Y MORELOS CUMPLIÓ 48 AÑOS
José María Morelos y Pavón, “Cura de Nucupetaro y Caracuaro, General en Gefe del Ejercito del Súr, Fundador del primer Congreso Nacional de Chilpantzinco, y Ornamento precioso, no menos que ilustre victima inmolada por la libertad de la esclavizada nacion mexicana” -según lo presenta Carlos María de Bustamante-, el del pañuelo paliacate, pañito, amarrado en la cabeza, el cuya imagen decora los colorados billetes de a cincuenta, el Siervo Negro de la Nación, nació, de hace 238 años, un 30 de septiembre.
Entra en guerra guerrillera cuando “recibe en una cartilla de papel el nombramiento de Comandante general del Súr, con orden expresa de tomar el Castillo y Puerto de Acapulco; nombramiento que recibe sin mas armas que seis escopetas viejas y algunas lanzas: sin mas caja militar para los gastos que su escaso bolsillo”, anota Bustamante. Su ejército se constituye con negros renegridos y hoscos: “De hecho: Morelos se presenta en Petatan, en Coayuca y en otros pueblos: habla á aquellos negros feroces el lenguaje de la libertad que es su ídolo, y que la amaban en razon de lo que habian carecido de ella. […] Grandes masas de estos se ponen á las órdenes de Morelos que tiene el impróbo trabajo de contener su ferocidad, y reducirlos a disciplina. Todos le obedecen y respetan como á un génio superior…”, complementa el amigo Carlos María.
Pero no es por ser domador de negros feroces que lo recordamos ahora. Ni su genio militar nos ha de ocupar. A Morelos se le achaca haberle dado sentimientos a la nación, en documento de nombre semejante, de mandar hasta allende el mar a los venidos de allende el mar con una acta de declaración de independencia de México y de haber decretado, una vez más, abolida la esclavitud sospechando tal vez que sus feroces negros se desferocerían o cuando menos para tenerlos contentos y no verse envuelto en pleito con ellos, que malpechosos son y se sabe.
Que la América se declara libre; que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo; que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial estén divididos; que las leyes dictadas por el Congreso “obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”; que le esclavitud se proscriba; que se festejen el 16 de septiembre y el 12 de diciembre. Es un sumario de Los sentimientos de la Nación, elaborados el 14 de septiembre de 1813. No cabe sorpresa: ese ideario está vigente. Y urge su consecución, se sospecha.
El 5 de octubre, José María, El Negro, decreta: “…mando que los intendentes de provincia y demás magistrados velen sobre que se pongan en libertad cuantos esclavos hayan quedado…”, ¿pagando, acaso, alguna deuda con su pasado y sus feroces soldados negros? Refiriéndose a un decreto emitido en 1810 por el mismo Chema Morelos (“A excepción de los europeos, todos los demás habitantes no se nombrarán en calidad de indios, mulatos ni otras castas, sino todos generalmente americanos”), aunque sin el escenario político de 1813, Peter F. Guardino advierte que “los mulatos eran en único grupo en la Nueva España que no ganaba absolutamente nada con el sistema de castas: no tenían la garantía de acceder a los recursos ni la protección legal que tenían los indígenas, pero se esperaba que pagaran tributo al igual que la alcabala, un impuesto que los indígenas no estaban obligados a pagar. Los mulatos eran, por lo tanto, el grupo que probablemente favorecería más la abolición del sistema de castas y aplaudía la idea de que todos los hombres debían tener iguales derechos y obligaciones. Los insurgentes abolieron también la esclavitud. Había pocos esclavos en la Nueva España, pero esta disposición eliminó un estigma más para los mulatos, el único grupo en toda la región [la Costa del actual estado de Guerrero] que podía ser esclavizado conforme a las leyes coloniales”.
Y en acta solemne, el 6 de noviembre de 1813, declara la independencia de México: “El Congreso de Anáhuac, legítimamente instalado en la ciudad de Chilpancingo de la América Septentrional, por las provincias de ella: declara solemnemente… que por las presentes circunstancias de la Europa ha recobrado el ejercicio de su soberanía, usurpado; que, en tal concepto, queda rota para siempre jamás y disuelta la dependencia del trono español”, y se publicaría y vendría cruenta guerra entre los peninsulares y los criollos, siendo los feroces negros partícipes de ambos bandos.