AGUIRRE RIVERO, ¿DIPUTADO AFROMEXICANO?
Otra vez la burra al trigo –al mái, mejor dicho–. Y no vuelve a las andadas nuestro Diputado Federal, representante popular electo para hablar a nombre nuestro, o sea, de los costachiqueños guerrerenses, sino demporsí como que le gusta andar por ese camino, el de apropiarse de lo ajeno sin que le sea propio. Preciso: me refiero a una “proposición con punto de acuerdo para darle el status de etnia a la cultura afromexicana”, presentada ante la Cámara de Diputados el 14 de julio pasado. Bien se sabe, la idea no es suya, sino se la soplaron al oído asesores lerdos y oportunistas, quienes tampoco la idearon por iniciativa propia ni están conscientes e imbuidos en su conocimiento ni vislumbran las implicaciones por venir si la proposición fructifica. Si fuera suya la idea, en congruencia, la hubiese impulsado desde su investidura de gobernador substituto de Figueroa –el muy menta’o en Aguas Blancas, y no sin pocos motivos–; por esos entonces don Layo Aguirre autorizó dineros para la construcción del edificio que alberga al Museo de las Culturas Afromestizas, creado “como ejemplo del esfuerzo por reconocer la cultura afromexicana”, según se puede leer en la Gaceta Parlamentaria nº 11 del Senado de la República. Creado el Museo, don Layo lo olvidó; incluso, unos achichincles suyos –uno de bigote, nombrado Tino, y otro desbigotado, conocido como Beto– pretendieron desaparecerlo.
Nota para notar algo notorio: En el sitio web de la Cámara de Diputados (“Comisión Permanente de la LIX Legislatura/Segundo Receso del Primer Año de Ejercicio/Julio 14, 2004”) se anota que la proposición nº 16, “Con punto de acuerdo para solicitar al Ejecutivo Federal otorgue el reconocimiento de etnia a la población afromexicana”, fue presentada por el diputado Ángel Hilario, (a) Layo, Aguirre Rivero del PRI, “sin intervención en tribuna”, y turnada a la “Tercera Comisión de la Comisión Permanente”. En la misma fecha se presenta al Senado y se turna a la Primera Comisión. No sé si deberá gustarme tanta celeridad; pero eso he de dilucidarlo más abajo, si el entendimiento lo permite, claro. Como la proposición presentada ante la Cámara de Diputados aparece resumida en la página web, he de referirme a la presentada ante los Senadores, por ser más completa, en mi argumentación.
En principio, desde el título de la proposición enviada a la Cámara de Diputados, se pide “darle status de etnia a la cultura afromexicana”; petición imposible de conceder, e implica un contrasentido solicitara: una cultura no puede ser reducida a una etnia. Tamaña incongruencia se entiende si se recuerda una afirmación: La idea no es suya, dije. Aunque lo peligroso y alarmante no es su apropiación sino su uso. ¿Por qué le interesa ahora al Diputado Federal nuestro proponer lo tal? ¿Por qué en estos momentos, tan propicio para los chanchullos preelectorales? Me respondo, ya que él ni puede ni quiere responderme. En principio, don Layo ni siquiera conoce el tema. Veámoslo: Pretendiendo lograr un paralelismo a favor de su causa, la primer consideración que hace es: “en el año de 2001 se aprobó la reforma constitucional en materia indígena, estableciendo principios constitucionales de reconocimiento y protección a la cultura y los derechos de los indígenas, sus comunidades y sus pueblos, dando cuerpo y significado pleno a la presencia viva de la población indígena”. Omite e ignora que la reforma aludida no fue producto de un punto de acuerdo sino de un proceso social y político venido desde lejos, cuya más reciente crisis provocó la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994. Las consecuencias son de sobra conocidas; el resultado es lamentable; muy juzgados ambos ya. Y el “asunto indígena” sigue sin resolverse. Es decir, no parece ser esa la ruta adecuada: nadie se volverá afromexicano por decreto o atendiendo un punto de acuerdo, por muy poderosos que sean los poderes de la Unión. Conviene recordar, además, el génesis de la reforma: las pláticas entre los involucrados, los acuerdos tenidos.
