INDALECIO RAMÍREZ, EL TACITURNO (3)
Indalecio Ramírez, El taciturno, gusta de hablar; la conversación le emociona. Sus ojos se iluminan cuando responde. La sonrisa es frecuente en sus labios. Mueve poco las manos. Es un hombre seguro de sí mismo, y respetuoso.
La música y la poesía
–¿Conoció a Julio Jaramillo?
–Tuve la oportunidad de conocerlo, de tratarlo, aquí en México, en Acapulco. Allá en Acapulco fui a verlo. Yo ya lo había conocido aquí en México. Con un amigo, Ramiro Reina Soto, que en paz descanse, fuimos a ver a Julio. A él lo echamos en medio, a Julio. Yo lo conocí, lo admiré mucho, admiré su forma de cantar; lo sigo admirando. Es de las voces propias de la música sudamericana.
–¿Se inspiró usted alguna vez en la música sudamericana?
–No. No porque yo lo viví, no hubo necesidad de conocer esos géneros. Allá se cultivaba el pasillo desde hace tiempo, desde que yo me empecé a fijar; esos son de siempre. Una canción que se llamaba… Sólo me acuerdo de la letra, que dice: En mis noches tan tristes, / de mi jardín rosal / yo traigo en mi cartera / el mejor madrigal. / Dame a besar tu frente / como preciada ofrenda / para calmar la enorme / locura de este mal. / Mira, mi corazón / es un triste mendigo / que vaga taciturno, / errante y sin abrigo. / Si tú me amas de veras / nunca me abandones, / porque yo te daré mis canciones / y a cambio de mis versos, / amor, que me regales.
–¿Escucha música?
–¿Qué si escucho música? Yo oigo música cuando mi hija pone su música. Yo no estoy divorciado de la música moderna. Pero también mi hija tiene música de Chopin, de esa gente, ¿no? Y esa te relaja. A mí lo que me gusta son melodías como El padrino, instrumentales. Me gusta oír toda la música, pero eso en vía de trabajo: ranchera, tropical, norteña, lo que sea. Qué es lo que se está estilando en esa música.
–¿Ha hecho música tropical?
–No, las han hecho. Por ejemplo, Una moneda está grabada con Blanca Rosa Gil, una cubana. Pocas canciones se hacen para un género determinado. Aunque hay muchos como el maestro Homero Aguilar, que escribió para la Sonora Santanera. Toda música se puede hacer tropical, algunas se prestan más.
–Juan Gabriel es muy versátil…
–Sí, es muy grande, muy sabio, digo, para la industria.
–¿Y para usted?
–Tiene cosas buenas, que a mi gusto le guste. Canciones completas, completas, Amor eterno, por ejemplo, Lágrimas y lluvia. Canciones bonitas. Todo lo que hace es bonito, y que está completo. Tú sabes que en el Noa Noa son puros tururu, y que solamente él puede acomodar. Es un sabio, vaya.
–¿Y José Alfredo?
–No se diga. Es el maestro de todos los que hacen rancheras. Y para todos los que escribimos. Alguien que diga “yo voy a ser su sucesor", nunca serán, basta que escriba más fino que él y ya no son, ya no son. Que escriban como él escribió está canijo; para el pueblo, vaya, y en qué forma y bonito.
–¿Usted tiene un estilo?
–Yo sí. Mis canciones se distinguen por la metáfora en el decir. Por ejemplo La hora ciega. Mis canciones siempre tienen aunque sea una palabrita, que me distingue en mi forma de escribir. La hora ciega tiene una metáfora muy bella, que es sencillita: Esperé la felicidad / y llegó a mi soledad / la vejez y los desengaños, / y en el perchero del tiempo / estoy colgando mis años. Eso es bonito. Hay canciones, poesías que llevan el ritmo; ésta no, esta solamente con la música. Te puedo decir una con buen ritmo, que me grabó una puertorriqueña de nombre Lucecita, una que ganó un concurso internacional, una canción que se llama Géminis. Esa dice bonito: Porque todo aquello que no es de nadie, es tuyo, como es el cielo, las estrellas, cosas de poeta solamente. Y ofrecer, que no empobrece, el dar es lo que aniquila. Entonces, le está proponiendo que si se queda, ¿no? Se llama, Si te quedas. Dice: Si te quedas, / si me haces compañía, / un sol adolescente te daré cada día. / Si te quedas / un crepúsculo nuevo / te daré cada tarde. / Si te quedas a realizar mi anhelo, / despintaré la noche para teñir tu pelo. / Si te quedas, / te daré lo más bello: / un collar de mañanas / para adornar tu cuello.
–¿Se considera un poeta?
–No. Me nombran. Yo no… Se me ha dicho que soy un buen letrista, que eso contenga poesía, figuras, no las busco, así nacen. Me preguntan que cómo le hago. Yo no sé, yo les digo que esa es la consecuencia de no tener un amplio español; acudo a las metáforas.
– …y en el perchero del tiempo / estoy colgando mis años…
–Sí, es una metáfora bien hecha, es muy sencilla. Yo salgo mejor con eso que un español recto y elegante. Me valgo de las metáforas porque así nacen.
–¿Usted no usa la poesía popular de la Costa Chica?
