Esteban Bernal, el hombre del acordeón del Mar Azul
(segunda parte)
Esteba tiene risa eterna, o recurrente. No piensa mucho para responder, es espontáneo. Ha dejado el acordeón por la paz. Los zanates no aplacan su concierto. Alrededor nuestro se han arrejuntado algunos taxistas de SanNico y otros curiosos. Cuando responde, Esteba Bernal los mira y dialoga con ellos, aunque ellos no osan alterar nuestra cháchara.
EDUARDO AÑORVE: ¿Cómo compone sus canciones?
ESTEBAN BERNAL: Así, me inspiro de las chavas que he conocido por ahí. Yo fui así: a cada novia que tenía le componía una canción. Tuve una mentada Maribel, le compuse una canción; a mi mera esposa, que se murió, le compuse una canción; se llamaba El palito de flor porque había un palito de acacia, esos que echan flores coloradas…
E. A.: ¿Qué otras compuso?
E. B.: ‘Uta, un chingo. Tuve una novia pa’ Tapexla y le compuse un bolero que se llama Francisca; otra en Montecillos, Conchitas del mar, se la dediqué a ella, un bolero; pegó también y lo pienso grabar ahora en este disco que viene, a ver si meto aunque sea una balada; la mayoría es pura cumbia pero voy a ir intercalando muchas canciones viejas que se pueden renovar.
E. A.: ¿Y cómo compone las cumbias?
E. B.: Como yo sé tocar el acordeón, con cualquier cosita que yo vea le compongo una cumbia. Como ‘ora El mole de armadillo, un día me invitaron por el rumbo, en Montecillos, un amigo: “Vamos Esteba, tengo mole de armadillo”. Yo me dijo. Yo me había salido del Mar Azul como dos años, porque José Tornés me hacía muchas gachadas. Hice yo un grupo que se llamaba Tropical centella y grabé nada más un disco. Así que vine a tocar allí y me invitó un bato. “Vamos al mole de armadillo”, me dice. Decían los compañeros: “No’mbre, no me gusta esa cosa”. Y yo: “Vamos”. Y vamos. Después ya no querían dejar de comer el mole de armadillo. “’Ta buena esta cosa, decían. Búsquense otro para mañana”.
E. A.: ¿Y corridos?
E. B.: Corridos poquito. Ya empecé a componer ahora; hace unos tres años para acá empecé a meter corridos, porque me decían que yo pura cumbia, que no podía componer corridos. Y empecé a meter uno, uno en cada disco. Está el del palo del chisme; está otro que se llama Los mitoteros de Pinotepa; otro que se llama El corrido de Heladio Montealbán. Así, poquitos, pero sí he compuesto.
E. A.: ¿Chilenas?
E. B.: Poquito. Me gusta más el merengue.
E. A.: ¿Esteban Bernal baila?
E. B.: ¿Si bailo? Claro, a mí me gusta bailar. Si soy del gusto, tengo que bailar.
E. A.: ¿Bebe?
E. B.: No. Desde que anduve con el Mar Azul nunca me gustó la bebida. Porque mi familia fue pura gente que tomaba; y siempre que tomaban tenían problemas. Entonces yo empecé a pensar en eso de que si yo agarraba ese vicio iba a hacer lo mismo, a andar ofendiendo a la gente. Yo tenía un tío que agarraba la escopeta y tiraba y se paseaba por las calles; si alguien le decía algo, era para matarlo. Y por eso yo nunca quise eso. Casi se lo pedí al Señor, que no me diera ese vicio, y me lo cumplió.
E. A.: ¿Le gusta su música?
E. B.: Claro. A mí me gusta lo que compongo, me gusta y lo toco con todo el corazón porque me gusta, y a la gente también, bendito Sea el Señor, le gusta. Todo lo que yo he hecho me gusta.
E. A.: ¿Aniceto Molina le gusta?
E. B.: (Risas) No. (Risas) Esa vaina no, me gusta la música mía. ¡Qué me va a gustar! Aniceto qué me va a gustar… La música de él sí me gusta. Aniceto no... Pa’ qué. Me gusta su ritmo, ese ritmo colombiano que él trae y es la música que a mí me gusta, la colombiana. Yo, donde quiera que encuentro un disco de Corraleros de Majagual, yo lo compro para oírlo nada más. Ya de allí por lo menos agarro algo de lo que hay allí.
E. A.: ¿Alguna vez ha alternado con Aniceto?
E. B.: Sí, hemos alternado aquí en Cuaji, ya tiene mucho tiempo. Y ahora, a hemos alternado allá en el norte, en el Rancho del Mar en Santana; un lugar grande, con varios grupos.
E. A.: ¿Se conoce con Aniceto?
E. B.: ‘Uta, somos amigazos grandes; donde quiera que me ve me da la mano.
E. A.: ¿De qué platican?
E. B.: De música, de pura música.
E. A.: ¿No se dan consejos o cosas así?
E. B.: La verdad nunca hemos tenido una amistad muy grande. El me conoció en el Mar Azul y por eso tiene un respeto para mí. Pero no tenemos una amistad muy grande, grande, no. Cuando alternamos en San Marcos, andaba su hermano Anastasio Molina; hasta decía la gente: “N’ombre, a ustedes les va a ganar Aniceto Molina”. Pero cuando vieron la crema que le echábamos: yo cantaba lo mío, Jesús cantaba lo de él, Jesús Hernández, Chanín cantaba las de Bertín, él siempre puro de Bertín… Pensaron que nos iban a ganar, pero hasta ellos mismos, los mismos de allí, los señores grandes nos dijeron: “Pensábamos que no iban a ganar pero, lo que sea de que cada quien, se defienden; tocan ustedes también”. Así que, agarraba Aniceto el acordeón una tanda y otra tanda Anastasio. Yo también allí me ponía al tiro.
E. A.: Y Carlos Vives, ¿qué le parece?
E. B.: Sí, a mí me gusta la música de él; tengo en mi casa el casét donde está La gota fría.
E. A.: ¿Cómo ve a su acordeonista?
E. B.: No. Se defiende. Cuida’o. Y el bajista; a mí también me gusta cómo jala el bajo el bajista. Una chulada. No, pa’ qué, a mí me gusta la música de Carlos. Fue una persona de cuando salieron las bandas y la música tropical cayó; gracias a él empezó más a revivir, porque él en esos días metió su música en la tele, acá…
E. A.: ¿De qué lugar tiene un recuerdo de la gente, que se prenda, que disfrute en serio su música?
E. B.: Mire amigazo, le voy a decir la mera verdad. Esta música de Mar Azul no ha tenido comparación. Donde quiera que hemos ido, es la misma gente que ya ha recibido esto, así con todo el corazón. Es más, en todo Oaxaca, donde quiera que hagamos un baile, la gente responde por el Mar Azul; si le damos para Guadalajara, allá hemos ido, porque donde quiera hay paisanos, y la paisanada es la que apoya este grupo Mar Azul. En el otro lado, quisieran de corazón que fuéramos allá. ‘Uta, n’ombre, esos están queriendo, de veras, allá en el otro lado.