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Menos es más

Texto por Morten Albek, Dinamarca


¿Debe un bonsái shohin o mame verse como una réplica a escala de un árbol grande? ¿Puede un bonsái parecer una copia en miniatura de ese árbol grande? Mi respuesta es no. Pero sin duda tiene que lograr hacer que el observador sienta que está viendo un árbol. No una copia, sino la imagen de un árbol.

El bonsái es imaginación y fantasía. Uno no puede simplemente miniaturizar un árbol y ponerlo en una maceta. Más bien debe reflejar la visión que la gente tiene en su mente. Esta visión es mucho más fácil de recrear con bonsáis más grandes. Pero cuando uno hace bonsáis shohin o mame se ve obligado a formar dicha imagen con muchos menos elementos.

El arte del shohin

La copa de un shohin debe ser sugerida con espacios abiertos y pocas hojas. El pequeño tronco es el alma del árbol y sugiere el tamaño, la edad y las condiciones de vida. Unas pocas raíces serán suficientes para mostrar que el árbol está bien agarrado al suelo. Toda la historia debe ser contada con mucho menos material de lo normal para bonsáis más grandes. Esta limitación exige algo más, tanto de parte del artista cuanto del observador: imaginación.

Esta es la razón por la que decimos que arte es lograr transmitir una determinada visión a la mente del observador. Y eso es lo que hace que los bonsái shohin y mame sean tan extraordinariamente fascinantes, en comparación con bonsáis más grandes. Se trata simplemente de un desafío extra para la mente.

Otra razón para entrar en el mundo de estos pequeños arbolitos es que uno puede tomarlos con las manos y abarcarlos totalmente. Es una experiencia intensa y muy satisfactoria: sentarse con el árbol en las manos, pudiendo inclinarlo de cualquier manera, observando los detalles del tronco, el nebari (la base del tronco y las raíces superficiales) y la ramificación fina. La imaginación y la visualización se transforman en las herramientas principales en la formación del árbol, y el resultado deberá despertar la imaginación del observador.

Una nueva dimensión

Los bonsáis más grandes pueden provocar una gran impresión con sus poderosos troncos. Sólo con su tamaño, sus impresionantes estructuras de ramas y fantásticos jins y sharis pueden anonadar nuestros sentidos. Esas ventajas están fuera del alcance de los bonsái pequeños. Los shohin tienen que evocar la imagen de un árbol mucho más grande, no con una enorme pincelada, sino con el suave trazo de un lápiz.

El arte del shohin requiere un público que esté dispuesto a involucrarse en un juego de fantasía, que sea receptivo ante la imagen del árbol que se forma en la mente. El observador tiene que estar preparado para participar en el juego, pues las formas de un shohin son más sugestivas que ilustrativas. Esa importante dimensión nueva está dada por lo que no se ve, por lo que se imagina, sin dar lugar a la vacilación. Esto que se imagina es lo que completa la imagen del árbol. Es la esencia misma de lo que uno tiene que conseguir con un bonsái shohin o mame.

Infundir emoción en el árbol y en la mente

Estar frente a un bonsái shohin es muy diferente de la observación de otros bonsáis. Contemplar un shohin requiere un cierto esfuerzo. Uno tiene que inclinarse para verlo a la altura correcta, y tiene que acercarse mucho para poder ver los interesantes detalles de la ramificación, el nebari, la estructura de la corteza y la minuciosa posición del follaje.

Algunos de los sentimientos que inspira la naturaleza deben estar presentes. En mi caso, tal vez sea esa particular sensación que me transmitía el gran roble al que trepaba cuando niño. Todavía se encuentra allí, de pie junto a la orilla, y suelo ir al lugar de vez en cuando, de paseo. Tal vez me traiga recuerdos del sol jugando en el follaje, o de la vista que uno disfrutaba mirando hacia abajo, sentado en una rama, con las piernas balanceándose.

Esos sentimientos vuelven a mí cuando observo mi pequeño Cotoneaster. Por supuesto, no puedo esperar que mi bonsái despierte en otros los mismos sentimientos, pero si el árbol es capaz de traer a mi mente el recuerdo de la naturaleza es muy probable que también haga que los otros revivan sus propias experiencias. No somos tan diferentes.

Los elementos que inspiran esos sentimientos son hasta cierto punto inexplicables. Las siguientes líneas pueden ofrecer algún tipo de comprensión.

En parte, el efecto mencionado depende del tipo de relación que uno tenga con la naturaleza, su cultura, el área en la que vive, y la forma en que encara su vida. ¿Cuál es el significado que el musgo en la maceta tiene para usted? ¿Es sólo musgo que uno pone en la maceta para cubrir la tierra y que la composición se vea bien? ¿O más bien lo que uno ve es la hierba que crecía bajo el árbol de su niñez? ¿Debemos decir que las ramas están dispuestas adecuadamente o que en realidad podemos ver con la mente el viento soplando entre las hojas, haciéndolas bailar al sol?

Todo depende del modo en que uno se acerque al árbol. Para obtener el mayor placer que un bonsái puede brindar uno debe tener una mente abierta. En el caso de los bonsáis shohin y mame el desafío es recibir y expresar esas emociones con muy poco material.

Si tomamos la medida desde el borde de la maceta, un shohin no puede tener más de 20 cm de altura, mientras que un mame no puede superar los 7 cm.

Hombre o árbol

En la exhibición de la WBC que se celebró en Munich, Alemania, hace unos años, tuve el placer de ver algunos bonsáis muy bonitos. Mientras me preparaba para tomar una foto de un bonsái modelado por un habilidoso y conocido artista europeo, este me reconoció. Se acercó y me pidió que me sacara una foto con él posando delante de su árbol.

Esta anécdota ilustra la diferencia entre un hombre dedicado a su árbol y un hombre dedicado a sí mismo. Uno nunca será capaz de crear un árbol que se vea convincentemente natural si se ubica delante de él. Y el árbol nunca adquirirá o expresará las emociones que hacen que nuestros pensamientos abandonen el recinto y se dirijan a la naturaleza. Uno podrá estar impresionado, no por el árbol, sino por las habilidades de su creador.

Naturalidad

La naturalidad que se espera de un árbol no siempre está presente cuando uno observa los bonsáis que se muestran en la exhibiciones. A menudo son artísticos y poderosos, pero les falta naturalidad.

En 1999 viajé a Omiya, Japón, básicamente para visitar el jardín de bonsái Seikou-en. Este jardín es propiedad del Sr. Tomio Yamada, presidente de la Unión de Bonsái de Omiya. La naturalidad de los bonsáis que allí había era llamativa: Los árboles se veían como si hubieran sido puestos en la maceta sin que los tocara la mano del hombre. Por otra parte, la armonía entre los árboles y sus macetas era asombrosa. Se cuidaban todos los detalles que tuvieran que ver con cada árbol.

Desde aquella visita he intentado lograr ese nivel de calidad con mis propios árboles. Y lo estoy logrando en primer lugar y más que nada con mis shohin. La necesidad de manejarme con muy pocos elementos me ayuda a evitar excederme con mis expresiones artísticas. Con los bonsáis shohin encuentro esa “naturalidad que se da naturalmente” cuando se evitan los excesos y la ostentación. Trato de trasladar esta virtud a mis bonsáis más grandes, y de esa manera mis árboles más pequeños me enseñan a obtener mejores resultados con los más grandes.

Entre paréntesis, Seikou-en significa “el sonido del jardín muy verde”. Esto expresa delicadamente la postura que el Sr. Yamada tiene frente a la naturaleza. Si prestamos oídos a ese sonido podremos crear bonsáis shohin que valdrá la pena observar.

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