A PROPÓSITO DE LAS ELECCIONES EN EL DISTRITO DE ABASOLO y esperamos nos concedas esa gracia
Nicolás Vázquez
En días venideros la elección de Diputados se realizará. A las urnas los ciudadanos. A asumir la responsabilidad de elegir a representantes que procuren beneficios a la gente, y no sólo a sus intereses sirvan. Vivimos en un régimen democrático, y no por el encumbramiento de un presidente de la república salido de un partido que nunca había gobernado desde allí, aunque, según se ve y se siente, este presidente nuestro gobierna a trompicones sin tomar en cuanta a su partido y, a veces, lejos de él. Es una democracia que viene de largo y que ha ido incluyendo elementos inéditos entre nosotros: Un padrón electoral que incluye credenciales con foto y firma; el respeto a los resultados de las elecciones; el Tribunal Federal Electoral como organismo independiente y resolutor de los conflictos electorales; y un Instituto Federal Electoral autónomo del gobierno y los partidos políticos y, como se dice ahora, ciudadanizado. A pesar de las triquiñuelas y mañoserías de los partidos que actúan para corromper los mecanismos de elección, la certidumbre de un proceso electoral más justo y transparente se instala en los ciudadanos. Es alto el costo de las elecciones, se dice; mientras sigan resolviendo los asuntos de gobierno que le competen, nunca será un precio inútil, que es preferible una democracia cara a caros conflictos post-electorales, y a muertes que suelen derivarse de ellos.
El enemigo casi imbatible de la democracia es la pobreza. El dinero ha estado por encima de cualquier decisión ciudadana para elegir con libertad y a conciencia a sus representantes. Y ha inaugurado un fenómeno perverso en demasía en este proceso: la dinerización de las campañas electorales, y no únicamente relacionada con publicidad y medios de comunicación sino con la compra de votos –que no siempre de conciencias, porque el estómago pide comida y los dineros la compran, a pesar de los principios o la ideología o el sentido común–. Ante ello sólo estaría el voto consciente e informado, como no ha de ocurrir, sospecho, en este proceso próximo. Los malos gobernantes son cosa común y corriente; no es mal exclusivo de nuestra época. En enero de 1902, Nicolás Vázquez –Diputado al XXII Congreso Local por el Distrito de Abasolo, de 1911 a 1913– escribió en Ometepec una invocación ante Dios para denunciar al Prefecto del Distrito de Abasolo, la que transcribo:
INVOCACIÓN AL SER SUPREMO (POR LAS INFAMIAS DE BLAS MONTES DE OCA, PREFECTO DEL DISTRITO DE ABASOLO, GRO.)
¡Oh Dios clemente, misericordioso y bueno!, / ¿por qué tan duramente nos castigas, / permitiendo a Don Blas que con intrigas / nos hinque el diente con mortal veneno? // ¿Qué delito habremos cometido / que nos castigas con tan gran rigor / sufriendo infamias y ultrajes? ¡Gran Señor, / perdónanos si te hemos ofendido! // Es un canalla, Tú lo has conocido; / es un pícaro e inicuo estafador, / es perjuro e infame corruptor / y, por pública fama, es un bandido. // En él no encuentra el infeliz abrigo / porque es adusto, cruel y äsesino, / y cuando beodo se encuentra por el vino / ultraja sin piedad hasta al mendigo. // ¡Ah, Señor!, Tu cólera provoca / tanta infamia de este vil gusano; / te pedimos que Tu diestra mano / castigue ä este Blas de Montes de Oca. // Que venga Lucifer y, diligente, / lo conduzca a las cavernas infernales / para que expíe sin tregua sus crecido males / por réprobo, malvado e insolente. // Así Te lo pedimos, Gran Señor, / y esperamos nos concedas esa gracia. / ¡Líbranos por siempre de su audacia, / clementísimo Dios, Nuestro Señor!
Lejos de Quevedo y muy vecino de don Blas, el bueno de Nicolás Vázquez acude a Dios para que sea castigado el “canalla”. En congruencia con su visión ético-religiosa de los asuntos públicos, Vázquez le ensarta una sarta de calificativos de talante moral, llegando a implorar por el Infierno para morada del “réprobo” al que reprueba: curiosamente pide la presencia del Malvado Mayor, Luzifer, para que ajusticie a un discípulo suyo, el “malvado” don Blas de Montes de Oca. Y no se sabe, según la “pública fama” de los juzgadores, que perro coma perro. Es seguro que Luzifer otorgue la impunidad al Prefecto de marras. Es seguro, además, que Dios hubiese omitido actuar, apelando al libre albedrío concedido a los humanos. Si el monteocano fuera un “bandido” particular, y no encargado de los asuntos públicos del Distrito de Abasolo, Vázquez no habría compuesto una poesía para él.
En estos tiempos de democracia imperfecta, los ciudadanos costeños tienen en sus manos la posibilidad de elegir a sus gobernantes, con todo y los asegunes que ocurren, incluida la compra de votos. Tienen, además, la posibilidad de no elegir a quienes hayan malgobernado o a quienes, según pública fama y vox populi, sean individuos de prácticas deshonestas e ilegales o malos administradores o contrarios al interés de la población. Antes que llegar a padecer “infamias y ultrajes”, los abasolenses pueden curarse en salud y no tener que acudir ante el “Dios clemente, misericordioso y bueno ” para que corrija males que pudieron evitarse, evadiendo el ejercicio del libre albedrío divino. No se sabe que la invocación de Nicolás Vázquez haya llevado al Averno a don Blas, menos que el tal en cuestión haya sido castigado siquiera por las autoridades terrenales; seguro es que el “vil gusano” hubiese montado en el reparador burro de la cólera al leer los tales versos. Conviene, entonces, prevenir que lamentar, que inundar el templo con poesías de denuncia social. Que el voto es secreto ya se sabe.