EL OCIO DEL TIEMPO (continuación)
El humanismo y la caridad de los religiosos españoles colonizadores hizo posible que fuese autorizado que los negros africanos sustituyeran en el trabajo a los indios, como un modo de protegerlos y librarlos del maltrato y la esclavitud, al punto que los religiosos comenzaron a favorecer y aun a solicitar la conducción de negros esclavos a las islas y al continente americano; en ocasiones numerosas lograron que se les diese un buen trato y libertad. Mas los colonizadores legos, los del látigo y la espada, impusieron sus métodos de colonización. La esclavitud de los negros africanos era justa y legal si eran capturados por los portugueses; si sus mismos reyes los vendían por ser sus esclavos o ejerciendo su derecho como soberanos o si se vendían a sí mismos o a sus parientes. Y a partir de 1515 comenzó la diáspora hacia América. Y el criminal negocio.
En 1537, en la Nueva España, confiando en su número y esperando contar con el apoyo de los indios, los negros se confabulan para liberarse y nombran rey. Mas, en setiembre, son traicionados, descubiertos y masacrados; los cabecillas son “hechos cuartos” o descuartizados por orden de su excelencia, Don Antonio de Mendoza; cuatro hombres y una mujer fueron, además, hechos cecina para que no se corrompiesen antes de presentarlos ante el Virrey; los descuartizados fueron enviados a los pueblos y a las minas donde había negros para que escarmentaran por advertencia. En 1609, la espada española nuevamente ensañó su filo contra los negros: situado entre las montañas que se extienden entre el cofre de Perote y el volcán de Orizaba, existía un pueblo libre y se componía mayormente de individuos negros más algunos indios y blancos que escapaban de la justicia española, cuyo caudillo era Yanga (príncipe destinado a ser rey en su patria de no haber sido capturado; sus hermanos y hermanas también capturados ofrendaban su vida a cambio de la libertad de aquel; valía casi dos veces más que cualquier esclavo; y hacía 30 años que había huido de la esclavitud). Ante un rumor que denunciaba una sublevación de los negros, el virrey Don Luis de Velasco, mandó una expedición guerrera contra los supuestos alzados; en el enfrentamiento, los libertos fueron avasallados; los sobrevivientes fueron obligados a jurar fidelidad al Rey y a la Corona española; en 1618 se funda en ese lugar el pueblo de San Lorenzo de los Morenos. En 1612, en la ciudad de México, otra supuesta conspiración de los negros fue descubierta y fueron asesinados públicamente en la plaza mayor veintinueve negros y cuatro negras, siendo ahorcados y decapitados y las cabezas, ofrendas, puestas en picas frente a las casas de cabildo.
Hay una ficción jurídica: la que pretende que todos los hombres son iguales ante la ley. Y ante el mercado; siempre y cuando tengamos dinero constante y sonante. Los negros y los indios han sido distintos y, a pesar del mestizaje, han conservado ciertos hábitos culturales; entre ellos su concepción del tiempo y su orientación vital. En el caso de los costeños, la concupiscencia es una de las orientaciones vitales; el ocio para el disfrute o la flojera que pretenden ver algunos. Mas, ¡qué terquedad de nuestra civilización al pretender que todos progresen! O de excluir a quienes no comparten su concepto de atesorar. Y apenas se entiende lo distinto al homogeneizarlo: lo que no es conocido se excluye y se niega para asimilarlo. La prueba más patente es Chiapas. ¡Qué loable que quieran integrar a los indios al progreso nacional, ciudadano Presidente!
Dicen que dijo uno, cuando otro lo vino a despertar y le espetó:
—Óyeme Julano, ya son laj siete y todavía ‘táj dormido... Así, ¿cómo vaj a salí’ de pobre?
—Tú te levantaj a laj cuatro y vaj a ve’ a tuj vaca’; ¿y yo pa’ qué chinga’o me levanto? Pa’ andar pendejeando tan temprano mejor sigo durmiendo.