que la violencia impone sus reglas y límites: Apu Supayko y Apu Suparaura eran amigos hasta que uno de ellos, cambio las reglas y despojó al otro de sus más queridas y entrañables "prendas" y se tornó la lucha por los espacios perdidos, y al no poder volverlo a tomar, lo vuelve a crear y como en el mito inkarrí, se vuelve a reconstruir, y es la invensión de su propio universo a su imagen y semejanza. Acaso ¿esta no es la forma en la que los pueblos
esperan su oportunidad?
Apu Supayko "tuvo que dirigirse al cerrito Wachakalla de donde llevó agua y pastos hasta su reino, con el objeto de transportarlos. Inteligentemente en Wachakalla escarbó un bofedal de donde sacó un par de wallatas, y del interior de las wallatas extrajo alpacas y llamas que se multiplicaron
extraordinariamente".
Este universo fabulado de los apurimeños se torna en épicas historias que se cuentan entre la gente y que seguro, en la oralidad de sus hombres y de generación en generación, se convierten en sus mejores referencia y el motivo del orgullo de un pueblo valiente que no sucumbió ante la amenaza y el acecho de los depredadores y de los bárbaros occidentales, tal como lo señala Voltaire, que "los españoles somos temidos con horror; plaga del Nuevo Mundo, avaros, vanos, injustos, sólo nosostros somos los bárbaros aquí", y, por lo tanto la acción de los tapayrihuanos, esos guerreros apurimeños luchan en la primera resistencia indígenas contra los invasores españoles, ora con las armas, ora como reservas de un ejército en defensa de la sociedad, pero sobre todo de la vida, al lado de Manco Inca y de Titu Yupanqui.
En la época en las revueltas, de las marchas y contramarchas, de la ocupación de comunidades de Muyu Muyu, la defensa fue a muerte y la dignidad fue su mejor emblema. La colonización es el producto de la peor tragedia de América y, la simbiosis cultural, una suerte de herencia de naciones por la formación de un Estado Nación y, de una patria anhelada, cincelada por la espada y bendecida por la cruz. Es la aventura de una lucha y connubio, es el Tapac Rihuac tapayrihua, versión a la que Federico Latorre Ormachea traduce: "Vayan a encontrar el oro y la plata". Ese es el mensaje de fondo en la obra, ir a la búsqueda de la felicidad, quizás en un universo que no se halla en ningún lado, menos en el ajeno, porque ello no es posible, sino en la búsqueda de nosotros mismos.
Carlos Augusto Rivas
ychma@seznam.cz
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