INDALECIO RAMÍREZ, EL TACITURNO (2)
Indalecio tiene ojos claros. Es amable. Habla con pausa, tranquilamente. Parece más joven de lo que es. No parece indio.
La verdad bohemia
–¿Deja dinero eso de ser compositor?
–Si te graba uno que tenga nombre como Vicente, ser compositor o artista… y hacerle frente a esta ciudad ya eres un triunfador, nomás con que vivas en la ciudad. Yo no me quejo; he sido triunfador desde que permanezco aquí. Tengo 43 años de vivir en la ciudad, 20 años aquí en el centro y 23 allá donde tengo mi casa, en la delegación Tláhuac.
–¿Alguno de sus hijos heredó su talento?
–Uno de ellos, José, ya fallecido, cantaba. De los otros, ninguno.
–Usted sí heredo de su padre…
–Posiblemente. Es decir, es mi padre y tal vez algo se herede, aunque lo nuestro es distinto: él es un gran chilenero, un gran músico en su guitarra. Yo soy bolerista, he hecho dos chilenas solamente. Puro bolero, porque eso es lo que siento.
–Es romántico…
–Sí.
–¿Se ha enamorado mucho?
–Ni tanto, con una vez que enamores ya te apendejas, y ya. (Se ríe. Nos reímos).
–¿Han habido muchas mujeres?
–Lo necesario. Yo no fui un… A mí Dios me dio lo que necesitaba solamente.
–¿Le escribió a las mujeres que amaba?
–Muy poco. Cada canción tiene su historia… Yo escribo lo que me llega al corazón. Fui borracho antes; cuando yo bebía venían unas ideas bonitas, pero se embotan los pensamientos y no las llevas a cabo. Al menos en mí, yo todo lo he hecho ya en juicio. Necesito tener el por qué voy a escribir, el motivo, aunque sean experiencias de otras personas, pero tiene que parecerse a lo mío.
–¿Ha hecho canciones por encargo?
–No. Nada. He escrito para mi guitarra… Grabaciones, sólo he hecho un disco para la RCA Víctor, porque me mandaron a llamar. Nunca me gustó grabar yo, y cantaba bien… Es lo único he grabado. Bueno, últimamente grabamos entre dieciséis artistas el disco La verdad de la bohemia, y se hizo tal como se sucede cuando estás con los amigos, ya sabes, estás cantando… Que te turbaste, te equivocaste, así sucede, es la verdad de la bohemia, no regresas a arreglarlo…
–¿Convivió con los bohemios de Ometepec, los Aguirre..?
–Ajá. Sí. Yo convivía con los borrachos… La guitarra, toda mi vida… andaba allá de apogeo, en la tomadera.
–¿Qué canciones le gustaba escuchar en su juventud?
–Julio Jaramillo, ese me gusta mucho. Yo soy triste, por cierto… mis canciones, mi forma de decir. Se ha dicho que uno nunca está solo en verdad, aunque esté en un monte, allá; tienes tus recuerdos, tus ideas, tus creencias.
El proyecto para culminar
–¿Se quedará a vivir en el Distrito? ¿Regresará a Igualapa?
–Ya me quedé a vivir aquí, aquí está mi trabajo, aquí me gano la vida. En mi tierra existe ahora un movimiento grande. Yo tengo sesenta y seis años, y nunca había hecho nada por mi pueblo. Ahora opté porque se haga la casa de la cultura, compré un terreno, convoqué a todos los profesionistas de Igualapa para ver si le entrábamos porque yo no iba a poder. Y le entraron. Se va a llamar Maestros por coperación, Igualapa, Gro… porque, en aquellos tiempos estábamos incomunicados, hasta el cuarenta y nueve que abrieron brecha para allá. No había mucha escuela. Esas damas que aprendieron, esos señores, ya los alquilaban de las cuadrillas, el Comisario o alguien que pensaba que había que estudiar buscaban a esos señores, damas, jóvenes, que fueran darle las primeras letras a los niños. Porque ves que puedes leer mejor que los que están en las escuelas, pero tu saber allá no vale para nada si no tienes título… Entonces, a esa gente le pagaban con maíz, frijol, gallina, un cuche… Esa es la cooperación.
–¿Y cómo le surgió la idea?
–Piensa que los pueblos que no tienen cultura no crecen nunca. Yo quiero que mi pueblo crezca, culturalmente cuando menos. Te manda cualquiera, nomás porque es rico… Ves al pueblo de Ometepec, que tienen el poder; ellos tuvieron más cultura.
