EL PAÍS DE LOS MORENOS
(PINCHES NEGROS, DE TODOS MODOS NADIE LOS VE)
La convergencia entre la esperanza escatológica de los aztecas, representada por la espera del retorno de Quetzalcóatl, y el milenarismo de los evangelizadores católicos, fue una raíz de la mística nacional criolla, que debía tomar los rasgos de la Virgen de Guadalupe antes de laicizarse en la divisa de un pueblo que se creyó a su vez “el pueblo elegido”: “Como México no hay dos”.
Jacques Lafaye
Todos me dicen “El Negro”, Llorona, negro pero cariñoso...
Canción popular mexicana
Tonantzin, Guadalupe-Quetzacóatl, La Virgen Morena, recién recibió las alabanzas y festejos de sus hijos, los morenos. No sólo símbolo religioso: social —casi una de cada tres mexicanas, y algunos mexicanos, tienen por nombre Guadalupe—; histórico —estandarte y bandera, declaración de guerra, durante la revolución de Independencia—; pseudónimo del primer presidente del México republicano: Guadalupe Victoria = Victoria de la Virgen Morena.
moreno, na. (De moreno.) adj. Aplícase al color obscuro que tira a negro. || 2. Hablando del color del cuerpo, el menos claro en la raza blanca. || 3. fig. y fam. negro, persona de ésta raza... (Diccionario de la Lengua Española, 19ª edición. Real Academia de la Lengua). MORO, 1091. Del lat. maurus ‘habitante del NE. de África’. Con el sentido ‘de color oscuro’ ya SS XII y XIII. || Deriv. Moreno, 1204 (cat., ya 1002)... (Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, 3ª edición muy revisada y mejorada. Joan Corominas). Moreno, na. Por eufemismo, se llama así al negro... (Diccionario de Mexicanismos. Francisco J. SANTAMARÍA). negro, negra. m. y f. Voz de cariño usada entre personas que se quieren bien. prieto, prieta. (De prieto, ‘oscuro, negro’, de prieto ‘denso, espeso, estrecho’, de apretar ‘estrechar’.) Adj. De piel morena, trigueño. (Diccionario Breve de Mexicanismos. Guido Gómez de Silva).
Tiene razón el amigo Santamaría: ‘moreno’ es eufemismo de ‘negro’. Ya dijo Aguirre Beltrán que, por no ofender, se cambió el uno por el otro. Gómez de Silva es tierno de ternura: ‘negro’ es voz cariñosa; seguramente él no es negro y, tal vez, ha escuchado con atención La Llorona. Gómez de Silva puede ser explicativo, a riesgo de confundirse: ¿Qué tiene que ver la segunda etimología de ‘prieto, prieta’ con la definición que da? ¿Los prietos y la prietas, aprietan? ¿O son apretados? Por cierto, su diccionario no registra la voz ‘moreno, na’.
Es un lío este tema de la morenez, de la prietud, de la negrura, de la morenería. Razas, castas; mestizos, mexicanos... Todavía, el primer artículo constitucional prohíbe la esclavitud. En su estudio sobre la formación de la conciencia nacional en México, Lafaye no nos explica porqué Tonantzin, Guadalupe-Quetzalcóatl, la Virgen de Guadalupe, la madre de Dios aparecida en el pueblo elegido —de quien también es madre—, tiene el epíteto de ‘morena’, o sea, de color obscuro que tira a negro; para él, el culto en torno a la morenita tiene su origen únicamente en los aztecas y los españoles: los negros no se ven —así de obscuro ha de estar: “Pinches negros, por eso nadie los ve”, debería ser el remate del chistorete.
La historia de los afrodescendientes en México está ligada al racismo, a la discriminación. “¿Racismo?”, exclaman. “Estás jodido. ¡En México no hay racismo! Eso déjalo para los gringos”, agregan. Y lo dicen amigos cultos, que fueron a la universidad a estudiar y en la que, ahora, dan clases o investigan. La Convención Internacional sobre la Eliminación de la Discriminación Racial establece que “la expresión ‘discriminación racial’ denotará toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública”. Argumentar porqué somos racistas tomaría siglos: baste, por hoy, con delatar la concepción histórica normal: aceptar que somos un país de mestizos, hijos de indios y españoles, es un crimen racial porque los negros también hemos contribuido en la construcción de la nacionalidad —huellas y rastros de ello hay demasiadas y andan por todos los lares de esta patria madre.
En México se niega el racismo, la discriminación racial; ello dificulta el reconocimiento de un problema grave y obstaculiza su solución: no hay medidas que tomar. Es común que se acepte la discriminación por motivos económicos: no se discrimina a los negros o indígenas por ser indígenas o negros sino por ser pobres. Este silogismo no explica porqué un negro o un indio con dinero es menos aceptado que un blanquito pobre. El mito racial acepta que todos somos mestizos; productos de mezcla, se argumenta: Sí lo somos, sólo que esta democracia racial, que presume la convivencia armónica entre los grupos étnicos y raciales, olvida la tercera raíz e ignora la realidad de los pueblos indígenas: están ahí los zapatistas, con su exigencia de reconocimiento a los distintos del México moderno, para probarlo. Así, además, se niega la posibilidad de desarrollar las identidades propias de los grupos étnicos y de resolver sus reivindicaciones; en contraparte, no hay una igualdad social ni económica ni integración de estos grupos a lo tenido por mexicano. Bajo esta mirada ideológica, lo diverso se hace invisible, el derecho al disenso desaparece, se excluye lo no mestizo; en consecuencia, al ser todos iguales, no se puede hablar de racismo. En los hechos, la pretensión de blanquearse la piel continúa, puesto que es condición de ascensión social.
Analizar las formas del racismo, encubiertas y suaves —si el racismo lo fuera—, violentas y frontales, nos permitirá encontrar estrategias para combatir la discriminación racial; el primer paso es aceptar su existencia. En este proceso de “mestizaje” mexicano, las relaciones afectivas y coitales entre negros e indias permitió un sincretismo donde se llegaron a confundir y a intercambiar los hábitos y las costumbres culturales originarias: casos hay donde, en pueblos de indios cuyos habitantes originarios se habían extinguido, algunos cultos religiosos prehispánicos eran ejecutados por negros como propios, de los que eran custodios. Si hay algo innegable, es que el vientre “ingenuo” de las indias albergó a negros, españoles e indios por parejo; en ese sentido, la Madre Mexicana, la mítica madre de los mexicanos, la Violada, la Chingada, la Llorona —a decir de Octavio Paz— es india. El padre no sólo es español, el padre también es negro: Hidalgo y Morelos, Iturbide y Guerrero. En el otro extremo, en el espiritual, la Madre Mexicana es Guadalupe, la Virgen, la Morena, la de color quebrado, el color que se discrimina, el color que se niega, el que permanece.