ARS AMANDI DEL GAVILANCILLO DEL VIENTO
me quieren pa’ golosina
porque he nacido prietito
A. C.
¿Que si le gustan las mujeres? ¡Claro que sí! ¿Cómo que no? ¡No fuera de la Costa Chica! Pinotepa me gustó/ por sus sensuales inditas;/ Lo de Soto me encantó/ por sus bellas morenitas, dice por boca de Álvaro Carrillo todo costeño que se asuma costachiqueño, y agrega: Es verdad que Ometepec/ lindas mujeres tenía,/ pero en Cacahuatepec/ encontré la reina mía.
“Para todas tienes, Moreno”, me pienso aunque no me lo diga a mí mismo sino a mis otros mí mismos, no enterados aún de mi condición de Enamora’o-Como-Perro-Flojo. Y disgrego porque la fantasía fantasea conmigo y enmigo: ¡Ah, malhaya, pudiera yo con todas! Ser águila de las peñas,/ gavilancillo del viento/ soy el de las costeñas/ que a todas les doy contento. Indias, mestizas, negras u ometepecanas; pinotepeñas, cortijanas, cacahuatecas, amuzgueñas, soteñas, vistahermosianas y tlacamamenses; morenas o morenitas, sensuales, bellas, prendas del alma, ingratas, chaparritas, capullos, palomas, chiquitas, angelitos, corazoncitos, nenas, mujeres, muchachas, mamacitas, preciosas, cachetes color de rosa, sureñas, finas y hasta lindas morenitas con patas de chichalaco. Y agrego a las chinitas, que olvidaba por falla no freudiana sino por venganza ante el desdeño sistemático que he sufrido por las cuculustas de verdad.
En la chilena asume y resume don Álvaro la pasión amatoria o erótica del costeño o atribuida a él. Y la pasión aparece acompañada de la alegría, la fiesta, el baile, lo arrecho, pues. La arrechura, una de las características culturales evidentes, manifestada en la música: yo soy coplero/ y te estoy cantando/ porque nació en tu suelo/ la morenita que estoy amando// Me gustan tus mujeres/ aunque no sepa/ yo seguiré cantando/ que viva la Costa con Pinotepa// Mis canciones van volando/ rumbo a Vista Hermosa,/ donde hay muchas mestizas/ y también indias preciosas// Te vengo a cantar con gusto/ mi más hermosa canción. Y para mejor convertirla en cómplice de amores, amiga de pasiones, se la invita: Éntrale negra bonita/ vente conmigo a cantar/ esta alegre chilenita/ que te voy a dedicar. Al baile también va la pasión amatoria: Si zapateas bonito/ yo te prometo/ hacer con el polvito/de tus zapatos/ un amuleto. Porque, después de la bravura, la felicidad y el contento son signos de la costeñitud: Viva el sol, viva la luna,/ viva la luz del día./ Donde están los costeñitos/ nunca falta la alegría.
¿Que si gusta a las mujeres? No se sabe. Y de lo que se sabe, como que no mucho, aunque tal vez no importa porque se trata de ser El Amante, no el amado; se trata de enamorarlas aunque no correspondan. Cual Cupido, tirar flechas y flechar, pedir: Negra, dame tus ojitos/ para completar dos pares/ porque con los míos solitos/ no puedo llorar mis males.// …la palabra que me diste/ en el corazón la tengo/ y como no me cumpliste/ a que me la cumplas vengo.//… prenda del alma que tengo,/ quiéreme, no seas ingrata, / que yo por amarte vengo/…que me duele el corazón./ Apúrate chaparrita/ a calmar este dolor.// …que me dé suerte/ para que me quieras/ y me acompañes hasta la muerte; prometer: Si quieres ir al cielo/ sueña conmigo,/ porque al cielo se llega/ con las cositas que yo te digo; amenazar: Soy necio en cuestión de amores,/ no me voy a retirar/ aunque de rodillas llores; y, ya de plano, aceptar que no es amado: Tú pensando en que me voy,/ yo pensando en ti o reconocer que la pasión es pasajera, es arrechura de momento, rabia del deseo, motivo de disfrute y ya: La pasión de ayer, mi nena,/ poco a poco se acabó./ Sólo la alegre chilena/ que cantamos, esa no.
El gusto está más en el enamoramiento que en el amor, y se manifiesta en el jugueteo, donde ella es apenas motivo, provocación de la arrechura: Cuídate, linda sureña,/ no me quieras dar picones;/ dime si con otro sueñas,/ para cambiar mis pasiones// …pero cuida tu boquita/ no te la vaya a besar. Y peligrosas pueden resultar, las coquetas: No hay que hacer adoración/ de las que se andan sonriendo,/ porque llega la ocasión/ que al pobre lo están engriendo/ y lo dejan como el farol:/ por fuera inflado y por dentro ardiendo; peligrosas e interesadas en el dinero, engañadoras de pobres. Falsas pueden ser, si no ellas, sus palabras sí: Papeles son papeles,/ cartas con cartas;/ palabras de mujeres/ siempre son falsas. Ni siquiera se parece a la que es en realidad, la morena cerrera/ de cuerpo cenceño/ y alma cimarrona. O su alma ya no es tan cimarrona.
Pero como costeños no hay sólo uno, sino se dan por puñadas, ¿quién ha de ser el mero mero, el Juiqui-Juiqui Ñanga-Ñanga? Que con sus dudas se despidió don Álvaro: Entre tantos gavilanes/ ¿quién te comerá, paloma? Y en mientras ella lo dilucida (es decir, juega a decir que sí y que no), él juega a que ella lo prefiere: me he tardado despidiendo/ porque en la boca tenías/ un besito deteniendo;/ ya mero te lo pedía/ para írmelo comiendo. O si no, se lo imagina.