Por: Yalorixá Indiana de Yemanjá Bomi
Centro Africano Reino de Yemanjá, Ilê Ogum
“¿MUERE EL BATUQUE?”
Muchas veces nos preguntamos porqué nuestra religión no puede conllevarse con fidelidad tradicional, o no se puede tener una literatura auténtica y única para poder continuar esclareciendo los misterios que en parte, aún, se mantienen dentro del culto.
Ancestralmente ningún sacerdote revelaba esos enigmas al común de su tribu. Esas reservas se conocieron a través de la historia oral gracias a quienes la acunaron celosamente en su memoria a través de los tiempos.
Desde el principio de la vida el hombre sintió la necesidad de tener un poder de comunicación con los elementos de la naturaleza. Sentir que sus actos estaban aprobados o castigados por esos dioses que idealizaron.
El hombre africano aprendió a utilizar con el tiempo esas energías, a comunicarse, agradar a esos elementos para revertir situaciones penosas. Adoptaron una conducta de vida la cual no se logra comprender porque se la determina como primitiva.
En Brasil con la llegada del esclavo a esas tierras, la religión tiene más de 450 años. El negro hace su aparición en Río Gde. Do sul en 1725, en una expedición organizada por Juan de Magallanes donde estos esclavos hacían el servicio pesado (Krebs- Estudo do Batuque) . Las primeras colonias portuguesas llegaron a la costa occidental africana por el año 1469 cuando Fernao Gomez pisó este territorio en busca de oro, cobre, hierro y especies, y, al observar los abundantes yacimientos del metal precioso, comenzaron a llegar más embarcaciones portuguesas. Hacia 1488 comenzó el mercado de esclavos procedentes de distintas etnias: Ciudad de Benin, Costa de Oro. Costa de Esclavos, Congo, Angola, interior de África oriental y central. Una vez capturados eran enviados en grandes embarcaciones a distintos puertos para ser vendidos y luego diseminados.
Aproximadamente hacia el año 1500 comenzó la transculturación, una transformación de las culturas africanas ya que, debido al desarraigo, estos esclavos no solo debieron cambiar sus costumbres, su etnia, su lenguaje, sino el culto a sus Orixás. Debieron modificar formas y feituras de ritual. Organizar nuevos modos y fundamentos para continuar la vinculación con sus Deidades. Mucho se perdió en esa travesía donde determinados Orixás han desaparecido, a otros ya no se los venera, y algunos apenas conocidos fueron ganando su espacio dentro del culto.
Sabemos que durante este proceso esclavista la evangelización ayudó
-literalmente- al negro a proteger a sus dioses. Aquí se pone de manifiesto el origen del sincretismo. Los diversos pueblos instalados en Brasil debieron agruparse para poder comunicarse ya que los esclavos de una misma tribu eran separados por los amos para eludir la concomitancia y de ese modo evitar posibles revueltas a los blancos. También aprendieron a comunicarse, cultuando, quizá, a los mismos dioses pero con diferentes elementos y conceptos.
En Argentina los afro americanos hicieron su aporte lingüístico y cultural. Tuvieron un rol fundamental dentro de la historia de nuestro pueblo por su asombrosa valentía y espíritu guerrero. Muchos nombres de esclavos libertos figuran en las filas de San Martín, Belgrano, Urquiza y Alvear; en las huestes de Mansilla en la Vuelta de Obligado, Rosas, Roca y Alsina (Conquista al Desierto), Mitre en la Guerra contra el Paraguay, durante las Invasiones Inglesas y la Batalla de Caseros.
El 30 de noviembre de 1821 un reglamento policial permitió el establecimiento de sociedades de negros que, mediante este permiso oficial, se fueron agrupando por nacionalidades y se instalaron en el sur de la ciudad (hoy calles Independencia, Chile y México). Cohabitaban las sociedades Cubunda (1823) Benguela, Mores, Mina (1825), Rubolo (1826), Angola, Congo (1827), incluidas las Cabundas, Quisamà, Hombé, Bamba, etc.
Estas sociedades y cofradías negras durante la época del carnaval daban un exótico colorido y alegría con su música y murgas. El 1 de febrero de 1822 un decreto, les prohibió danzar en las calles porteñas, esto obligó a los negros a bailar en los quilombos a donde concurrían además, el Gobernador Juan Manuel de Rosas y su hija Manuelita que eran tan venerados por éstos. Tal adoración hizo que se formaran servicios de espionaje y que esto llegara a rebelar a los negros contra sus amos y así muchos señores y damas de la sociedad, fueron acusados de unitarios y pasaron por la mazorca federal.
Agrego esta referencia histórica para reflexionar sobre cómo los esclavos pudieron y debieron organizarse, adaptarse a cambios y actitudes adversas en sus vidas sin perder su identidad, sus idiosincrasias a pesar de la transculturación (fusión de ideas, costumbres y cultura de un pueblo con otro que se adaptan para permanecer). Cómo el desarraigo les dio fuerzas a algunos para sobrevivir y a otros para morir en su nombre y causa. Estas actitudes merecen nuestra reflexión porque también debemos “permanecer” en dónde “pertenecemos” y “preservar” nuestra identidad religiosa y cultural.
(sigue parte 2)