SUSPIRO CON TIRANÍA (Rastros del cimarronaje en la copla de mujeres)
Versos que sobrepasan en esplendor a Sirio/ y de los cuales no se desvía el elogio sincero.
El corazón se vuelca por entero en su favor/ y ellos se adentran en el corazón sin permiso.
(Ignoro de quién son estos versos)
SUMISIÓN Y REBELIÓN
La presencia de los africanos en México está ligada a la violencia. Arrancados de sus culturas, sus familias, sus territorios y sus personas, los africanos fueron esclavizados y reducidos a la condición de mercancías; su explotación contribuyó grandemente a la acumulación de capital que cambió de raíz el planeta: una de sus consecuencias fue la Revolución industrial, fuerza que dio tal impulso al capitalismo que hoy día vivimos una constante y asombrosa revolución tecnológica. Este proceso de esclavización se basó en la fuerza bruta, utilizó la violencia para capturar hombres y mujeres que sirvieran como fuerza de trabajo en las plantaciones de caña de azúcar, de tabaco y algodón, en las minas y los obrajes, en la cría de ganado, en las casas de los europeos, etc. Aprovechando y provocando rencillas y peleas entre grupos tribales y pueblos, los europeos obtuvieron personas para convertirlas en esclavos, en piezas de ébano, en mercancías. Desde los inicios de la Colonia en la Nueva España, los africanos esclavos tuvieron dos modos de asumir la sujeción: con la sumisión o con la rebeldía. Los europeos poderosos tenían como esclavos acompañantes a negros autorizados para portar y utilizar armas en defensa de su amo. Los esclavos domésticos, sobre todo, se asimilaron a través de la servidumbre y, en ocasiones, pudieron obtener su libertad como dádiva o comprándola con oro. En las ciudades, los esclavos se rebelaron contra los españoles (para ejemplo, el alzamiento de 1537 en la ciudad de México, que fue reprimido a sangre y muerte por órdenes del Virrey Antonio de Mendoza); y en las zonas rurales, la huída y las rebeliones fueron más frecuentes.
Aunque muchos investigadores niegan el fenómeno y pretenden “desmitificarlo”, el cimarronaje fue permanente y decisivo para la conformación de las actuales comunidades afromexicanas de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca; independientemente de que el fenómeno se puede documentar y constatar sin refutaciones en la población de Yanga (primer palenque donde los cimarrones lograron negociar con la autoridad colonial y obtener tierra y libertad) o la ciudad de Córdoba (creada con el propósito de combatir a los cimarrones). Huatulco, Coyula, Huaspaltepec, Acapulco (La Sabana), son nombres ligados al cimarronaje. Por otro lado, las cien familias de negros que trajera don Tristán de Luna y Arellano a la zona de la Costa Chica, “recobraron” y ejercieron su libertad al vivir casi sin sujeción.
LOS MODOS DE LA INDEPENDENCIA
En la copla popular de la Costa Chica es posible encontrar los rastros del cimarronaje. Valores como el gusto, el orgullo, lo igualado, son ejemplos de una conducta independiente, de la capacidad de los afromexicanos para asumir la responsabilidad de su persona. Son valores que denotan la actitud de resistencia, de rebeldía ante la intromisión y la imposición de extraños y ajenos. Lo más revelador del asunto es que tales valores no sólo competen a los hombres, como generalmente se piensa, sino que son vividos y expresados por las mujeres.
Las coplas analizadas se recogieron en Cerro de las Tablas, Comaltepec, Cuajinicuilapa y San Nicolás, en el estado de Guerrero, y fueron referidas por mujeres –algunas ya fallecidas como Constancia Mamatancha Jarquín, tía Nina Figueroa y doña Amada Chegüe; y otras que todavía andan por esos rumbos diciendo sus versos, como doña Catalina Bruno y doña Berta Calleja.
El gusto
Este concepto se refiere a la toma de decisiones personales, al ejercicio de la voluntad para vivir según los principios individuales, independientemente de las consecuencias que vengan. "Corazón, que por un bien/ anda mi amor en disgusto,/ corazón, paciencia ten,/ tú quisiste, fue tu gusto/ de amar sin saber a quién/ y es causa de tu disgusto." El verso “tú quisiste, fue tu gusto” es significativo pues la voz que conversa con su corazón le pide que acepte las consecuencias por haber amado y estar lastimado por el amor trunco, por la falta de correspondencia, siendo que hizo lo que se le dio en gana y, en esencia, esa decisión por sí misma vale la pena y justifica la conducta tenida. "–Vámonos chinche al piquete,/ le dijo la pulga al piojo./ Contigo me he de casar,/ y no le hace que seas flojo." En esta copla, además de que la protagonista pretende hacer su gusto al casarse con hombre flojo, toma la iniciativa al ser ella quien actúa. Y el ejercicio de la voluntad, según el gusto, se aleja del capricho porque se asumen sin tibiezas las consecuencias visibles y posibles –en este caso la condición de flojo del doncello púbero, y la consecuente ausencia de maíz para las tortillas porque, de seguro, ni milpa hace el hombrecito, aunque, y de muy seguro, sea bueno para hacer tronar el catre talámico.
[1] Entojo: antojo.