Intersexualidad.
Discretamente, va tomando cuerpo un nuevo movimiento: el de las personas intersexuales. Se llaman intersexuales quienes tienen rasgos físicos, visibles o invisibles a primera vista, que no coinciden con los de hombres o mujeres. Hay muchas clases de intersexuales. La naturaleza crea una gran variedad de formas, que pueden llegar a ser un dos por ciento de la población.
El movimiento intersexual presenta por ahora sólo reivindicaciones médicas, a diferencia del movimiento gaylesbitrans, al que sin embargo comienza a acercarse. Pero sus reivindicaciones tienen una dimensión filosófica y política. Por ejemplo, la más notable es... que la decisión del sexo debe quedar bajo la responsabilidad de la persona intersexual y no bajo la del médico.
Durante muchos años, cuando un niño nacía intersexual los médicos estudiaban cuáles eran, a su juicio, las mejores oportunidades que pudiera tener para insertarse "en un sexo u otro" y entonces le asignaban uno de los dos sexos legales e incluso le intervenían quirúrgicamente para asegurar la adaptación al sexo reasignado. Buenas intenciones que los intersexuales o algunos intersexuales descubrían a veces, unos años después, con dolor o rabia, que no habían sido las adecuadas.
Los criterios que se usaban eran puramente objetivos, fenotípicos (de forma corporal) o cariotípicos (cromosomas); no se sabía nada de un sexo cerebral, ni de una posible intersexualidad cerebral, ni de los fortísimos criterios personales o subjetivos. Una persona podía haber nacido con un pene completamente formado (puesto que el clítoris es un pene no desarrollado) y contando a la vez con órganos externos e internos de tipo femenino. Los médicos podían decidir que lo más correcto sería extirpar el pene y asignar a la persona el sexo femenino.
No podían saber que, con un cerebro masculino, al crecer y saber su historia, la persona así asignada podía gritar y enfurecerse al descubrir que su personalidad era masculina (cerebral), que había nacido con un pene desarrollado y que otros habían tomado en su lugar la decisión de extirpárselo y de asignarle un sexo femenino en sus papeles y en su educación que ahora tendría que rectificar en un largo proceso transexual.
Porque en la práctica, sorprendentemente, las personas intersexuales pueden reasignarse a sí mismas como varón, como mujer o permanecer en una identidad intersexual. Decir. "Estoy a gusto como esto", o incluso, "me gusta estar como estoy"; cada cual con sus mil razones personales, sutiles e inextricables, como el recuerdo de cierto verano o de cierto placer. Pero quieren decidir por sí mismas, a la vista de su subjetividad en la que nadie puede entrar, nadie puede saber lo que hay, la fuerza de estos sentimientos o de estos otros. Definir lo que se siente y expresarlo, es su derecho inalienable.
El famoso artículo de Zhou, Hofman y Swaab, del equipo de Gooren, afianzó la idea de que las personas trans seamos en realidad intersexuales. Aunque sea un poco dramático, diré que el estudio se hizo sobre seis cerebros (ay, sólo seis) de trans femeninas (que habrían tenido la clarividencia de donarlos) y en todas ellas se descubrió que en una zona del hipotálamo, que rige la conducta sexual, era como la de las mujeres y no como la de los varones. Ésta es la situación, de momento, de la investigación (yo, desde luego, dono mi cerebro para lo que haga falta).
Nuestra intersexualidad sería sólo una de las que no se pueden ver a simple vista, como hay muchas otras, pero sería un condicionamiento biológico que luego la vida de cada cual realizaría y expresaría de muchas formas. Podría verse a veces como una ligera falta de masculinidad, casi indefinible, en un varón o una ligera falta de feminidad, igual de indefinible, en una mujer. Podría expresarse como el estallido de una identidad cruzada inconfundible desde la niñez o como una disforia o desajuste más o menos intenso, pero confuso, con el sexo de asignación.
En el futuro, cabe imaginar un acercamiento cuidadoso entre el movimiento trans y el movimiento intersexual. Cuidadoso, porque lo intersexual es biológico y puede ser que tanto lo intersexual y conciente y afirmador de sí como lo transexual sea una experiencia moral más que biológica o más moral que biológica. ¿Cuántas trans, con lo orgullosas que somos, las trans somos frecuentemente orgullosas, no seremos en realidad rebeldes? ¿Incapaces de soportar las leyes que descubrimos en la vida? ¿Furiosas hasta el punto de entregar nuestros cuerpos de una manera u otra a nuestra rebeldía?
¡Qué poco se habla de algunos sentimientos de algunas trans que no se parecen en nada a lo que nosotras mismas suponemos: la ira, sobre todo! Lo trans puede expresar la rebeldía por mil motivos, el distanciamiento de los condicionamientos naturales, el "¡No a esto!", que es lo más humano, quizás. La rabia por el mundo puede expresarse en la negación del propio género, del propio cuerpo. La negación del mundo tal como es puede tomar la forma del heroísmo, la de la mística, la de lo trans, en sus formas más extremas.
¿Qué quieren decir algunas drag queens con su desafío? ¿Qué desafía cada una de ellas? ¿A dónde puede llegar? ¿Qué significan esos ojos intensos y refulgentes, esa sonrisa densa, esa burla de sí mismas y de quienes las miran; a quien pueden admirar de verdad?
El mundo, la naturaleza, la biología, tiemblan bajo unos ojos de drags que a lo mejor son también los nuestros. Porque no sabemos a dónde puede llegar una drag, una vez iniciado su vertiginoso camino; y no sabemos si nosotras o vosotros nos hemos dejado llevar por el convencionalismo al adoptar formas de vida más corrientes, dentro de lo poco corriente que es todo lo trans.
Una drag es una explotadora del espíritu y la sexualidad humanos, que se desnuda de todo lo respetable y se aventura por las honduras de lo desconocido. Siente y vive experiencias humanas que no tienen nombre.
Se ríe.
Ve.
Kim Pérez.
Escritora y Presidenta de la Asociación Identidad de Género.