CHAVARRÍA VISITA CUAJI DE NUEVO
Es el morbo, el morbo descarado y vouyerista, el burlón, el ácido, el hijodelachingada. No es interés periodístico ni informativo. El puro pinche morbo. Desde temprano, camionetas equipadas con altavoces pasean por el pueblo reproduciendo cancioncitas estúpidas –a ritmo de cumbia o corrido– para ensalzar la figura del candidato Armando Chavarría Barrera, El Senador, El Licenciado, etc. Me he despertado, y esos ruidos me acicatean, sobre todo porque me sospecho que los propagandistas me sospechan imbécil, tratando de venderme la idea de votar por el precandidato preclaro que ha de sacar de la pobreza a todos; incluidos los ricos; resolver todos los problemas, hasta los de inerección por vejez; y no sé cuántas promesas más, casi mágicas sino fueran demagógicas. El carro de la basura suena su timbre y acudo con flojera a tirar la acumulada; me percato que los postes, casetas de teléfono y alguna que otra barda han sido embasuradas con la propaganda del precandidato perrediano. ¡Dioses!, pienso, cuando debería pensar ¡Mierda!
Y escuchar, ahora por los altavoces autorizados y tradicionales, las tales canciones y, por si no bastaran, un discurso que casi me hace llorar con tan mal ensalivadas y halagadoras frases. Me salva de la derrota –casi, casi pido mi papeleta y voy a votar en ese instante– la impericia de Don Beto, el locutor, para pronunciar o leer el apellido del promocionado, al que llama “licenciado Echeverría” y ya no sé si es un lapsus o si el otrora connotado priísta lucha desde su tribuna porque la impunidad haga su reino en la tierra de los crímenes del pasado. A punto estoy de aprenderme las letrillas no satirizantes y, para mi disfrute, la transmisión termina. La calma me devuelve una sonrisa. Pero los amigos del candidato insisten machacando mis sesos con las bondades chavarrianas, desde sus camionetas. No pensaba acudir, pero he de acudir, decido. Sobre todo porque recuerdo la sonrisa que muestra Armando en sus carteles, con quien ahora sí la vamos a armar. Recuerdo, además, que apenas unos meses antes visitó estas tierras y quiero comparar ambas comparecencias ante sus seguidores. Como decía, es el morbo, el morbo sinvergüenza me mueve, me obliga a acudir.
La cita es a las cuatro. Son las cinco y ni siquiera han sido ocupadas las ciento cincuenta sillas contratadas para el acto. Menos de la mitad. Sillas de Pepsi-cola y Sol. La música está arrechona, y tal vez logra convocar a los curiosos, de los que siguen festejando todavía a Santiago Apóstol. La música. Seguro que si ofrecieran cervezas llenan la cancha en menos de menos un minuto. Pero como son tan zopencos, seguro que ofrecen Sol y Pepsi-cola y corren de ipsofactamente al respetable, con eso de que los cuajileños no quieren más que Corona clara y Coca-cola. Las seis y de Chavarría Barrera ni sus luces ni sus sombras. El sol anda acorralando a los sentados, apenas cien, y comienzan a levantarse; algunos se van. Los organizadores se las mosquean y mandan al maestro de ceremonias a apaciguar las conspiraciones de los huidizos. El orador se avienta al aire lambisconerías marca lamegüevos, aderezadas con una que otras mentirijillas inocentes, imprecisiones indetectables por los oyentes o, de plano, omitidas de oído: que el proyecto universidad-pueblo nació en 1960, luego de obtenerse la autonomía universitaria; que la UAG y la FEUG fueron, han sido y serán creadoras, impulsoras y defensoras de las luchas campesinas a lo largo y ancho del estado de Guerrero; siendo el Senador Armando Chavarría Barrera, de cuna humilde y larga trayectoria de lucha, el adalid de todas estas causas y de otras más, como la aprobación de una ley indígena, basada en los acuerdos de San Andrés. Interrumpe y amenaza con seguir más tarde, en tanto el esperado llega.
