LOS ORÍGENES DE LA PRESENCIA DE LOS NEGROS EN MÉXICO
ANTES DE LA HISTORIA hubo una presencia; así lo muestran las magníficas cabezas olmecas de la zona del Golfo de México. Miradas con detenimiento y dentro del conjunto de la iconografía olmeca, se distinguen de los demás objetos (labrados, esculpidos, amasados o dibujados) cotidianos y rituales. No son retratos estilizados del jaguar ni de la serpiente ave: son retratos físicos de personas, tal vez personajes o sólo personas. Excepto que su realismo sea irreal y realmente sea producto abstracto, estilizado de una cultura en plena madurez creativa.
Dejemos de elucubrar, por hoy, comencemos con lo históricamente verdadero.
Cuando los españoles llegaron a playas de las Indias Occidentales, España se expandía por Europa y Portugal por África: era el reparto del mundo conocido. La búsqueda del Oriente condujo a un continente de promesas: eterna juventud, oro, ciudades utópicas... sobre todo oro, oro en polvo, oro en barras, oro en arcas, oro en toneles: dulce música del oro acuñado cayendo, rebrincando, sobre la mesa del banquero: música celestial —diría Colón por boca de Carpentier—. Y se quedaron a vivir.
A México llegaron desde las Antillas como esclavos domesticados, como siervos de conquistadores: hablaban castilla y juraban en vano el nombre de Dios. Negros latinizados. Cortés, Juan Núñez Sedeño, Pánfilo de Narváez, entre otros, tenían negros africanos latinizados. El negro Juan Garrido introdujo el trigo a la Nueva España; un negro de Narváez introdujo las viruelas —que mucho apaciguaron a los rejegos indios que se negaban a ser civilizados, a besar la Sacrosantísima Cruz y que desdeñaban, los ignorantes, el honor de ser súbditos fieles de Su Majestad—. Cuando lo de la explotación de minas, de la agricultura, la ganadería, los obrajes, los ingenios, y los trabajos domésticos —muchos de estos en campos de pluma—, se agrandó, la mano de obra indígena no fue suficiente (por el maltrato, las epidemias y el humanitarismo religioso español); y fue fácil mitificar la capacidad de trabajo de los negros africanos para hacerlos traer por los portugueses. Que un negro trabaja por cuatro indios es falso; tres elementos concurrieron para que la selección aportara los más fuertes y capaces: los grupos tribales de procedencia —bantúes y sudaneses— eran jóvenes; también eran jóvenes los esclavos y esclavas traídos (una por cada dos de ellos), su edad no rebasaba los 22 años y el promedio era de 18 años; y, en fin, la travesía: la captura —por blancos o negros auspiciados por los blancos, con violencia casi siempre—, el trayecto desde el interior del continente hasta las costas de embarque, el encierro en las factorías donde se juntaban las cargazones, y el viaje de meses en las sentinas de los barcos negreros, cuya altura no rebasaba un metro y los obligaba a permanecer acostados durante el viaje, comiendo bazofia y enfermos de disentería. Sin embargo, su periodo productivo no rebasaba los quince años. Luego, no importaba que fuesen civilizados: en los inicios de la trata de esclavos se procuraba que fuesen cristianizados y castellanizados; la enorme demanda convirtió en sutilezas estos requerimientos: genoveses y venecianos, portugueses, holandeses, ingleses, franceses y otras heces europeas cumplieron con la cristiana y generosa tarea de abastecer durante tres siglos, legalmente y por contrabando, el mercado de esclavos negros africanos que requerían las Indias Occidentales –los esclavos asiáticos, llegados a Acapulco procedentes de Filipinas en el Galeón de la China, tuvieron poca demanda. Del área del Congo, de la subárea de Guinea y del área del Sudán occidental fueron arrancados los negros que, mal que les pesara, fueron traídos a la Nueva España. Según María Guevara Sanginés, los habitantes del área del Congo eran agricultores, ceramistas, herreros; fabricaban máscaras, usaban el lenguaje del tambor y se tatuaban la piel. Las lenguas que hablan pertenecen a la familia lingüística bantú. En la región de la costa de Guinea se hablan las lenguas del grupo sudanés. En ella se desarrollaron grandes reinos como los Benín, Dahomey, Ashanti y Yoruba. Practicaron las artes mágicas y adivinatorias; tenían una escritura rudimentaria... Los pueblos del área del Súdan occidental son agricultores y pastores que se organizaron en reinos entre cuyas ruinas se encuentran Zaria, Kano y Tumbuctú. Se distinguieron por sus trabajos en hierro, madera y cerámica. Desarrollaron un sincretismo religioso producto de las creencias mahometanas y de las religiones naturales en donde las prácticas mágicas y adivinatorias son muy importantes...
Los puertos autorizados para la entrada de los negros, y de otras mercancías, a la Nueva España eran Veracruz, Pánuco y Campeche; aunque los últimos no tuvieron la importancia del primero. El contrabando encontró más puertos que estos. Mas, como todo, la esclavitud dejó de ser un negocio rentable y sirvió para que los ingleses, fundamentalmente, introdujeran de contrabando mercaderías manufacturadas —ron, azúcar, telas...—; una de las causas fue la gran oferta de piezas de ébano; otra, la disminución de la demanda: el intenso mestizaje provocó un considerable aumento de la población —se sabe que se utilizaba a los negros, y después a los mulatos, como sementales dada su condición de fortaleza para el trabajo y porque un nuevo esclavo significaba ganancias para el amo; también propiciaban los amos las costumbres licenciosas, y nada cristianas, de sus esclavas con el propósito insano de que fuesen preñadas y pariesen, engrosando su número de esclavos—, engendrando las castas, al grado tal que, según Aguirre Beltrán, en México —sólo en la ciudad de México— existían por 1743 más de 100 000 familias de mestizos y mulatos en una situación de miseria suficiente para permitirles competir ventajosamente con el trabajo esclavista. La última provincia que recibió mano de obra esclavista fue Tabasco.
El 19 de diciembre de 1817, la gracia del rey de España se manifestó al prohibir a todos sus súbditos la compra de negros africanos: El rompimiento y cultivo de las tierras y el beneficio de las minas exigió el empleo de brazos robustos y activos. Esta providencia, que no creaba la esclavitud, sino que aprovechaba la que ya existía por la barbarie de los africanos para salvar de la muerte a sus prisioneros, y aliviar su triste condición, lejos de ser perjudicial para los de África, transportados a América, les proporcionaba no sólo el incomparable beneficio de ser instruidos en el conocimiento del Dios verdadero, y de la Única religión con que este supremo Ser quiere ser adorado de sus criaturas, sino también todas las ventajas que trae consigo la civilización. Dios guarde a Su Majestad.
Pseudovenganza: uno de esos majestuosos reyes blancos, Carlos V, hoy viste de chocolate, es decir, de moreno, prieto, obscuro, obscurecido, denegrido, atezado, bruno, negruzco, ennegrecido, fuliginoso, fusco, negrestino, negruno, nigrescente, retinto, endrino, sable, atramento, azabachado, pizmiento, tapetado, tostado, ahumado, quemado, negral, morado, tezado, como el betún, como el ala del cuervo, como carrretera, africano o, como dijo el maestro Quevedo, perrengue o perro.