DE CÓMO LO INDÍGENA ES DISCRIMINATORIO Y PUDE DEJAR DE SERLO
De su tierra de leones
se olvidaron como niños
y aquí los aquerenciaron
la costumbre y los cariños.
Jorge Luis Borges
Primero una definición: “Dícese hoy del individuo a quien se considera como descendiente del antiguo poblador autóctono de América, sin mezcla de otra raza”; es lo que se entiende por indio, dicho en palabras Santamaría. Pero la pureza no existe, es ficción. Sin embargo, la idea de lo indígena puro, sin mezcla con otra raza tiene gran aceptación. El Convenio 169 sobre poblaciones indígenas y tribales en países independientes, considerado parte de las leyes mexicanas, incluye en su artículo 1, inciso b), a “los pueblos… considerados indígenas por el hecho de descender de poblaciones que habitan en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país en la época de la conquista o la colonización o del establecimiento en las actuales fronteras estatales y que, cualquiera que sea su situación jurídica, conservan todas sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas”. Esta definición se muestra más flexible.
Es conocido y aceptado sin discusión que en México “durante la guerra de invasión y conquista, los españoles desarrollaron una estrategia de aislamiento, persecución y sometimiento de todos los pueblos que encontraban. Inclusive, al recibir noticias de la existencia de algún pueblo, emprendían campañas militares ‘de pacificación’ para reclamar para sí territorios, riquezas, mujeres y hombres. Aún en la actualidad no es posible saber con precisión cuantos fueron los pueblos que desaparecieron completamente ante el arrasamiento total de las desequilibradas fuerzas del imperialismo español” (El movimiento nacional indígena. Congreso Nacional Indígena. http://www.laneta.apc.org/cni/mh-mni.htm). Se acepta, entonces, que los españoles estuvieron en contacto prácticamente con todo pueblo prehispánico. Los españoles conquistadores y colonizadores, en su insaciable búsqueda de riqueza hollaron el territorio nacional y, además, esparcieron su simiente; es decir, contaminaron la pureza indígena, sea cultural, religiosa, económica, política, étnica, social, etc. Independientemente de la diversidad y las diferencias de los pueblos originarios de México, existe una identidad indígena no siempre consciente y que se expresa en mitos, ritos y símbolos, muchas veces en sincretismo con el cristianismo. A decir de Federico González, “esta actitud mental y espiritual indígena ha llevado también a rechazar los usos y costumbres del hombre blanco occidental ya que no corresponden en absoluto con su cosmovisión, donde el macro y el microcosmos juegan papeles y roles precisos y armónicos, totalmente alejados de un valor individual y separado, y mucho menos de exaltación competitiva de lo personal y culto a lo más material, grosero y finito”.
Sin embargo, quienes han abordado la cuestión indígena en México han dejado en lo oscuro una presencia, la de los negros, los esclavos africanos y sus descendientes. Los esclavos africanos traídos como fuerza de trabajo estuvieron presentes en cualquier lugar donde hubo actividad económica, sean minas, haciendas, trapiches, obrajes, etc.; es decir, en todo el país. Aguirre Beltrán anota que “el hombre de mezcla fue, en gran parte, producto del ayuntamiento del español con la india, del negro con la india y, secundariamente, del español con la negra… La uniones de español y negro con india no contaron, en la mayoría de las ocasiones, con la sanción social ni con el respaldo legal. En tales condiciones los padres carecían de derechos, obligaciones y lealtades para con los hijos y, por tanto, no se hallaban compelidos por la sociedad ni por la ley a reconocerlos y ponerlos bajo su guarda y protección. La india quedó a cargo del producto de mezcla, de su crianza, socialización y endoculturación”. Frecuentemente, los afrodescendientes, entre otros hombres de mezcla, fueron absorbidos y se asimilaron a los grupos indígenas; el proceso de integración fue tan completo que muchas veces les correspondió conservar los patrones culturales nativos. Uno de los factores que facilitaron esta integración fue la similitud entre las cosmovisiones africanas y las americanas. En la actualidad, la presencia de los afrodescendientes entre los indígenas puede observarse en muchas manifestaciones culturales: danzas de negritos, Cristos negros como objetos de culto, jaripeos, música, etc. En La Zandunga se escucha “Zandunga, tú eres tehuana, / negra de mi corazón”; El Feo (frecuentemente cantada en zapoteco) dice por ahí: “Si alguien habla de mí en tu presencia / dile que yo soy tu negro santo”; y Tehuantepec recurre a la “música de una marimba”, instrumento de origen africano. En estas tres canciones tenidas como auténticamente indígenas están las huellas de la negritud. Curiosamente, la legislación oaxaqueña alude de refilón a las comunidades afromexicanas.
Conceptos como “pueblos indígenas” o “indios” son racistas, discriminatorios. En una conferencia satélite preparatoria de la Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, titulada Iniciativa indígena por la paz, Rigoberto Menchú plantea entra las múltiples formas del racismo y la discriminación las siguientes: “La falta de aceptación de (sic), además de los ataques a las prácticas culturales y espirituales, a las economías y a las formas de vida tradicionales, así como a nuestro patrimonio cultural e intelectual, a nuestros lugares sagrados y de significación histórica, de los que forman parte nuestras prácticas de salud y conocimientos farmacológicos, todo combinado con continuos intentos de apropiación de estos, incluyendo códigos humanos, animales y vegetales… Los procesos de asimilación basados en ideas de superioridad de un grupo o de una cultura sobre otra, que buscan hacer desaparecer la identidad diferenciada, indígena, considerándola inferior; incluyendo procesos de transmigración que transforman mayorías indígenas en minorías en nuestros propios territorios”. Parece no darse cuenta que está excluyendo a los afrodescendientes, que ataca sus prácticas culturales y espirituales, su patrimonio cultural e intelectual e ignora su historia; parece no enterarse que pretende hacer desaparecer una identidad diferenciada. Parece normal: no hay ciudades ni ruinas, ni historia oficial a la vista que pruebe la existencia de los afrodescendientes. No puedo olvidar a Salomón Nahmad, de la unidad del Istmo del CIESAS, quien sí da noticia de la existencia de los afrooaxaqueños, los que, según este teórico del racismo y la discriminación, son el brazo armado de los caciques y terratenientes de la región para despojar de sus tierras a los indígenas. Bueno, visiones veredes, habría que decir; en fin, la discriminación es mal democrático. Revisión merece lo indígena; reescritura merece la historia nuestra, la de los diversos. Concluyo con una mención chouvinista: Dice Pavía Guzmán que a Tlapa, tenido como lugar indígena, llegaron los negros, disfrazados de “gente de razón” y, finalmente, al encontrar condiciones para establecerse, tiraron el disfraz y se asumieron como negros. Y vivieron felices e infelices entre indias e indios y españoles y no-negros, habitando y cohabitando.