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Fragmentos Breves
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 "Cuando ya es hora de tutearse"

Pertenece a: (Fragmento de "El evangelio según Van Hutten" de Abelardo Castillo.).

 

"…No fue un asalto, no fue una violación ni un acto de barbarie, pero tampoco fue una fiesta para ella ni una aceptación plena de su parte, fue sencillamente que ella se quitó las sandalias y que yo estaba de pie a su lado, sosteniéndola a penas para que no perdiera el equilibrio, pero lo perdió, y debí sujetarla y el vestido se desprendió de su cuerpo casi si la intervención de mis manos y estábamos en la cama, y sobre todo fue que, a pesar de su inexperiencia, no era la primera vez que a ella le pasaba esto. Tenía la sabiduría de la inocencia o algo en lo que mejor no pensar, desconocido para mí, decía que no, no quiero, mientras arqueaba el cuerpo hacia delante y me obligaba a empalarla hasta sentir que la lastimaba, decía que sí y se retiraba como si se ahogara o se repugnase sentirme encima de ella, la vi mirarme a los ojos con odio y con asombro y nuevamente con odio cuando me hizo tomar conciencia de mi edad, de las arrugas de mi cara, de las canas de mi barba, y llevé la mano hacia el interruptor de la luz para dejarla en paz con ella misma, a solas con su imaginación y con su sexo, pero me pidió que no apagara la luz, por favor, me lo pidió sin tutearme, y entonces sucedió lo único que de veras no me avergüenza. Salí tan violentamente de ella que dio una boqueada, como si le faltara el aire, reprimí a penas la tentación de darle una cachetada un poco a la antigua, y le dije, con una obscenidad que me siento incapaz de repetir en frío, que si estábamos haciendo lo que estábamos haciendo –y aquí nombré del peor modo posible lo que estábamos haciendo- tuviera, por lo menos, la gentileza de no seguir tratándome de usted."

* El título de este fragmentos no pertenece a su autor, sino que fue sugeridos por la persona que realizó la selección del mismo. No solo se respetan los derechos de autor, sino que además se pretende homenajearlos con esta publicación.

Recomendado por MSN NicknameCeciBohemia, 7/22/2002.


 "El semen de un dios" *

Pertenece a: (Fragmento extraído de "Alexandros I.- El hijo del sueño" de Valerio Massimo Manfredi, tomo que conforma una trilogía.).

"Olimpia se había dirigido al santuario de Dodoma por una extraña inspiración, por un presagio que la había visitado en sueños mientras dormía al lado de su marido, Filipo, rey de los macedonios, ahíto de vino y de comida.

Soñó que una serpiente reptaba lentamente a lo largo del corredor y que luego entraba silenciosamente en el aposento. Aunque ella la veía, no podía moverse, así como tampoco gritar o escapar. Los anillos del gran reptil deslizábanse por el suelo de piedra y las escamas relucían con reflejos cobrizos y broncíneos bajo los rayos de la luna que entraban por la ventana.

Por un momento hubiera deseado que Filipo se despertase y la tomara entre sus brazos, le diese calor contra su pecho fuerte y musculoso, la acariciase con sus grandes manos de guerrero, pero su mirada en seguida volvió a posarse sobre el drakon, sobre aquel animal portentoso que se movía como un fantasma, como una criatura mágica, una de esas que los dioses despiertan por simple placer de las entrañas de la tierra.

Extrañamente, ya no le producía miedo ni sentía ninguna repugnancia; es más, se sentía cada vez más atraída y casi fascinada por aquellos movimientos sinuosos, por aquella potencia silenciosa y llena de gracia.

La serpiente se introdujo bajo las mantas, se deslizó entre sus piernas y sus pechos y ella sintió que la había poseído, ligera y fríamente, sin causarle el menor daño, sin ninguna violencia.

Soñó que su semen se mezclaba con el que el marido había expelido ya dentro de ella con la fuerza de un toro, con la fogosidad de un verraco, antes de caer vencido por el sueño y el vino(…)

-¿Qué significa el sueño que he tenido?-preguntó Olimpia a los sacerdotes del santuario. (…)

-Significa que el hijo que nazca de ti descenderá de la estirpe de Zeus y de un mortal. Significa que en tu seno la sangre de un dios se ha mezclado con la sangre de un hombre… "

* El título de este fragmentos no pertenece a su autor, sino que fue sugeridos por la persona que realizó la selección del mismo. No solo se respetan los derechos de autor, sino que además se pretende homenajearlos con esta publicación.

