POR QUÉ GANÓ EL PRD EN CUAJINICUILAPA
Para Betsy, que ahora reconoce mis talentos políticos
Y el secreto es que no hay secreto.
Lluís Llach
Si la elección fuese hoy, cuando los resultados son de sobra conocidos, los votos a favor de Vicente Cortés Rodríguez serían casi nueve mil: ahora casi todo mundo dice haber votado por él, aunque se sepa que no todos los electores que sufragaron lo beneficiaron. Es así: cuando se gana todos se convierten en los artífices del triunfo; cuando se pierde, sólo a algunos pendejos se les enjareta la derrota. Y hay muchos triunfadores, demasiados, y triunfalistas. Era un triunfo anunciado, dicen muchos. Todos sabían que el PRD iba a ganar, argumentan pero no fundan sus predicciones en hechos mensurables. Hace tres años se pensó y dijo y presumió que se iba a ganar; y se perdió. Hace seis años la historia fue similar. Se tuvo a la gente; no se obtuvo el triunfo. Algo no se hizo bien en ambas ocasiones.
El primer factor para el triunfo del 2 de octubre pasado fue la unidad de la mayoría de los distintos grupos del Partido de la Revolución Democrática. Y el forjador de esa unidad tiene nombre y apellidos: Andrés Manzano Añorve. Honor a quien honor merece, ni menos ni más. Andrés vino a Cuaji para ser factor de unidad en el PRD, despojado de la ambición que el poder inocula, modesto e inteligente. Trabajó hasta el cansancio, provisto de una paciencia casi infinita, rayana de la indefensión; ello le permitió ceder sin dificultades ni egoísmo, teniendo siempre un objetivo entre ceja y ceja: la unidad del partido para ganar la elección. Después de siete mil obstáculos (la mayoría provocados por la ambición de grupos que se disputaban la tutela de Vicente Cortés, a quien habían involucrado en el dilema de “candidatura o muerte”), se logró un acuerdo para dirimir la figura que encabezaría la planilla del PRD. Hago un paréntesis técnico: me refiero al PRD y no a la Coalición Cuaji Será Mejor (nombre con el que se registró la planilla), porque fue el partido quien dio la cara, pues la tal coalición fue una invención y una imposición del comité ejecutivo estatal. Regreso a la argumentación principal: los resultados de la encuesta entre los precandidatos registrados dieron el primer lugar a Vicente Cortés, el segundo a Andrés Manzano, el tercero a Bulmaro Zavaleta y el cuarto a Bulmaro Noyola, quien abandonaría la planilla por considerar que el porcentaje obtenido no era fidedigno: no lo favorecía. En ese acuerdo se estipuló que los grupos políticos contendientes propondrían a tales o cuales individuos para tales o cuales cargos administrativos en caso de ganar. Adyacente a la propuesta de unidad (o tal vez en el mismo centro de la propuesta) estuvo la figura de Andrés Manzano como gobernante del municipio hace tres trienios: en muchas de las visitas domiciliarias, casa por casa, la gente reconocía su gestión como positiva y hacía recuento de las obras realizadas en ese periodo y, sobre todo, la seguridad pública proporcionada por ese gobierno. Pa’ acabar pronto: sin Andrés Manzano no se hubiera ganado.
Otro factor decisivo en el triunfo del PRD fue el carisma de Vicente Cortés. Hombre joven, emprendedor, bondadoso, honesto y trabajador. En todas las comunidades del municipio de Cuajinicuilapa la figura de Vicente Cortés es bien conocida y el respaldo de los campesinos, agricultores, ganaderos y demás trabajadores del campo fue masivo, no sólo de los militantes y simpatizantes tradicionales del PRD, sino de una amplia gama de militantes y no militantes de partidos políticos: dentro del mismo partido, en el Partido Revolucionario Institucional, por ejemplo, y de esa entelequia que ahora dan en llamar “sociedad civil”. Regreso a la estratagema del paréntesis para reflexionar en voz abierta sobre esas entelequias ideológicas que la política o los políticos invocan e inventan: hace años el ente de moda era “el pueblo”; los progres de ahora hablan de “sociedad civil”. En este mi municipio (donde vivo pero que no me pertenece) los aprendices de políticos o pseudopolíticos (es decir, los que juegan a la política con la izquierda y saludan con la derecha) como no quieren mancharse las manos con el vulgar vulgo o sea “el pueblo”, invocan y se escudan en el término “sociedad civil”, esa masa que por sí misma es incapaz de organizarse y obtener triunfos electorales. Es curioso que muchos sociedadcivilistas hayan estado apoyando a Vicente en la precampaña y, al firmarse el acuerdo de unidad, hayan ido a refugiarse en las atalayas de la Sociedad Civil (con mayúsculas, como les gusta afirmar a dos carrillos), e incluso hayan promovido el voto de castigo contra la planilla por no cubrir sus expectativas y, finalmente, se atribuyan un triunfo contra el que lucharon (“Preferimos perder a que ellos ganen”, expresaba, por ejemplo, un maestro venderropa, quien ahora pretende ser presidente del PRD, un partido que no existe, según su mismo decir). En este mundo nadie es indispensable, asevera el filósofo involuntario JuanGa, para lección de legos y expertos; tómese nota. En fin, Vicente trabajó y trabajó para ganar, estando a la cabeza no de algunas fracciones del PRD sino de un movimiento ciudadano que rebasaba al partido y al que éste dio cohesión, organización y triunfo.