Otro desaguisado en las consideraciones de la proposición se refiere al territorio y la pluralidad étnica involucrados: “Actualmente la población afromexicana se encuentra establecida en el Estado de Veracruz, y principalmente en 37 ciudades ubicadas en la región de Costa Chica en los Estados de Guerrero y Oaxaca”, se afirma. En primer lugar, no existen 37 ciudades en la Costa Chica, a menos que Ometepec –la patria chica de nuestro Diputado– valga por más de treinta. En segundo, el proponente no tiene claro el significado de “afromexicano”. ¿Qué liga a Veracruz con Guerrero y Oaxaca? ¿Los mascogos –tamaulipecos descendientes, también, de africanos– son afromexicanos? ¿Tampoco lo son gente de Acapulco y de la Costa Grande de Guerrero? Para mejor abundar, se dice: “nuestros pueblos afromexicanos… estas familias que también son mexicanas”; denotando ignorancia al redundar, pues afro-mexicano incluye lo mexicano. La confusión se agrava cuando se enlista la “población afromexicana” de Guerrero: “Cerro del Indio, Cuajinicuilapa, Maldonado, Montecillos, El Pitayo, Punta Maldonado, San Nicolás, El Cacalote, Cerro de la Tablas, Copala, Azoyú, Banco de Oro, Barra de Tecoanapa, Huehuetán y Juchitán”. Las nueve primeras poblaciones pertenecen al municipio de Cuajinicuilapa (excepto El pitayo, que no existe, sino El Pitahayo); Copala, Azoyú y Juchitán, al municipio del mismo nombre. En Cuajinicuilapa existen más poblaciones que no se enlistan. Azoyú tiene población indígena, principalmente. Se omiten, por ejemplo, los municipios de Ometepec, Igualapa, Azoyú, Marquelia, Copala, Cruz Grande y San Marcos, cuando menos. De Oaxaca ni hablar, ¿para qué emborucar más la ignorancia exhibida?
Ha de agravar el crimen esta proposición, donde se habla de la “raza negra”. Éticamente ejecutados el Diputado y sus corifeos debieran ser. Es inmoral referirse a los grupos humanos y étnicos como razas. Taxonomía. Asunto de zootecnia; tal vez de botánica. Hablar de razas es desconocer la historia de la humanidad. La mezcla, el mestizaje, son constantes y necesarios en el devenir social, en la vida de los seres humanos, esenciales. La mera noción de raza implica diferencia por el origen y alude a conceptos como pureza, superioridad y otros igual de estúpidos. Se ha utilizado para esconder y justificar la explotación de algunos grupos humanos por otros. “Raza negra” dijeron los europeos y esclavizaron hombres africanos para utilizarlos como mano de obra; mercancía, piezas de ébano. “Raza negra”, y los despojaron de su condición humana, los convirtieron en cosas, en subhumanos. “Raza negra”, dice todavía nuestro Diputado, don Layo Aguirre. ¿Será racista y no se da cuenta? ¿Ignorancia? ¿Desdén? ¿Superioridad?
Y el asunto se desnegra, se aclara cuando leemos los resultados que se pretenden: “Se exhorte al titular del Poder Ejecutivo Federal para que otorgue el reconocimiento a la población afromexicana como la tercera raíz cultural de México, concediendo el status de etnia a estos pueblos para que puedan recibir los mismos beneficios de los pueblos indígenas y puedan ser incluidos dentro de los programas que maneja la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas”. Las cursivas que aplico, resaltan el propósito. Y sigue: “Se exhorte a la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública para que dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación para el siguiente ejercicio fiscal, se incrementen los recursos destinados a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, para que los pueblos afromexicanos sean incorporados como participes de los beneficios que reciben los pueblos indígenas”. Como colijo, asunto de dineros. ¿Quién ha de manejar los “beneficios”, los “recursos”? Asunto de manejar dineros, vuelvo a colegir. ¿Quién ha de ser el beneficiado directo con los tales recursos? ¡Ah que mi Diputado! ¡Tan adelantado y avorazado! Se le ubica entre los de paso sin guarache.
Las otras dos exhortaciones, más importantes, apenas se bosquejan, cuando debieran explicarse: “Se exhorte a la Secretaría de Educación Pública para que en aras del reconocimiento histórico de la aportación de los pueblos afromexicanos, se instrumenten los programas correspondientes mediante los cuales se difunda la cultura afromexicana”, se pide, así sin más, con una ignorancia y un desprecio tales cuales los desplegados por los esclavistas; con prisa, como para salir rápido del mal paso, justificando, encubriendo. Al final se propugna porque: “Se exhorte al Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática para que aplicando el criterio de origen afromexicano, emita las estadísticas necesarias que permitan conocer de manera oficial el número de habitantes afromexicanos, así como los lugares en donde se encuentran sus principales asentamientos”. Y de nuevo un par de burradas: “el criterio de origen afromexicano”, ¿cuál ha de ser, mi señor Diputado, si ni usté mismo tiene en claro eso de los negros mexicanos? ¿No ha de aportar usté, don Layo Aguirre, sus datos para orientar al INEGI (ya que seguro le ha de tocar orientar a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y a la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública) y que “emita las estadísticas necesarias (e innecesarias, agrego, sin tono de burla) que permitan conocer de manera oficial el número (los pelos y señales, añado, ya en plan de chanza pero sí pesada) de habitantes afromexicanos, así como los lugares en donde se encuentran sus principales asentamientos”. Digo, de menos sepa si el mái prieto no indigesta tan delicado apetito.