Esteban Bernal, el hombre del acordeón del Mar Azul
(tercera parte y última)
EDUARDO AÑORVE ZAPATA: ¿Ayuda la música a conquistar mujeres?
ESTEBAN BERNAL: La mera neta, sí. Yo he tenido novias nomás porque la música mía la oían las muchachas allá en México. Yo nunca había ido a México, y cuando fui yo ya tenía una novia sin conocerla, nomás porque oía los discos de Mar Azul. Ya, pues, cuando llegamos a un centro que está por Portales… este…
E. A.: ¿El California?
E. B.: Ese. Entonces llegó ella y preguntó: “¿Quién es Esteban Bernal?”. “Se anda cambiando, por allá”, le dijeron. Cuando regresé, ya estaba la muchacha allí, ¿no? Una mujer bonita, era de Río Grande, de acá, de Oaxaca. Dice: “Mira, me llamo Toña”, y me da la mano y me abraza. Has de cuenta que ya me conocía; yo ni sabía quién era esa mujer, hasta me extrañó, de veras. Pensé que, cuando me dijeron “te andan buscando”, a la mejor me quedrán echar preso. Yo no debo nada. Quién sabe. No, era una novia, y tenía un reloj. Dice: “Mira, te regalo este reloj, te regalo este llavero con el nombre tuyo y el mío”. Nos vamos a bailar, y has de cuenta que ya tenía tiempo ya de… ¡N’ombre! Tal vez ni me crees.
E. A.: Lo creo, porque dicen que la música hace que la gente se sienta bien, sobre todo cuando la música le llega a la gente.
E. B.: Sí, así es.
E. A.: ¿La música le ha dado dinero?
E. B.: Sí, me ha dado dinero. Lo que pasa es que cuando anduvimos con Jesús Hernández, ese amigo nunca soltaba el billete, siempre nos daba medidito, ahí nomás para que comiéramos. Ahora en esta organización, la verdad, hemos sacado más dinero que cuando anduvimos con José Tornés juntos y con Jesús Hernández. ¿Por qué? Porque ahora hay una buena administración: se pagan los gastos y a lo último, si nos quedan algunos diez mil pesos nos repartimos de a dos mil cada uno. Yo en aquel tiempo tuve ganas de repartirnos. No pasaba uno de unos ciento cincuenta, de doscientos. Nunca pude hacer, ni siquiera comprar un humilde tabique del Mar Azul, nunca tuve ese orgullo cuando anduve con Jesús Hernández o José Tornés. Hasta ahora que nos quedamos solos, que nos dejó Jesús Hernández. Yo me salí como dos años; me fui para Tierra Caliente y allá entré en un grupo, y hice una casa de doce metros.
E. A.: ¿Cómo se llama ese grupo?
E. B.: Se llamaba, porque ya se desbarató, Los Astros de Nuevo Guerrero, a un lado de Tlapehuala. Después me salí de allí y entré con otros de Arcelia; y allí, acabando de tocar me decían: “Aquí está tu lana”.
E. A.: ¿Y cómo es que vuelve a salir el Mar Azul? ¿Había desaparecido o qué?
E. B.: No, había bajado. El nombre ya era una basura…
E. A.: ¿Quién tocaba con el nombre de Mar Azul?
E. B.: Se quedaron mis mismos compañeros, los que yo te mencioné. Yo me enojé con ellos, (a) causa de que trajimos un equipo de voz de Estados Unidos y el que toca el güiro lo quería tener puro en su casa. Así que me enojo y me vengo para acá, para San Nicolás. Y estuve cinco o seis años sin tocar. Yo vendía ropa, no me da vergüenza decir que vendía ropa. Después, me vinieron a ver porque el acordeonista que traían ellos era un menta’o Aarón, pero el hombre no tiene los mismos sentidos que tengo yo. Bueno pa’ tocar el acordeón, pero nunca los sacó de apuros. Lo único que hacía es que, pasaban tres meses y les cobraba más y les cobraba más, y ya no aguantaron, y fueron a verme para que siempre sí me fuera con ellos a trabajar. Y volví más con ellos. Cuando yo me fui con ellos grabé un disco acá en Pinotepa, donde viene una canción que se llama Las mujeres de mi barrio, Recordando a Montecillos, Me voy para Acapulco, Mi reinita, y Mar Azul, n’ombre, la medio quiso levantar, pero no tuvimos buen grupo porque la marca era chica y nos volvimos a regresar con El Puma. Entonces, sí, fue cuando grabé Carolina y fue la salvación del grupo, cuando el grupo se fue más arriba, porque el nombre era una basura.