El tercer factor fue la organización del partido. Con facilidad pasmosa se repite que en Cuaji no existe el PRD, que el partido no existe, que el comité ejecutivo municipal no está a la altura de las circunstancias. Sin embargo, las dos últimas elecciones se han ganado (la de Zeferino y la de Vicente y del diputado local) y por márgenes amplios, históricos ambos: casi novecientos votos de diferencia en el primer caso y más de mil setecientos en el segundo. Si bien es cierto que los candidatos han sido pieza central en tales elecciones, no es menos cierto que una buena campaña (austeras ambas, por cierto) y una eficiente estructura electoral han cristalizado, han numerizado (anoto por neologizar) estas victorias. Se rebasó el “ya merito”, ya no se tuvo que recurrir al consuelo de “perdimos por poquitos votos”. Y ese trabajo de encauzar hacia las urnas los votos en el aire (de propaganda y promoción al voto y de movilización de votantes) y de defender cada uno de ellos es responsabilidad, ha sido responsabilidad de quienes desde el comité han organizado a los pocos militantes dispuestos a colaborar para competir decorosamente y ganar las elecciones. Porque el partido es el que es y cuenta con los que cuenta; es decir, aunque se esté lejos del ideal de un partido moderno y de izquierda, la mínima estructura partidista con que se cuenta ha sido suficiente para garantizar estos triunfos. Y ahora elucubro: si se tuviese el doble, por ejemplo, de recursos económicos y humanos involucrados en las tareas del partido, seguro que hablaríamos de resultados mejores. Hacia allá debe irse. Por esta razón, y hablo de la elección que viene, la estructura partidista debe fortalecerse y mejorarse, porque ha sido eficiente. En este caso, referente a la organización de la pasada elección, el mérito es de Edgar Paz, presidente del partido. En un ejército de pocos guachos y demasiados generales, la diferencia la marcó la estructura.
Un último factor (cuando menos para este análisis, que no pretende ni podría agotarlos) fue la participación ciudadana: En efecto, las expectativas de los ciudadanos de Cuajinicuilapa se volcaron en Vicente Cortés y Andrés Manzano, juventud y experiencia, y en sus propuestas para abatir la inseguridad, incentivar empleos, resolver los problemas de abasto de agua potable, drenaje y pavimentación, etc. En este movimiento pueden ubicarse ciudadanos con y sin partido y, además, militantes y simpatizantes de todos los partidos. Vale poner atención en que el número de electores rebasó el cincuenta por ciento de los anotados en el padrón; fue una elección copiosa motivada por la participación de partidos como el PAN, el PT y Convergencia Democrática, además, claro está, del PRI y el PRD. Y también conviene tener presente que el triunfo se obtuvo por más del cincuenta por ciento de los votos emitidos. Los ciudadanos, pues, eligieron la planilla ganadora, la que integrará la mayoría en el Ayuntamiento Municipal. En este caso, el apoyo de la “sociedad civil” favoreció al PRD y no a otro partido. En un sistema de partidos como el nuestro, las aspiraciones políticas de los ciudadanos pasan por estos organismos políticos, quienes los representan, para bien o para mal. A los ciudadanos compete, en consecuencia, vigilar y exigir que los resultados del gobierno electo se comporten y ajusten conforme a las necesidades de la población: la democracia que vivimos requiere, pues, que pasen de electores a co-gobernantes. Y la palabra está en el viento.