HUEHUETÁN ES LUGAR MÍTICO
El sólo quería saber
si era o no era valiente
Jorge Luis Borges
EL MITO ES LA REALIDAD que los anhelos y los ideales encaminan hacia los territorios de la fantasía, en él se realiza lo irrealizable, se afina lo tosco, se embellece lo exótico, se pervierte lo convencional.
Huehuetán es lugar mítico. Allí nacen, crecen, beben, fornifican, matan y son muertos los prototípicos hombres valientes y de acero. Cuando por la tierra peleaban contra los fuchitecos, se reservaron la última palabra en el asunto de la valentía, a decir del chilenero trovador, dueño de su guitarra y, ¿cómo má?, de su retrocarga. “Junto a, o entre los ancianos”; o bien, “junto a, o entre los tamboriles”, es la etimología de Huhuetlán, que se deforma para decirse Huehuetán. Gugüetán o Guegüetán, a decir de los viejos. Tierra de malillas, de inconformes. El vengativo brazo de la negrada expropiando riquezas para continuar el fandango de la cerveza y el baile. Gente de gusto, hasta para morir.
–Se llama El Diablo. Con éste me mato con el que sea, y no le hace que me maten; al fin y al cabo voy a morir contento. Eso si me hago pendejo: o si me llega la raya –dice el hombre borracho y me entrega el recién nuevo R-15, made in USA, luego de haber baleado al aire. La motorizada está en el pueblo para garantizar que el baile se realice en paz, sin pleito; mas no vendrán a esta casa a investigar quién tiró o, cuando menos, para ver qué pasa.
–¿Compadre, es tu gente, verdad? –le pregunta a Coñe. Y éste le reterepite que sí, que habiendo Coca no hay Pepsi; que me conoce como la madre que me parió y soy de confianza. Hermosa artesanía gringa en metal oscuro; y lo acaricio para ver si se aquerencia conmigo el menta’o Diablo.
–Si es su gente, es mi gente, compadre –continúa el hombre, y se saca la parabelo, la 9 milímetros, y se la mete en la boca; puedo sentir la dulzura del metal en mi paladar, y trago grueso. El hombre baja la pistola y la guarda.
–No la quiero para mí... compadre, tengo ganas de matar, aunque sea a unos dos...
Devuelvo al Diablo y Candeche lo intercepta. Pero el hombre no quiere que lo tenga y le pide a Coñe que le quite el cargador; Coñe lo hace y entrega el armatoste a Candeche, y ni así el hombre está tranquilo; es la desconfianza, la amante de los valientes, la que los obliga a escudriñar todo, a ventear en busca de la emboscada, la última, la que no respeta chipote con sangre, sea chico o sea grande. Y hasta que El Diablo queda en manos de Coñe, el hombre recupera su risotada y pide las otras chelas. Tene me dice en voz baja que a él no le gustan esas pendejadas, que él también ha tenido compromisos y ha salido de ellos sin tanto escándalo.
–Este pendejo es fachoso –remata.
Hay quienes tienen el valor y aborrecen el escándalo, la propaganda excesiva. En el baile muchos andan armados, y ni se nota ni lo presumen. Todos los que me han presentado son gentiles y obsequiosos en eso de invitar las cervezas, a esta hora ya calientes, pues las frías se han bebido como agua y las apenas puestas a enfriar se beben con despacio y a desgana, si es que no se medio beben y se medio escupen.
–Cuando vengo aquí, no gasto ni un cinco –dice Coñe. Y es tal la amistad y el respeto que le profesan, que por andar con él hasta a mí me ofrecen su amistad para lo que sea.
–Yo voy a lo que voy; hago mi manda’o y ya– dirá alguno. –Usté’ no más diga –agrega.
En medio de la ramada los neocholos o huehuecholos, recién regresando de Carolina o Yuta o del norte, utilizan su atuendo neopostmodernista y sus kilos de oro labrado colgado en cuellos y muñecas para apantallar a las elegantes niñas que mueven sus cuerpos con suave arrechura, al ritmo de “Ya me voy para Carolina...” del fénix Mar Azul. Añejas costumbres de animales en cortejo. Y las señoras se agitan más, despreocupadas, tratando de sacar polvo al suelo o luciendo una cópula fingida con la oponente, para darle al cuerpo lo que el cuerpo quiere. Los hombres, los machos, en las orillas de la fiesta se arrempujan cerveza tras cerveza y hablan de lo mismo: cuando el alcohol los suavice o una canción de amor despechado los prenda, han de bailar como señoritas recién desquintadas. Poco hablan de los muertos, aun de los famosos, mas cuando comienza el corrido, todos buscan mujer para arrepegarse, mientras gritan las coplas de “Buenos aires”; los solitarios se embrocan la cerveza hasta vaciar la botella. Ha estado tocando el grupo Los Primos, siguiendo la ruta musical de los Magallanes y Apache 16, sin llegar a la grandeza de la música de fusión de los viejos Magallones, manifestada en Charco Choco o Corrido de Melitón Chuegüe, o al neosentimentalisno costeño de La han visto llorando de éstos.
Hay que regresar a Las Tablas, luego a Cuaji. Uno de los atributos o entes de los huehuetecos es La Huehueteca, el hermoso falo negro de tamaña proporción, ante cuya vista hasta la más apática se arrecha y el más hombre se admira o lo frunce. Casi me duelo por partir sin haber conocido ninguna o sin haber develado el secreto subyacente; y me justifico sabiendo que no la busqué y que el mito permanece precisamente porque se ubica en la oscuridad, donde solo puede entreverse para seguir estimulando las pulsiones y los deseos . Pero ni ello me quita las ganas de andar por estas calles de la pasión con una de ellas entre las piernas, y no porque quiera enriquecer con mi nombre y mis hazañas el mito sino que, como dijo el hombre, no la quiero para mí aunque yo la use, sino para morder al placer en boca de La Amarillita, que sabe uno de sus nombres.