EL NEGRITO POETA
¡Qué importa que el bronce gima/ al son de la campanada,
si una lengua desatada/ hasta las piedras lastima!
El Negrito Poeta
Soy costeño de nación,/ me gusta bailar la cumbia…
Mar Azul
El Negrito Poeta es un símbolo, un prototipo, una imagen en la que se vierten, guardan y repiten un montón de versos de la tradición lírica; algunos de autores conocidos, otros anónimos. Se ha discutido su presencia histórica, y disputan México con República Dominicana su adscripción nacional. “Estamos en presencia de una peculiaridad de la poesía tradicional, eterno peregrino en el tiempo y en el espacio, que sólo se altera por las inevitables deformaciones de la transmisión oral”, dice Eduardo Matos Moctezuma, quien ha estudiado al personaje, a los personajes aparentemente reales que han sido –según algunas tradiciones orales y escritas– el Negrito Poeta, y cuya investigación sirve para fundar la idea final de este artículo.
La referencia escrita más antigua encontrada en México por Matos sobre el Negrito Poeta la da Fernández de Lizardi, en el Periquillo Sarniento, en 1816: “De estos ejemplares de poetas improvisadores pudieran citarse varios; pero ¿para qué nos hemos de cansar, cuando todo el mundo sabe que en este mismo reino floreció uno a quien se conoció por el negrito poeta, y de quien los viejos nos refieren prontitudes admirables?” Y anota una anécdota con la que el poeta se gana unos dineros al enhebrar en una quintilla el dificilísimo pie los cabellos penden de: “Ya ese peso lo gané/ si mi saber no se esconde;/ quítese usted, no sea que/ una viga caiga, y donde/ los cabellos penden, dé”; y agrega Lizardi: “Esto fue muy público en México. Se le dio el mismo pie para que lo trovara a la madre Sor Juana Inés de la Cruz, religiosa jerónima…; pero la dicha religiosa no pudo trovarlo y se disculpó muy bien en unas redondillas, y elogió la facilidad de nuestro poeta”. Tome usté, lettore, nota de la chingonicidad de un negro-negrito-negrísimo. Y anota Lizardi su condición: “Hemos de advertir que este pobre negro era un vulgarísimo, sin gota de estudios ni erudición. He oído asegurar que ni leer sabía. Conque si en medio de las tinieblas de tanta ignorancia prorrumpía en semejantes y prontas agudezas en verso, ¿qué hubiera hecho si hubiera logrado la instrucción de los sabios..?” Pobre, vulgar, iletrado, analfabeta y ubicado hasta mero en medio de las tinieblas de tanta ignorancia, aparte de negro, nuestro poeta, del que ni el nombre ni apellidos se conocen a ciencia incierta ni cierta.
Nicolás de León, citado por Matos Moctezuma, abona una hipótesis: “José Vasconcelos, (a) el Negrito Poeta nació en Almolonga (Estado de Puebla) en la centuria XVIII, y quizás en sus principios, pues en el gobierno de don Juan de Acuña y Casafuerte, 1772 a 1734, ya vivía. Sus padres negros eran del Congo traídos a México para servir en los trabajos domésticos o rurales de algún rico de la entonces Nueva España… No hay dato alguno para conjeturar ni aun siquiera si llegó a aprender a leer, ni cómo pudo emanciparse de la esclavitud a que por su nacimiento estaba condenado… Debe haber muerto por el año de 1760”.
Encuentra Matos Moctezuma en República Dominicana otro negrito poeta, citado por Emilio Rodríguez: “En el campo de las tradiciones dominicanas encontramos la popular figura del Maestro Mónica, cuyas agudezas y graciosos versos se repiten con frecuencia, a pesar de sus incorrecciones… Manuel Mónica fue un moreno ingenuo que existió en esta ciudad a fines del siglo pasado y murió a principios del presente (XIX), de oficio zapatero, dotado de feliz inteligencia y de verdadera vis poética; era notable repentista, no sabía leer…”. Moreno e ingenuo, el poeta negro dominicano. De este personaje, agrega Matos dos datos: “en 1891, tenemos un grabado que representa al poeta bastón en mano, tocado con sombrero de ala ancha y envuelto en una capa, en el número del 6 de mayo de la revista El Lápiz, de Santo Domingo”; y, segundo, una partida de matrimonio de Antonio Culebra y Sebastiana de la Cruz, fechada en 1759, presuntos antepasados del poeta, cuyo nombre aparece a veces como Antonio, a veces como Manuel –es curioso que Antonio Culebra haya cambiado su apellido a Mónica, nombre de su madre. A ambos poetinegros, el mexicano y el dominicano, se les atribuyen versos similares.
Luego de comparar los datos anteriores –y otros no consignados aquí–, concluye Matos Moctezuma: “En el caso que nos ocupa, no hay datos que vengan a reforzar la presencia del Negrito Poeta mexicano, sino que, por el contrario, los hay que nos hacen dudar severamente de su existencia”, y finaliza fundando la veracidad de este personaje, el mexicano, en “la existencia de tipos populares que encarnan a veces maldad, socarronería y otro atributo que se transmiten de generación en generación”. En suma, no hay tal Negrito Mexicano, no hay pruebas de su existencia. Como si los sonidos del río de la tradición oral no llevaran verdad. Mas en fin, no aclara este estudioso el enigma de su existencia.
En cualquier caso, es significativo que en México, país oficialmente mestizo –o sea de mezcla entre indios y españoles y demás derivados–, se le asigne condición de negro, y se le atribuyan versos como: Calla la boca, embustero,/ y no te jactes de blanco,/ saliste del mismo banco/ y tienes el mismo cuero. O que a un negro ingenuo e ignorante le atribuyan versos de Quevedo (¿Qué puede ser, que no sea?/ Un cabrón el que esto lea;/ y una mujer prostituta,/ ¿qué puede ser, sino puta,/ y después de puta, fea?/ ¿Qué puede ser, que no sea?, por ejemplo) y de otros poetas letrados. Que lo hayan comparado, además, con doña Sor Juana Inés de la Cruz. ¡A pesar de ser negro, pobre, vulgar, iletrado, analfabeta e ignorante! ¡Un negro-negrito-negrísimo como símbolo, prototipo o imagen de la poesía tradicional mexicana! Respecto de su conciencia nacional, cuenta Simón Blanquel, editor del Calendario del Negrito Poeta y de sus Agudezas métricas –dispensemos su prosa: “Dudando muchas personas conocidas del poeta sobre su origen, pues en lo general lo tenían por originario de los reinos del África, y conociendo él que cuantos individuos le trataban vacilaban acerca de su procedencia, pues aunque generalmente creían que era africano, algunos lo tenían por hijo de la isla de Haití y otros por habanero; el poeta, en una ocurrencia, con el fin de desengañar a los que ignoraban su origen, les dijo el sencillo pero veraz verso que sigue: Aunque soy de raza conga,/ yo no he nacido africano; soy de nación mexicano/ y nacido en Almolonga.”. Y hay quienes dudan o niegan, todavía, la presencia de los afronegros en la historia y la cultura mexicanas.