ANTIGUOS Y ORIGINARIOS DE CUAJINICUILAPA
La verdad que se oculta envilece
P. C. N.
No todo es negridad en la zona de Quaxinicuilapan. Los zapotecas dejaron huella que aún permanece en el municipio. Al parecer, Piedra Labrada, situada al norte de la cabecera municipal, era una ciudad principal y nucleaba a otras poblaciones; con certeza se sabe que Comaltepec y El Terrero eran localidades emparentadas con aquella; se puede aventurar que Barajillas, El Cuije, Cerro de las Tablas, El Quizá y Rancho de Santiago, entre otros lugares, también lo fueron. Conviven, con los zapotecas, rasgos culturales teotihuacanos y mixtecas. Hablamos del periodo Clásico, ubicado entre los años 200 y 800 d. C. En la parte suroeste del municipio habitaron los Cuahuiteca; sobre ellos los datos son ambiguos. Según la Relación de Cuahuitlán, su idioma era el mixteco; según la Relación de Xalapa, Cintla y Acatlán, era el cuahuiteca; en la primera, Cosme de Cangas censa cuarenta mil hombres antes de la Conquista española; en la segunda se dice que tuvo más de veinte mil. Cuahuitlán estuvo sujeto al cacicazgo Mixteca de Tututepec; alrededor de 1497 pasó a depender de los aztecas, y tuvieron que adoptar el nahua como idioma oficial. A fines del XVI, Cuahuitlán quedó reducido a un pequeño paraje, una cuadrilla; del idioma no quedó el menor recuerdo. Cuahuitlán, del nahua quahu, "palo" y tlan, "llano", refiriéndose a un "palo muy grande" que se encontraba en la llanada y que era el sagrado pochotl indígena, la pochota del cuijleño, la ceiba que hasta hace algunas décadas presidía en Cuajinicuilapa y San Nicolás las grandes festividades religiosas.
Otro de los grupos étnicos con presencia en la zona fue el amuzgo. Hay tres versiones de su llegada: una los se refiere a sus semejanzas con tribus sudamericanas (incas y chibchas) y habla de la travesía de alguna de ellas hasta la actual Costa Chica, en terrenos periféricos a los ocupados por los mixtecas. Otra, sustentada en estudios lingüísticos, propone que el protomixteco, proveniente del norte, se encontraba presente en el centro del país desde el 2,500 a. C., de donde bajaron los amuzgos para establecerse, alrededor de XI o XII d. C., al norte del hoy pueblo de Xicayán de Tovar (luego se desplazarían al occidente). De la mar venían los amuzgos, de Indonesia al parecer, según la tercera versión, basada en la tradición oral y en su lengua: dice Bartolomé López. En suma, que los amuzgos dicen venir de las tierras de en medio –islas– y tener un idioma que viene del agua. Llegaron, entonces, los amuzgos hace siglos a las costas de la Mar del Sur y allí se establecieron –una tradición oral recuerda que fundaron, entre otros, un pueblo en las cercanías de San Nicolás, tal vez Coyotepec; de ahí emigrarían para fundar Cozoyoapan–. Vivieron libres hasta el año 1,100, cuando fueron sometidos por los mixtecas, por lo que pagaban como tributo a Tututepec algodón, telas, plumas, pieles, oro, maíz, frijol y chile. Después llegarían a dominarlos los ayacastecas y tuvieron que rendirles tributo. Al parecer, durante muchos años, los mixtecas y los ayacastecas se alternaron en asunto de exaccionar a los amuzgos costeños. Huyendo, varios grupos se remontaron para formar Xochistlahuaca, Cochoapa, Zacualpan, Huehuetónoc, Tlacoachistlahuaca, Ayotzinapa, Cuananchinincha, Huixtepec, Acatepec, Acalmani, Quetzalapa, Chalacachapa y más pueblos en la zona templada. Otros grupos permanecieron en los asentamientos tradicionales; luego, vendrían a someterlos los aztecas y serían los señores dueños de su tributo –algunos investigadores dicen que desde 1350, otros hablan de 1457–. Lo cierto es que los amuzgos estuvieron en contacto permanente con varios grupos indígenas.
Aunque Raúl Vélez Calvo propone que “la presencia de los invasores (aztecas) no influyó de manera notable en las costumbres de estos indígenas; sin embargo, dejaron en su idioma algunas palabras nahuas e impusieron nombre a los principales poblados, casi todos traducción literal del nombre amuzgo”, su presencia debió haber sido suficiente para influir en la vida de los pueblos locales puesto que no sólo algunos nombres de poblados permanecen (como Cacalote, Comaltepec, Cuajinicuilapa, Cuije -y no Cuiji-, Jícaro, Petaca y Tamale) sino que muchas palabras nahuas siguen siendo utilizadas por los cuijleños modernos, por ejemplo: aguate, alaguate, apachurrar, atole, atoyar, cacahuananche, cacahuate, cajete, camagua, canica, cempasúchil, coa, coacuyul, coche, comal, copal, cuachalalate, cuate, cuatezón, cuaulote, cuculuste, cuija, cuino, cuita, cuitlacoche, cuyul, chacalín, chachacual, chagüe, chamaco, chaneca, chapopote, chapulín, chía, chicatana, chicayotillo, chicle, chicote, chicha, chiche, chichicuilote, chilaca, chilaquiles, chilate, chile, chilotear, chilpayate, chimar, chincual, chipe, chipile, chipote, chiquigüite, chirmole, chita, chocoyote, chongo, chotear, chueco, ejote, elote, encuatar, enchilada, epazote, escuicle, guacal, guachinango, guaje, guajolote, guamil, guamuche, güegüeche, güipil, güizache, ilama, jícama, jícara, jiote, machigüe, machincuepa, mapache, matatena, mayate, mazacuata, mecate, meco, memela, metate, milpa, mitote, molcajete, mole, nagual, nana, nanche, neja, nene, nicuatole, niscome, nistamal, nopal, ñagüal, ocote, olote, otate, pachiche, pachole, pagua, paliacate, palo, papalote, payanar, petaca, petate, pichicato, pichiche, pilmama, pinole, pixcar, popoyote, pozole, pozonque, quelite, tacuache, tacuate, tamale, tapanco, tecolote, tecomate, tepalcate, tepetate, textal, tianguis, tocayo, toloache, tomate, totole, totomoste, totopo, tule, tuza, tlacolole, tlapa, zacate, zanate, zapote, zocato, zopilote y zoyate.
En resumen, antes de la llegada de los españoles y los africanos, la zona nuestra era un mosaico de pueblos y culturas en gran movimiento, en pleno mestizaje, que incluía la guerra, el amor y el coito, el comercio, la cerámica, las lenguas, la religión y demás. El mestizaje en nuestro origen, signo de riqueza. Sólo si conocemos el origen sabremos reconocernos como mestizos, y no únicamente productos de mezcla de india y español, así, en abstracto, como nos han dicho, sino de grupos étnicos definidos. Y sin siquiera aspirar a miembros de la raza cósmica vasconceliana; o sí, pero luego de haberle descubierto sus raíces originales, porque sin ellas ni siquiera estaríamos o seríamos nada.