¿HUEVOS DE TORTUGA?, NI EN FIESTA
En Cuajinicuilapa, el domingo, último día de la fiesta de Santiago Apóstol, se acostumbra dar los tamales: todo mundo puede acercarse a cualquier tina y pedirlos. Tamales y atole para todo el que se antoje y hasta acabarse. Es la tradición. Esa tradición se ha agrandado desde hace unos diez o quince años: los que entregan sus cargos (sea Mayordomo, Presidentes, Capitanes, Santanitas o Santiaguitos) tienen sillas y mesas exclusivas para ellos y sus invitados; es decir, reparten los tamales, que mucha gente come en las manos o lleva a su casa, pero no los invitan a sentarse, a compartir la mesa. Además, acostumbran ahora los festejantes llevar bebidas (aguas frescas, refrescos, cervezas y tequila; a veces brandy) y otro tipo de comida sólo para sus invitados y ellos. Patitas de cerdo en vinagre, tostadas de pollo, bocadillos con salchicha y jamón, chicharrón, mole de pollo, pollo al horno o rostizado, tacos dorados, barbacoa, etc. Y huevos de tortuga, también. Huevos de la tortuga golfina. Se sabe que consumirlos está prohibido, pero se comen; bueno, más bien, se beben, se sorben, se chupan. Son recolectados en Tierra Colorada y El Faro, fundamentalmente. A diez pesos la docena, puestos en Cuaji. Normalmente se consumen en restaurantes, cantinas y hogares, en lugares cerrados; ahora ya se sirven en la fiesta de Santiago o en otras fiestas, a la vista de todos, hasta en presencia de las autoridades, si no es que ellas mismas los consuman.
Especie en peligro de extinción. Su carapacho tiene forma de corazón y una longitud de 67.6 cm, con un peso de 38.0 Kg, ambos en promedio. En los machos una uña de las aletas anteriores es más larga y curva para sujetar a la hembra durante la cópula. Es la especie más abundante. En el Pacífico oriental se observa desde el norte de California hasta Chile, con áreas de mayor concentración en México, Centroamérica y más al sur entre Panamá y Colombia. En México las playas de anidación más importantes son las de la Escobilla, Morro Ayuta y Chacahua en Oaxaca y la playa de Tierra Colorada, Guerrero. La temporada de anidación es de junio a septiembre. Las hembras anidan de dos a tres veces por temporada, con intervalos de 14 a 48 días. El tamaño de la nidada es de 80 a 100 huevos con un diámetro promedio de 3.2 a 4.8 cm, depositados en nidos de 45 cm de profundidad. El periodo de incubación varía de 42 a 50 días. Los depredadores de los adultos son principalmente los tiburones; de los huevos, zorrillos, cerdos, perros, cangrejos, hormigas y larvas de mosca; y de las crías los coyotes, tejones, zorrillos, perros, tlacuaches, cangrejos, aves y peces. Y los humanos. En la Costa Chica desovan, aparte de la golfina, las tortugas laúd, garapacho y prieta. La exagerada explotación que se hace de su carne, piel y huevos, ha llevado a considerarlas como en proceso de extinción.
Según datos de la Profepa, en los primeros días de agosto, se tenían en custodia alrededor de tres millones de huevos de la golfina, en las playas de Morro Ayutla y Escobilla, Oaxaca; se calcula en un poco más de 30 mil las hembras quelonias ovopositadoras. Si las cosas no se tuercen y los propósitos de las autoridades se cumplen, nacerán (puntualizo ahora) dos millones 280 mil crías, sanas y salvas. Libradas de los paladares humanos, los que muchas veces ni paladean sino engullen, tragan, se atiborran de los huevos por considerarlos afrodisíacos o atribuirles propiedades infundadas en la razón. Sobre Guerrero no encontré datos. Sin embargo, durante el año pasado su pudo sentir en este rinconcito de la Costa Chica una actitud más activa por parte de las autoridades, exceptuando las locales: el programa de protección a la tortuga laúd en el campamento de Tierra Colorada, por ejemplo, estuvo mejor coordinado y hubo mayor presencia de las instituciones involucradas; la participación de la gente creció con relación a otros años, sobre todo porque se contrató a hueveros, a quienes se les pagó por cada nido detectado, aparte de un salario. Se utilizó, pues, la experiencia de los hueveros, los depredadores tradicionales de los nidos de tortuga, para rescatarlos, para conservarlos, para preservarlos, para acrecentar el número de animales vivos y alejar a la especie de la extinción.
El consumo de huevos es recurrente. Uno de los grandes mercados es el DF; hacia allá se transportan y allá se comercian. Se les atribuyen propiedades afrodisíacas; nada más falso; el colesterol contenido en ellos es demasiado para el consumo humano, sobre todo porque la gente no se conforma con un par, sino que engulle hasta docenas. Y el tráfico hacia el DF es frecuente. Se utilizan muchas veces los autobuses de la antes Flecha Roja y ahora Estrella Blanca: en las cajuelas guardaequipaje se cargan cientos, miles de huevos encostalillados, para viajar durante la noche y ser descargados en la madrugada en las orillas de la ciudad de México. De ahí, a la nueva Viga, en la Central de Abastos, o al barrio de Tepito o a las colonias Vicente Guerrero, Santa Cruz; y hasta en Cd. Neza; es decir, en cuanto tianguis y mercado que se precie. Se transportan, también en camiones particulares. Sea desde las playas de Oaxaca, sea desde las de Guerrero. Algunos operativos de la Profepa tienen efecto: cuando menos, el año pasado se hicieron decomisos importantes, en Oaxaca, en Guerrero y en Morelos (antesala del DF), por ejemplo. El uso de las pieles y caparazones de la tortuga también es grave. Y el consumo de carne. Pero lo más peligroso para la existencia de la especie es el consumo de huevos.
Homero Aridjis, agrega otra causa: “La destrucción de las zonas de anidación por desarrollos turísticos, urbanísticos e industriales es un peligro constante, ya que todas las playas tienen una amenaza latente: en las playas de Mexiquillo, Michoacán, Tierra Colorada, Guerrero, Barra de la Cruz y Cahuitán, Oaxaca, y el área de Los Cabos. Existe el proyecto de una autopista costera de Acapulco a Puerto Escondido que pasaría por las playas de anidación de las tortugas golfina y laúd. ¿Por qué una carretera tiene que pasar por la costa y no tierra adentro?” Y para el caso de la laúd, afirma que “la pesca ribereña a lo largo del Pacífico afecta a la laúd en las áreas de anidación, porque los pescadores ponen sus redes enfrente de las playas”.
Depredadores somos y la riqueza animal disminuimos. No por hambre sino por codicia, por gula, por ignorancia, por vanidad. Podrán criticarse a priori y acríticamente el papel de las autoridades y todas las deficiencias de los programas gubernamentales en materia de protección de la tortuga marina y en la aplicación de las sanciones a las conductas punibles; sin embargo, es alentador darse cuenta que se actúa y se tienen logros. Involucrarse en la preservación de la tortuga marina, y muchas otras especies en peligro de extinción, no implica volverse militante de tales causas, tal vez baste con decir: “No, gracias, yo no consumo huevos de tortuga”, cada vez que nos los ofrezcan, y no importa si sea en la mismísima fiesta que cada año celebran en Cuajinicuilapa, en la octava de Santiago Apóstol, el Matamoros.