Recomendado por MSN NicknameCeciBohemia, 7/22/2002.


 "En calma"

Pertenece a: (Fragmento de Rolf Carlé, extraído del prólogo de "Cuentos de Eva Luna" de Isabel Allende.).

"Te quitabas la faja de la cintura, te arrancabas las sandalias, tirabas a un rincón tu amplia falda, de algodón, me parece, y te soltabas el nudo que te retenía el pelo en una cola. Tenías la piel erizada y reías. Estábamos tan próximos que no podíamos vernos, ambos absortos en ese rito urgente, envueltos en el calor y el olor que hacíamos juntos. Me abría paso por tus caminos, mis manos en tu cintura encabritada y las tuyas impacientes. Te deslizabas, me recorrías, me trepabas, me envolvías con tus piernas invencibles, me decías mil veces ven con los labios sobre los míos. En el instante final teníamos un atisbo de completa soledad, cada uno perdido en su quemante abismo, pero pronto resucitábamos desde el otro lado del fuego para descubrirnos abrazados en el desorden de los almohadones, bajo el mosquitero blanco. Yo te apartaba el cabello para mirarte a los ojos. A veces te sentabas a mi lado con las piernas recogidas y tu chal de seda sobre un hombro, en el silencio de la noche que a penas comenzaba. Así te recuerdo, en calma

* El título de este fragmentos no pertenece a su autor, sino que fue sugeridos por la persona que realizó la selección del mismo. No solo se respetan los derechos de autor, sino que además se pretende homenajearlos con esta publicación.

Recomendado por MSN NicknameCeciBohemia, 7/22/2002.


 "La llaga fértil" * (1’05’’ ap.)

Pertenece a: (Fragmento de "Memorias del fuego I.- Los nacimientos" de Eduardo Galeano, tomo que conforma una trilogía.).

"En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.

-Te han cortado?- preguntó el hombre.

-No –dijo ella-. Siempre he sido así.

Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:

-No comas yuca, ni guanábanas, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré.

Échate en la hamaca y descansa.

Ella obedeció. Con paciencia tragó los mejunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse cuando él le decía:

-No te preocupes.

El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.

Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:

-¡Lo encontré! ¡Lo encontré!

Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.

-Es así –dijo el hombre, aproximándose a la mujer.

Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que permanecían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses."

* El título de este fragmentos no pertenece a su autor, sino que fue sugeridos por la persona que realizó la selección del mismo. No solo se respetan los derechos de autor, sino que además se pretende homenajearlos con esta publicación. El tiempo aproximado que lleva la lectura de cada fragmento es un detalle pensado para aquellos navegantes con prisa.

Recomendado por MSN NicknameCeciBohemia, 7/22/2002.


 "Pequeña visitante nocturna"

Pertenece a: (Fragmento de "Niña Perversa", cuento que forma parte de los "Cuentos de Eva Luna" de Isabel Allende).

"Lentamente se quitó el uniforme de la escuela, pero no se atrevió a desprenderse también de sus bragas de algodón. Se acercó a la cama, ya podía ver mejor a Bernal. Se sentó al borde, a poco trecho de la mano del hombre, procurando que su peso no marcara ni un solo pliegue más en las sábanas, se acercó lentamente, hasta que su cara quedó a pocos centímetros de él y pudo sentir el calor de su respiración y el olor dulzón de su cuerpo, y con infinita prudencia se tendió a su lado, estirando cada pierna con cuidado para no despertarlo. Esperó, escuchando el silencio, hasta que se decidió a posar su mano sobre el vientre de él en una caricia casi imperceptible. Ese contacto provocó una oleada sofocante en su cuerpo, creyó que el ruido de su corazón retumbaba por toda la casa y despertaría al hombre. Necesitó varios minutos para recuperar el entendimiento y cuando comprobó que no se movía, relajó la tensión y apoyó la mano con todo el peso del brazo, tan liviano de todos modos, que no alteró el descanso de Bernal. Elena recordó los gestos que había visto a su madre y mientras introducía los dedos bajo el elástico de los calzoncillos buscó la boca del hombre y lo besó como lo había hecho tantas veces frente al espejo. Bernal gimió aún dormido y enlazó a la niña por el talle con un brazo, mientras su otra mano atrapaba la de ella para guiarla y su boca se abría para devolver el beso, musitando el nombre de la amante. Elena lo oyó llamar a su madre, pero en vez de retirarse se apretó más contra él. Bernal la cogió por la cintura y se la subió encima, acomodándola sobre su cuerpo al tiempo que iniciaba los primeros movimientos del amor. Recién entonces, al sentir la fragilidad extrema de ese esqueleto de pájaro sobre su pecho, un chispazo de conciencia cruzó la algodonosa bruma del sueño y el hombre abrió los ojos. Elena sintió que el cuerpo de él se tensaba, se vio cogida por las costillas y rechazada con tal violencia que fue a dar al suelo, pero se puso de pie y volvió donde él para abrazarlo de nuevo. Bernal la golpeó en la cara y saltó de la cama, aterrado quien sabe porqué antiguas prohibiciones y pesadillas.