–Yo admiro mucho a Joaquín Álvarez Añorve, cuando dice: …y en una maca jolluda.. con todo el acento nuestro, igual que chirundo y todo eso. Pero esa no es mi línea, a mí no se me da. Sería tanto no escribir lo que me gusta. Yo escribo lo que me gusta y pienso que, para aquello, hay otros que lo hacen mejor, porque esa es su línea. Me gusta escucharla porque yo he vivido entre eso: chueco, chirundo, pateco y chando…
–¿Y la poesía de Álvaro Carrillo?
–No. Él era muy grande, muy lírico, tenía mucha cultura. Y era un gran costeño; le gustaba mucho el hecho de “vamos a beber en la misma media de aguardiente”. Era muy dado a la paisanada. Y un gran culto. Se ha dicho que para que tú puedas calificar a alguien debes saber cuando menos igual, o de lo contrario ser de una cultura mayor. En mi caso yo lo digo porque yo oí a los que sí eran grandes, en aquellos tiempos. Era un hombre muy culto. Está toda esa poesía romántica y modernista, y en costeño. Por ejemplo, en el poema Canto a la Costa Chica había muchos conceptos que yo no sabía. “Y cuando los recueros / hayan sus picotes…” ¿Qué son los recueros para ti? A ver…
–No lo sé.
–Las recuas, los arrieros. Él usaba mucho esas cosas de la Costa. Esas palabras cultas, de la mitología griega y eso, las está mencionando en el español que él usa allí. El hilo de Ariadna, y demás. Y el que sabe las disfruta más.
–¿Y en sus canciones, anda la mitología?
–No. Yo confieso que no soy académico. Yo aprendí a leer y escribir y me fui sobre lo que me iba a dar de comer. De lo académico no sé, yo lo ignoro. Yo aprendí a leer y escribir en Estados Unidos en 1945, cuando me fui de bracero con un amigo que fue mi compadre, José Reyes Escamilla, de Soledad Doblado, Veracruz. Nos fuimos juntos en el tren, nos quedamos en el mismo vagón, porque fuimos a trabajar en la vía.
–¿De mojado?
–No, legal. Yo me vine de Veracruz con unos trabajadores de una termoeléctrica; yo me vine en el bonche, como se dice ahora. Yo no tuve oportunidad de estudiar así, como los demás niños. Estuve en Estados Unidos dos años y me regresé a Veracruz.
Es bonito que te olviden. El amor no correspondido
–¿Y dónde se enamoró?
–En mi pueblo.
–¿Allí se casó?
–No. Me casé en la ciudad de Ometepec.
–¿Con la mujer que amaba?
–No. No tuve esa suerte. Ahora, sirve solamente de consejo para cuando tengo que decir… cuando me buscan para presentar a la muchacha. Yo de eso no sé. Yo les digo a mi manera que es bueno se enamoren con el corazón, porque es bonita la promesa del amor. “Si tú me llevas bajo ese árbol, allí viviré contigo, contenta”, eso es querer con el corazón. Ya cuando se van a casar, hay que pensar con la cabeza: ¿Qué me va a dar este hombre? ¿Qué vamos a comer? Esa es la realidad. Ya se piensa. Pero es bonito, hay que tener esos amores para saber distinguir.
–Su primer amor no se realizó…
–No. Pero había que seguir viviendo. Esa no es la respuesta, ¿verdad? En una entrevista reciente me preguntaron qué cómo había sido mi niñez, y yo dije que hermosa, igual que la de todos los niños. Yo no sabía que el rico era más que yo, yo era niño y ya. Y te enamoras… y te gusta hasta la hija del presidente. Allá uno con los calzones chundos, todo jodido, pero igual que los otros niños. Yo no sabía que el que tenía dinero valía más. Yo aprendí que grande es el que se prepara. El rico, millonario, te va a dar algo, no tiene ninguna obligación de tu desgracia, si por flojo, por lo que tú quieras, no hiciste dinero. Y tampoco sabes cómo hizo él su dinero, trabajando, robando, herencia; por lo tanto, “Adiós señor”, con respeto. Si después de aquel saludo, con respeto, no hay nada de allá para acá, no modos; hay muchos a quien saludar.
–Regresando. Si la mujer de la que se enamora uno no lo corresponde, ¿qué se puede hacer?
–Tomarlo como un ensayo, y todo. El corazón solo se empieza a fijar, y ya.
–¿Se vuelve uno a enamorar?
–Sí, pero aunque ya con malicia. Ya te pasó una vez, y vas con precaución, ¿me entiendes? El primer amor es el más bello.
–¿Le ha escrito a su primer amor?
–Pues, que yo recuerde, escribo alrededor de… como todos, alrededor del amor, del desamor, pero esa experiencia, pobre de aquel que no la tenga. Es hermoso.
–Usted tiene la facultad de crear algo con esa experiencia…
–Sí, pero no. Son cosas que son tan íntimas. Es como aquel que dice “yo tengo la fortuna de que nadie me ha olvidado”. Yo respondo que tiene la desgracia de tener quien te haya olvidado; quiere decir que nunca te han querido. Para que te puedan olvidar, necesita que te hayan tomado en cuenta. Es bonito que te olviden.