E. A.: ¿Y cómo surgió Ya me voy pa’ Carolina?
E. B.: La verdad, mano, yo tenía una mujer que era de Arcelia; pero, por envidias de una vecina, que me tiraba tierra de camposanto, me enterró unas monedas, se me fue. Y me llevé a otra mujer, Reinita, de San Nicolás, a vivir conmigo. El caso es que, a los quince días, mi mujer me dijo lo mismo que había dicho otra mujer que también se había ido: “Yo me quiero ir para mi casa”, así que se regresó. Y fue cuando me junté con Melitón Cisneros y Pellejo Petatán en una vela, en Montecillos. Y me dijeron: “¿Sabes qué? Ayer se vino Reinita con Melitón, y le sacamos la sopa, de que tú, tú te la pasas puro durmiendo y por eso se fue”. Pero esos eran puros inventos. Entonces yo, pensé en el viaje para Carolina. Dije: “No, pues, ya se fue mi mujer; se fue la otra que me traje. ¿Qué le negoceo? Ya me voy para Carolina, a ver cuándo pero me voy”. Y de ahí salió la canción: “Ya me voy a Carolina / y no voy arrepentido / porque todas las mujeres / no querían vivir conmigo”. Decía la canción: “Melitón Cisnero’ y Pedro / me fueron a reclamar: / ‘Dicen que tú ya no puedes / por eso ellas se te van”. Pero, ultimadamente, lo saqué de la lista porque andaban ellos queriendo tener pleito. Después me reclamaba Pellejo: “Oye, me sacaste de la lista”. Sí, pero con ellos me llevo bien.
E. A.: ¿La hizo, esa canción?
E. B.: ¡N’ombre! Esa canción, ¡olvídate! Por dondequiera. Ahora la copia Jesús Hernández, la volvió a grabar más. Y le preguntan a Chanín Ventura, el que toca el acordeón, “Oye, ¿de quién es esa canción?” Y responde: “Es mía, es mía, mía. Nomás que Esteban me la grabó”. En la misma canción dice “Esteban Bernal”, y todavía no tiene pena de decir que es de él.
E. A.: ¿No se llevan?
E. B: Pues sí, nos llevamos, pero la envidia, pues. Ellos quisieran ser pero no lo son.
E. A.: Pero salieron beneficiados…
E. B.: Sí, claro, claro. Han sacado dinero. Y ha(n) habido lugares donde ellos han ido a tocar y prau. Apenas me contaron a mí que fueron a tocar a Las Iguanas: “No sirvió para nada ese Mar Azul”, dicen. Fuimos a tocar a Ometepec, y me dice un amigo: “Yo vine, y dije: si es ese Mar Azul, ese original, me voy pa’ mi casa mejor. Pero no, lo bueno que son ustedes”. Contenta quedó la gente en Ometepec.
E. A.: ¿Ha tenido muchos acordeones?
E. B.: La mera verdad, cuando anduve con el Mar Azul, un solo acordeón, un solo acordeón…
E. A.: ¿Y eso por qué?
E. B.: Porque nunca querían sacar dinero de su bolsa, puro pa’ su bolsa; dinero que agarraban no querían soltar ni un peso. He tenido el gusto de traer tres, hasta cuatro acordeones, ahora que ya no ando junto con el Mar Azul de Jesús Hernández, ya andamos aparte nosotros, ya. Pero cuando andaba yo con Jesús Hernández tuve deseos de tener dos o tres acordeones, y nunca. Una vez que alternamos con Aniceto Molina, hasta me daba vergüenza porque, un acordeoncito y ese acordeoncito sacaba todas las canciones, todas. ¡N’ombre! Él traía como cinco acordeones, y lo envidiaba. ¡Como saber Dios!