–¿Qué recuerda de Igualapa?
–La comida, por ejemplo; las picaditas con queso y salsa nomás, el boje asado…
–¿Y que extraña?
–Todo se extraña. En mi caso ya no tengo nada en la vida, más que mi pueblo, y mi proyecto que hoy ya es del pueblo. Ahora andamos buscando entrevistarnos con el señor Gobernador para ver que nos ayuden. Eso es mucho y es poco, porque tenemos que trabajar todos. Yo pagué el terreno y todo lo legal, los trámites, el notario. Soy el donador, el iniciador, o no sé qué… Somos una asociación civil. Ya tenemos los planos, la maqueta. Todo se ha hecho por cooperación. Pero lo más grande que el dinero es la voluntad, el deseo de cooperar de trabajar, que te hagan caso, que te ayuden. Yo no quiero que mi pueblo dé un peso, que den trabajo, la mano de obra, la fajina. Ahora en junio, la Universidad de Guerrero me dio un trofeo, y la promesa de dar su parte, lo que le corresponda, para la casa de la cultura.
El taciturno indio de Igualapa
–¿Cuánto tiempo tarda haciendo una canción?
–Canciones como Una moneda la hice en un cuarto de hora. Otras me tardo hasta un año, porque no me gustan y ahí las dejo… Las canciones que salen rápido son las mejores, porque las otras las piensas y las piensas, no te gustan. Tengo muchos comienzos en mi casa, grabados o escritos.
–¿Escribe a mano?
–Sí, aunque algunas las grabo ahora. En otros tiempos tuve que aprender un poco de música, en Azoyú, antes de venirme. Yo me gané un concurso estatal me gané el primer con El indio suriano…
–¿De ahí viene el apelativo que le dan?
–No, había que concursar con seudónimo y yo me puse El indio de Igualapa. Y ya, últimamente, Martín Urieta me puso El taciturno indio de Igualapa. Con la canción Igualapa me gané el tercer lugar en el mismo concurso. El tercero se lo dieron a otro, pero yo me lo gané.
–Me decía que aprendió música en Azoyú…
–Sí, con el maestro Tancho. Para poder escribir las patitas, digo, de las melodías. Yo hago la música y la letra; los arreglos los hace otra persona, un arreglista. Yo entrego mi guión y ya; lo demás lo hacen otros.
–¿Los artistas le solicitan canciones?
–Claro. Yo acabo estar con Pepe Aguilar once meses en primer lugar de las listas de popularidad con mi canción Que sepan todos. Esa fue grabada originalmente el señor Vicente Fernández en el noventa y dos. Todo mundo casi se la aprendió como él, pero duró más con Pepe.
–¿Y cómo le pagan?
–Me pagan regalías. Ahora estoy trabajando para mí, con la Sociedad de Compositores y Autores de México; yo trabajé muchos años para las editoras: te cobran el cincuenta por ciento, y tú lo tienes que hacerlo si quieres ver tu nombre en el disco. Son casas que no deberían existir, pero existen. Te explotan.
–¿Ha pensado en grabar un disco con sus canciones favoritas?
–Claro que lo quisiera, pero ya en estos tiempos… Cuando me buscaban nunca quise, es decir, podía hacerlo…
–¿No cree que los compositores interpretan sus canciones con más autenticidad que los cantantes?
–Sí, a mí me gusta mucho Álvaro Carrillo porque las dice como las hizo, como las sintió. O el maestro Lara porque, aunque no tiene voz, pero dice bonito sus cosas.
–Manzanero…
–Claro. Acabamos de estar en Acapulco, me echaron la mano para reunir dinero para la casa de la cultura.
–Sí, en El Sur publicaron que…
–Se llenó la mitad, fueron como quinientas personas. Muchos de mi pueblo anduvieron allí, pero no se fueron a sentar, estaban ayudando; otra gente compró su boleto pero no fue. Pero sí hubo cooperación. En El Sur dijeron que fue un fraude, que no sé qué… Eso no es cierto. Para los periodistas, pues… Como no vieron… Ni la Sinfónica que es de da’o, no van a verla; apenas unos cuantos. Por la cultura nadie hace nada. Todos los políticos lo que hacen es, los de mi pueblo, pues, comprar ganado, encierros…
–¿Tiene partido?
–No. Yo voy a votar porque soy un ciudadano, pero yo no milito en algún partido. La cultura como las canciones no tienen partido.