Discutiendo con un teórico negro sobre la negritud de los afromexicanos
Académicamente no está fundado; sin embargo, en la discusión de ideas entre los costachiquenses se utiliza el método llamado “como veo doy” para intercambiar argumentos y discurrir hasta llegar a razón o a verdad o a conclusión, o a pleito irreconciliable. La cultura de la oralidad priva, antes que la de la lectura; ello implica que se discuta según se expresen los argumentos, en modo de diálogo y sin tener una visión general anticipada del asunto.
En 2004, Bobby Vaughn publicó una veintena de páginas bajo el título de “Los negros, los indígenas y la diáspora. Una perspectiva etnográfica de la Costa Chica”, que se incluye en el libro Afroméxico, editado por el FCE y el CIDE. Al reflexionar antropológicamente, Bobby emite una opinión controversial cuando distingue entre los términos indígenas, pueblos indígenas e indios: “… la mayoría de los mexicanos de ascendencia africana utiliza la palabra más desagradable, indio”, afirma; y un poco adelante, continúa: “para referirme a los mexicanos de ascendencia africana utilizaré los términos afromexicanos y negros…”. Según expone, a Bobby la palabra indio le parece “desagradable”; ¿se habrá preguntado si la palabra negro también resulta desagradable? Si ese es el caso, seguro es que respondió: “no”; que la palabra negro aplicada a una persona de la Costa Chica no resulta desagradable, hecho por demás equívoco puesto que, en la vida cotidiana no académica, puede resultar desagradable y discriminatoria, y hasta ofensiva. En la vida cotidiana y académica de un estudioso estadounidense, habituado a utilizar la palabra negro hasta en sí mismo, su connotación es distinta a la nuestra. Tal vez, conjeturo sin apresuramientos, Bobby utilizó el adjetivo “desagradable” cuando debió utilizar “despectiva”; en la mayoría de las veces que se les utiliza, las palabras indio y negro pueden y suelen sonar en forma despectiva, no desagradable. Otra pregunta que debió hacerse Bobby es: “los mexicanos de ascendencia africana” de la Costa Chica, ¿tienen o no, también, herencia mixteca, zapoteca, acateca, cuahuiteca, ayacachteca, amuzga, huehueteca, cinteca, nahua, tuzteca y yope, es decir, indígena?
En el mismo párrafo, Bobby precisa: “…mi empleo del término negro es una forma abreviada para referirme a los «afromexicanos» y no sugiere un color de piel en particular”. Ahora me preguntó yo lo que él no pudo preguntarse, ni responder: Si el término negro no sugiere un color de piel particular, ¿por qué no utilizar otro término como afromexicanos o costeños que, para el caso, da lo mismo? Como si hubiese leído mi objeción, Bobby aclara: “Afromexicanos, entonces, equivale más o menos al término local moreno cuando en algunos casos los lugareños se refieren a toda la comunidad étnica, sin tomar en cuenta el color”. Lo primero que no aclara el buen Bobby es quiénes y de dónde son esos “lugareños” que “se refieren a toda la comunidad étnica, sin tomar en cuenta el color”, porque en toda la Costa Chica decir moreno es referirse a un color de piel y no a rasgos culturales o étnicos. Difícilmente a alguien que tenga color de piel claro o blanco, aunque pertenezca a una comunidad étnica tenida por afromexicana, se le llamará moreno; es decir, al de piel blanca o clara, en cualquier lugar de la Costa Chica se le nombrará güero, güerito, blanco o blanquito, etcétera.