-¡Perversa, niña perversa! –gritó.

La puerta se abrió y la señorita Sofía apareció en el umbral…"

* El título de este fragmentos no pertenece a su autor, sino que fue sugeridos por la persona que realizó la selección del mismo. No solo se respetan los derechos de autor, sino que además se pretende homenajearlos con esta publicación.

Recomendado por MSN NicknameCeciBohemia, 7/22/2002.


 "Rastros de un hombre"

Pertenece a: (Fragmento de "Niña Perversa", cuento que forma parte de los "Cuentos de Eva Luna" de Isabel Allende).

 

"En las noches Elena no lograba dormir, porque él no estaba en la casa. Abandonaba su hamaca y salía como un fantasma a vagar por el primer piso, juntando valor para entrar por fin sigilosa al cuarto de Bernal. Cerraba la puerta a su espalda y abría un poco la persiana, para que entrara el reflejo de la calle a alumbrar las ceremonias que había inventado para apoderarse de los pedazos del alma de ese hombre, que se quedaban impregnando sus objetos. En la luna del espejo, negra y brillante como un charco de lodo, se observaba largamente, porque allí se había mirado él y la huella de las dos imágenes podían confundirse en un abrazo. Se acercaba al cristal con los ojos muy abiertos, viéndose a sí misma con los ojos de él, besando sus propios labios con un beso frío y duro, que ella imaginaba caliente como boca de hombre. Sentía la superficie del espejo contra su pecho y se le erizaban las diminutas cerezas de los senos, provocándole un dolor sordo que la recorría hacia abajo y se instalaba en un punto preciso entre sus piernas. Buscaba ese dolor una y otra vez. Del armario sacaba una camisa y las botas de Bernal y se las ponía. Daba unos pasos por el cuarto con mucho cuidado, para no hacer ruido. Así vestida hurgaba en sus cajones, se peinaba con su peine, chupaba su cepillo de dientes, lamía su crema de afeitar, acariciaba su ropa sucia. Después, sin saber porqué lo hacía, se quitaba la camisa, las botas y su camisón y se tendía desnuda sobre la cama de Bernal, aspirando con avidez su olor, invocando su calor para envolverse en él. Se tocaba todo el cuerpo, empezando por la forma extraña de su cráneo, los cartílagos translúcidos de las orejas, las cuencas de los ojos, la cavidad de su boca, y así hacia abajo dibujándose los huesos, los pliegues, los ángulos y las curvas de esa totalidad insignificante que era ella misma, deseando ser enorme, pesada y densa como una ballena. Imaginaba que se iba llenando de un líquido viscoso y dulce como miel, que se inflaba y crecía al tamaño de una descomunal muñeca, hasta llenar toda la cama, todo el cuarto, toda la casa con su cuerpo turgente. Extenuada, a veces se dormía por unos minutos, llorando…"

* El título de este fragmentos no pertenece a su autor, sino que fue sugeridos por la persona que realizó la selección del mismo. No solo se respetan los derechos de autor, sino que además se pretende homenajearlos con esta publicación.

Recomendado por MSN NicknameCeciBohemia, 7/22/2002.


 "Rito pueril"

Pertenece a: (Fragmento de "El rastro de tu sangre en la nieve", cuento que forma parte de los "Doce cuentos peregrinos" de Gabriel García Márquez).

