EL MESTIZO EMILIANO
Zapata para pelear/ no necesita trinchera
Corrido de los zapatistas de SanNicolás
Escucho en la televisión a Carlos Montemayor hablar del racismo de los mexicanos, del racismo de la historia oficial: somos un país racista, afirma; hemos negado y negamos a los pueblos indios, dice, a pesar de que sus culturas constituyen en gran medida el pasado que nos convierte en mexicanos, en mestizos. Montemayor, conocedor a profundidad de los movimientos guerrilleros del último medio siglo pasado, al hablar de los indios permite que la emoción de la causa (y su justeza, claro) le obnubile la inteligencia: Montemayor repite lo de siempre: somos un país de indios y españoles, somos mestizos; hay discriminación sobre los indios. Eso, de tan dicho y supuesto, aburre. Hay que desconocer la historia para creerlo o hay ignorar deliberadamente la historia para creer semejante paparruchada.
Uno de los guerrilleros más presentes en la conciencia nacional es Emiliano, el General en Jefe del Ejército Liberador del Sur (“Atila del Sur”, para los ofendidos). Seguramente ningún medio se lo preguntó, pero sí tuvo la delicadeza de decirlo (y no al aire): el “indio” Zapata se definió como mestizo perfecto: descendiente de negro, de indio y de español. Así lo hace constar Andrés Molina Enríquez. Y los hechos lo corroboran: Lo que hoy aparece en el mapa nacional como “Estado de Morelos” fue lugar de tráfico de afronegros esclavos que trabajaron en trapiches, haciendas, obrajes y demás. Todavía, en los días de Don Ignacio Manuel, a mediados del siglo XIX, los negros existían y eran vistos como tales: en El Zarco, Altamirano, al hablar de la hacienda de Atlihuayan, apunta: “Aun se escuchaba el ruido de las máquinas y el rumor lejano de los trabajadores y el canto melancólico con que los pobres mulatos, á semejanza de sus abuelos los esclavos, entretienen sus fatigas ó dan fin á sus tareas del día”.(Agreguemos que Tixtla, la cuna del “indio “ Altamirano, también resintió el tráfago de viajeros, arrieros y paseantes de distintas mixturas y colores o descolores –como el negro). Zapata continúa con la tradición guerrillera de los afronegros cimarrones, uno de cuyos propósitos fue obtener tierra y autonomía; ahí está la rebelión de Yanga como ejemplo, pactando con las autoridades coloniales y logrando tierras y autonomía (y reconocimiento de la condición de hombres y no reses). ¡Tierra y libertad!
El indio Zapata “es el único líder revolucionario que ha soportado el paso de la historia... su principal pugna fue recuperar las tierras para la siembra del maíz, ya que había sido desplazado por el cultivo de la caña”, expresa, categórico e informado, el potrillo Fernández, quien interpretará al sureño Atila en una película que dirigirá el afamado Arau. Don Alfonso pretende, según dice, recuperar el lado mítico tradicional nahua de Emiliano; el neo-actor aprenderá, para ello, el que era idioma materno del guerrillero mestizo, asegún afirman. Y tienen el apoyo y consentimiento oficial de sus hijos para perpetrar tal filme. Bueno, sospecho que el medio del espectáculo deja poco tiempo y curiosidad para saber lo que se dice. Espero que no estén salvando la patria ni nuestra cultura ni nuestras tradiciones ni nuestra historia, que con la traición que le acomodó Guajardo, ya es suficiente o sea bastante (que no es mucho ni poco).
Es delicado el asunto del racismo y de la mexicanidad: Si en los círculos académicos y en los de los defensores de los derechos humanos el desconocimiento del tema y los prejuicios que se observan son grandísimos, ¿qué esperar de la población lega? Revolución cultural y educativa, proponía Montemayor, como solución a nuestros problemas de discriminación y racismo. Convendría preguntarle: ¿Será suficiente, sin otra perspectiva, sin otra visión, sin otro modo de mirar y concebir la historia matria? ¿Bastará una revolución cultural y educativa que enseñe a ver los negros manicongos de El Quijote y no a los afronegros mexicanos comunes y corrientes que la cultura popular privilegia (anoto dos ejemplos extremos de ellos: el “negro con suerte” de El sinaloense y el “negro santo” de La sandunga)?
Como colofón una perla, negra por supuesto: “La gente de razón de la Costa oaxaqueña incita y se apoya en la población negra de origen africano, hoy afrooaxaqueños, para ser el conducto de los caciques, de los terratenientes, de los comerciantes para explotar, para despojar de sus tierras a las comunidades indígenas de la región”, según Salomón Nahmad, académico del Ciesas-Unidad Istmo y vehemente defensor de los derechos humanos, en su participación en el Foro regional de México y Centroamérica sobre racismo, discriminación e intolerancia, Organizaciones No Gubernamentales. No está solo Montemayor.