Luego, Bobby Vaughn define la Costa Chica: “Esta región costera de casi 400 kilómetros de largo, que incluye también partes de los estados de Guerrero y Oaxaca, alberga alrededor de 50 000 mexicanos de ascendencia africana que viven en proximidad íntima con indígenas y mestizos”. La primera precisión impropia que hace Bobby, en el sentido de que la Costa Chica “incluye también [las cursivas corren por mi cuenta] partes de los estados de Guerrero y Oaxaca”, denota que desconoce la geografía mexicana, pues deja entrever que además de los limítrofes territorios guerrerense y oaxaqueño, la Costa Chica está integrada con alguno otro. Es discutible, igualmente, el dato de “50 000 mexicanos de ascendencia africana”, en primer lugar porque no precisa en qué consiste o cómo se manifiesta esa “ascendencia africana” y, por tanto, cómo se cuantifica.
“Los poblados con habitantes principalmente afromestizos se localizan en la subregión de la costa chica de Oaxaca, en los distritos de Jamiltepec y Juquila, de la región de la Costa. En menor medida se encuentran en los distritos de Cuicatlán, Pochutla, Juchitán y Tuxtepec. Los municipios con mayor presencia negra son: San José Estancia Grande, Santo Domingo Armenta, San Juan Bautista Lo de Soto, Santa María Cortijos y Santiago Tapextla. Le siguen con rasgos mulatos: Mártires de Tacubaya y Santiago Llano Grande. En comunidades pertenecientes a municipios mixtecos hay fuerte presencia en: Santiago Jamiltepec, Santa María Huazolotitlán, San Andrés, Huaxpaltepec y en Santiago Tututepec. En municipios mestizos destaca la presencia negra en Pinotepa Nacional y en Tututepec”[según datos del gobierno de Oaxaca]. En Guerrero, la población afromexicana abarca los municipios de San Marcos, Florencio Villarreal (Cruz Grande), Copala, Marquelia, Juchitán, Azoyú, Igualapa, Ometepec y Cuajinicuilapa; en los municipios de Ayutla y San Luis Acatlán es escasa. Haciendo números, en la zona oaxaqueña, la población “afromestiza” se calculó en alrededor de 20 000 individuos durante 1990, según el sitio web del gobierno de Oaxaca; es de suponerse y aceptarse que ese número se ha incrementado en los últimos años. En Guerrero, la población afromexicana asciende a más cien mil personas, conforme a datos del XII Censo General de Población y Vivienda 2000. Conviene notar que Acapulco no pertenece formalmente a la Costa Chica; sin embargo, su población afromexicana es abundante. Los números, pues, rebasan la estimación que hace Bobby Vaughn.
En su definición de la Costa Chica, Bobby introduce a otro grupo étnico, los “mestizos”, a quienes tampoco define, lo que conduce a varias preguntas: ¿se refiere a los llamados mestizos por la “academia mexicana”, concepto incrustado “en un contexto ideológico específico –el mestizaje nacionalista unificador–“, según lo expresa en párrafos anteriores?; es decir: ¿los mestizos que menciona son productos de la mezcla entre españoles e indígenas? Si es el caso, ¿los considera una etnia?; en consecuencia, ¿por qué no considera etnia a los lobos, productos de mezcla entre negros e indias, grupo más numeroso que los otros de la Costa Chica? ¿Y los españoles?; ¿cuál es o fue su presencia poblacional en la zona? Finalmente, al introducir el concepto de mestizos, ¿convalida el uso de ese término con fines antropológicos, y acepta “la ideología específica” de la “academia mexicana” y, en consecuencia, los postulados del “mestizaje nacionalista unificador”?
Y la gota que anega el vaso de esta discusión fingida –en cuanto que no estamos frente a frente, ni palabra contra palabra– es la delimitación de la zona de estudio: “Este ensayo se basa en investigaciones etnográficas llevadas a cabo, principalmente, en el pueblo de Collantes, localizado en la municipalidad de Pinotepa Nacional, Oaxaca, y sus alrededores”. Y abandono tan dialéctica disputa, no por putería sino por no prestarme a farsa: ¿Será posible que un académico que se precie de serio intente vendernos un ensayo cuyas investigaciones se limitaron solamente a Collantes y pretenda hacer pasar las conclusiones como concernientes a toda la Costa Chica?