 

"…Nadie, salvo ellos mismos, entendía el fundamento real ni conoció el origen de ese amor imprevisible. Había empezado tres meses antes de la boda, un domingo de mar en que la pandilla de Billy Sánchez se tomó por asalto los vestidores de mujeres de los balnearios de Marbella. […] (Nena Daconte) Se había desnudado por completo para ponerse el traje de baño cuando empezó la estampida de pánico y los gritos de abordaje en las casetas vecinas, pero no entendió lo que ocurría hasta que la aldaba de su puerta saltó en astillas y vio parado frente a ella al bandolero más hermoso que se podía concebir. Lo único que llevaba puesto era un calzoncillo lineal de falsa piel de leopardo, y tenía el cuerpo apacible y elástico y el color dorado de la gente de mar. En el puño derecho, donde tenía una esclava metálica de gladiador romano, llevaba enrollada una cadena de hierro que le servía de arma mortal, y tenía colgada del cuello una medalla sin santo que palpitaba en silencio con el susto del corazón. […] Nena Daconte permaneció de pie, inmóvil, sin hacer nada por ocultar su desnudez intensa. Billy Sánchez cumplió entonces con su rito pueril: se bajó el calzoncito de leopardo y le mostró su respetable animal erguido. Ella lo miró de frente y sin asombro.

-Los he visto más grandes y más firmes –dijo, dominando el terror-. De modo que piensa bien lo que vas a hacer, porque conmigo te tienes que comportar mejor que un negro.

En realidad, Nena Daconte no sólo era virgen, sino que nunca hasta entonces había visto un hombre desnudo, pero el desafío resultó eficaz. Lo único que se le ocurrió a Billy Sánchez fue tirar un puñetazo de rabia contra la pared con la cadena enrollada en la mano, y se astilló los huesos. Ella lo llevó en su coche al hospital, lo ayudó a sobrellevar la convalecencia, y al final aprendieron juntos a hacer el amor de la buena manera."

* El título de este fragmentos no pertenece a su autor, sino que fue sugeridos por la persona que realizó la selección del mismo. No solo se respetan los derechos de autor, sino que además se pretende homenajearlos con esta publicación.

Recomendado por MSN NicknameCeciBohemia, 7/22/2002.


 "Toco tu boca"

Pertenece a: Fragmento extraído de "Rayuela" de Julio Cortázar, cap. 7).

("Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando a penas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar junto a mí como una luna en el agua."

* El título de este fragmentos no pertenece a su autor, sino que fue sugeridos por la persona que realizó la selección del mismo. No solo se respetan los derechos de autor, sino que además se pretende homenajearlos con esta publicación.

Recomendado por MSN NicknameCeciBohemia, 7/22/2002.


 "Vaginas dentadas"

Pertenece a: (Fragmento de "Memorias del fuego I.- Los nacimientos" de Eduardo Galeano, tomo que conforma una trilogía.).

"Esos cuerpos nunca vistos los llamaban, pero los hombres nivakle no se atrevían a entrar. Habían visto comer a las mujeres: ellas tragaban la carne de los peces con la boca de abajo. Entre las piernas, tenían dientes.

Entonces los hombres encendieron hogueras, llamaron a la música y cantaron y danzaron para las mujeres.

Ellas se sentaron alrededor con las piernas cruzadas.

Los hombres bailaron durante toda la noche. Ondularon, giraron y volaron como el humo y los pájaros.

Cuando llegó el amanecer, cayeron desvanecidos. Las mujeres los alzaron suavemente y les dieron agua de beber.

Donde ellas habían estado sentadas, quedó la tierra toda regada de dientes."

* El título de este fragmentos no pertenece a su autor, sino que fue sugeridos por la persona que realizó la selección del mismo. No solo se respetan los derechos de autor, sino que además se pretende homenajearlos con esta publicación.

Recomendado por MSN NicknameCeciBohemia, 7/22/2002.


 Devocion

Pertenece a: Alejandra Pizarnik - Bs As, Arg (1936-1972).

DEVOCIÓN

Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados a ella, la muerte y la niña tomaban el té. Una muñeca estaba sentada entre ellas, indeciblemente hermosa, y la muerte y la niña la miraban más que al crépusculo, a la vez que hablaban por encima de ella.
-Toma un poco de vino -dijo la muerte.
La niña dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la mesa, otra cosa que té.
-No veo que haya vino -dijo.
-Es que no hay -contestó la muerte.
-¿Y por qué me dijo usted que había? -dijo.
-Nunca dije que hubiera sino que tomes -dijo la muerte.
-Pues entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo -respondio la niña muy enojada.
-Soy huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada -se disculpó la muerte.
La muñeca abrió los ojos.

Recomendado por vampi , 4/7/2003.


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