Anuncian, luego, que el precandidato tiene una reunión privada y por tal razón tiene plantados a los plantadores del campo, de San Nicolás, Maldonado, Cerro de las Tablas y otros pueblos del municipio; pero cuando llegue, ha de llegar para dar inicio al acto de campaña por conseguir la candidatura al gobierno del estado, abanderando al PRD. Y recuerda este Yo, que ya tiene bandera el candidato del Partido del Trabajo, y no se explica para qué quiere una más, si apenas puede con aquella; pero me le callo los pensamientos. Un otro orador retoma el micrófono y se presenta como compañero desde siempre de Chavarría; y se lo creo, pues trabajaba como oreja de Gobernación cuando el líder lideraba la FEUG. No me queda claro si la alusión se refiere al universitario como amafiado o empleado de la SEGOB o si lo dicho se acomoda a la actual situación neoperredista del otrora espía. Mas en fin, que el discurso discurre: y se atribuye el hombre –con un “nosotros” que no deja lugar a dudas– todos los logros del único gobierno perredista del municipio. Sospecho que sigue cargando un puñal bajo la túnica, el hombrecillo. Y cuando parece que el hombrecito calvo que empuña el micrófono va a anunciar su candidatura para la presidencia municipal, aparece Mauro García, diputado local y miembro del equipo chavarriano. ¡Ajajá!, me pienso sin risa, y ni tengo tiempo de elaborar la idea de que Armando está por llegar al local, cuando Armando ya llegó.
Saludado que ha de mano a varios asistentes –baño de pópolo, dicen–, da inicio la puesta en escena del acto de campaña del precandidato presente. El maestro de ceremonias pide aplausos para el candidato de verdad, el que sí nos va a hacer ganar, el mero mero, el chiguetas, el pobre que se ha de chingar al precandidato rico de la Zeta. La bienvenida queda a cargo de una regidora, más preocupada por decir bonitas palabras y quedar bien ante el futuro gobernador del estado de Guerrero –casi me río ante esta mi profecía sin fecha, pero mi Yo cauto me incauta la ironía–. Luego acude al micrófono una maestra, representante de las mujeres del PRD municipal y dice palabras que harán ganador al ya casi ganador de las elecciones estatales. Recuerda ahora mi memoria morbosa que en la anterior reunión con Chavarría, la maestra era representante de las mujeres campesinas del municipio; recuerda, también, que de los siete oradores aquellos, dos fueron sus hermanos; como decir que la familia tal y tal acaparó los altavoces. En esta ocasión, los otros hacen mutis. Anuncia ahora el ceremonioso maestro de ceremonias que Armando tomará la palabra para apalabrar lo de su candidatura. La desilusión me embarga: puros oradores mansitos, no hay ahora sorpresas tal cual la de la ocasión pasada, donde uno de los oradores regañó a Armando por ir a Cuaji nomás cuando quería votos, y terminó invitando a los asistentes a votar por Zeferino, provocando un entripamiento en Chavarría. Quien sí asiste ahora, y se sienta a la diestra del casi gobernador del estado, es el presidente del Comité Ejecutivo Municipal, a quien se acusa de haber enviado el orador regañador e incómodo. Seguro que el médico veterinario metido a líder del PRD municipal anda en el inexacto acto de campaña por mero interés propio, o sea para obtener su base en la escuela de veterinaria.
Chavarría no afina la garganta para discursear, o eso me parece. Mi curiomorbosidad se exacerba, que reciente está el zafarrancho en la radio y distante la posibilidad de acuerdo para nominar un candidato de unidad en el PRD. Mas Armando Chavarría me decepciona: habla de unidad, de la lección de Oaxaca, donde se perdió por unos puntitos; de la oportunidad histórica del partido para ganar las elecciones; y así hasta el aburrimiento. Nada contra Zeferino ni Félix. Me dedico a fotografiarlo para desaburrirme, tratando de ver porqué Chavarría no se parece a él mismo. Y concluye su discurso hablando de lo que haría si gobernara. Decido retirarme, desencantado, con el morbo erecto y sin posibilidades de desarmarlo. Con un pie en la acera, escucho al candidato que regresa al micrófono y agrega un agregado y correcciona su mensaje: al estilo de los jueces gringos de película, pide al respetable que lo escuchado no sea escuchado ni tomado en cuenta porque, la mera verdad, él no anda en campaña sino entregando un aparato de aire acondicionado a la escuela secundaria, como regalo de clausura de cursos, a donde fue invitado, un mes hace, a fungir como padrino de generación, aunque no se encuentra presente ninguna autoridad de la escuela ni alumnos ni maestros. Y ya no dejo reaccionar al pensamiento ante tanto desaguisado. Me quedo con una frase dicha por una señora de San Nicolás: Como quiera ese Chavarría ni va a ganar.