DE LOS HOMBRES DEL HULE
AHORA CON LA MUERTE DE BETO, por mano propia o impropia, y ante la vista teniendo fotografías de las colosales cabezas olmecas (al parecer, retratos de personajes importantes), caigo en cuenta que los rasgos de una de ellas (la nombrada Cabeza colosal 1 o Monumento 1 de la Venta, de 241 cm. de altura, 640 cm. de circunferencia y 24 toneladas de peso) son semejantes al difunto: cara cuadrada, mentón ancho, nariz chata y ancha, labios gruesos y ojos afilados hacia dentro. Podría ser la descripción de algún cuijleño común; sin embargo, el parecido con Beto es perfecto.
Cuando en 1862 se encontró la primer cabeza olmeca en la zona de Tres Zapotes, Veracruz, al arqueólogo Melgar y Serrano le pareció una prueba de la existencia de negros en América antes del suceso de 1492 y del generoso fenómeno de la esclavitud de los negros, propiciado en parte por los humanitarios religiosos españoles. Curiosamente, los primeros negros que llegaron, con los españoles, a las costas de Veracruz, a Moctezuma le parecieron dioses negros[1]. Alfonso Caso establecería como certeza rotunda la maternidad de la cultura olmeca en relación con las demás civilizaciones de mesoamérica, y mostraría la falacia de la presencia de los negros africanos en tiempos pretéritos a los del descubrimiento colombino. Jacques Soustelle piensa que las teorías sobre las “migraciones” del Mundo Antiguo hacia América... no... han dejado de rondar la arqueología mexicana como fantasmas mal exorcizados. En contradicción con lo expuesto y supuesto por éstos últimos, Santiago Genovés ha viajado a través del Atlántico utilizando la tecnología disponible en la antigüedad y ha descrito tres posibles rutas: 1. Del Atlántico del norte; 2. Del Atlántico medio; y, 3. Del Atlántico sur. La primera desemboca en Estados Unidos, las otras en las Antillas y el Golfo de México. Genovés ha elaborado un archivo fotográfico con más de 200 representaciones de personajes con rasgos aparentemente “caucasoides” o “negroides”, que sugieren, en ocasiones con gran probabilidad, la existencia de viajes trasatlánticos precolombinos. (Hace casi veinticinco años, en Cerro de las Tablas, me encontré una cabecita de terracota con rasgos parecidos a los de un personaje oriental nombrado Ojino que aparecía en una revista de historietas). Por su parte, James Bailey presenta tres posibles rutas, del Antiguo Mundo hacia América a través del Atlántico, basadas en las corrientes marítimas: 1. Corriente norecuatorial (que desemboca en las Antillas y en el Golfo de México); 2. Corriente surecuatorial (que desemboca en las Antillas y en el Golfo de México); y, 3. Corriente surecuatorial (que desemboca frente a Brasil). De igual modo, muestra dos rutas a través del Atlántico, de América hacia el Viejo Mundo; 1. Corriente del Golfo (que es la ruta de retorno de las dos primeras); y, 2. Ruta occidental (que es la ruta de retorno de la tercera).
Son dos versiones del asunto. No hay certeza absoluta ni incontestable de la presencia de negros africanos en América antes de la llegada de Colón. Sin embargo, cuando se observan las colosales cabezas olmecas es difícil negar lo que está ante la vista y parece una evidencia en sí misma: los rasgos etiópicos que vio Melgar y Serrano. Además, estas grandes esculturas son distintas a las demás representaciones de individuos hechas por los olmecas: parecen más realistas. En fin, no hay explicación definitiva: tal vez por razones sentimentales pretendo creer que hay una oscura presencia africana en la cultura madre de Mesoamérica, que los olmecas tuvieron influencia o conocieron la presencia de africanos. Con ello no quiero restar mérito a la civilización olmeca; acudo al asunto de las influencias y los préstamos entre pueblos y culturas que se han dado, se dan y se seguirán dando —a pesar de todo—. Soustelle afirma que la ausencia de pruebas no es una prueba. Eso me permite seguir invocando fantasmas mal exorcizados; más si ante la vista de las cabezas olmecas evoco la figura del difunto Heriberto y el misterio de su muerte.
[1] León Portilla, habría de traducir: divinos sucios.