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El año en que nació Jesús,
Hijo de Dios, salvador nuestro

Para ¡reflexionar! en torno a la fecha del nacimiento de Jesús.

¿Qué calendario se seguía cuando nació Jesús?
Cuando Jesús vino al mundo nadie lo estaba esperando. A pesar de que su nacimiento había sido anunciado durante siglos por los profetas, y anhelado ansiosamente por el pueblo, y los dirigentes de Israel, ni siquiera trascendió la noticia, como para quedar registrada.

Después de su muerte, los primeros cristianos tampoco se preocuparon en averiguar la fecha de su cumpleaños, sino en salir a predicar el Reino de Dios que él acababa de fundar. Y a esto se abocaron de lleno durante siglos, sin interesarse por los detalles históricos de su vida.

Mientras tanto, ¿qué calendario empleaban los miles y miles de cristianos que a lo largo de los años habían abrazado la fe?. Como estaban inmersos dentro del Imperio Romano, y éste era quien imponía las estructuras y normas de vida corriente, seguían el mismo cálculo de tiempo empleado por Roma en toda el área de influencia de su gobierno.

El sistema consistía en contar los años a partir de la fundación de la ciudad de Roma. Ése era considerado el año primero y de ahí en adelante se sumaban los siguientes. Como difícilmente recordaban en el Imperio acontecimientos anteriores a aquella lejana fundación, no había mayores dificultades.

Para hacer alusión a este calendario, se colocaba a cada año que transcurría las iniciales U.C., que significan “Urbis Conditae” (de la fundación de la ciudad).

Se les había pasado.

Pero con el correr de los siglos, muchos cristianos empezaron a pensar que la fundación de la ciudad de Roma, que había sido pagana durante los mil primeros años de su existencia, no era el hito más adecuado para contar los años. Al contrario, consideraban el nacimiento de Jesús como el suceso central de la historia.

La idea se impuso con más fuerza cuando 450 años después de Cristo el Imperio Romano se desmoronó ante los embates de los pueblos bárbaros. Ya no quedaba nada que ligara a los cristianos con él, ni razón alguna para seguir considerándolo como el centro histórico de sus vidas. Había que crear un nuevo calendario, que tuviera como eje a la persona de Jesucristo.

Entonces cayeron en la cuenta de que nadie sabía el día, ni el mes, ni siquiera el año de su nacimiento debido a que los autores de los evangelios habían omitido el detalle. Estos escritos más bien contaban episodios aislados de la vida del Salvador sobre la base de una catequesis oral previa, pero no había en ellos la pretensión de una exacta cronología de su vida. San Lucas es quien habla más de tiempos concretos, (Lc 2,1-2), y con mucho fundamento, pero no habla de fechas concretas en relación a la historia.

El monje Dionisio el Exiguo.

Es en ese momento cuando se yergue la figura de un monje llamado Dionisio, natural de Escitia, región de la actual Rusia, pero que vivió casi toda su vida en Roma. Tenía por sobrenombre “el Exiguo”, que significa pequeño, minúsculo, por lo que se ha supuesto que era de baja estatura. Pero parece más bien que él mismo quiso llevar ese apodo por humildad.

Era uno de los hombres más eruditos de su época, brillante teólogo, y gran conocedor de la historia de la Iglesia y de las cronologías. Por aquel tiempo había compuesto una célebre colección de decretos de los Papas y de decisiones de los Concilios con valiosos comentarios propios.

El papa Juan I, entonces, le encargó la colosal empresa de calcular la fecha exacta del nacimiento de Cristo. Para ello contaba con algunas informaciones útiles que los evangelios podían aportar. Así, de san Lucas obtuvo que al comenzar su vida pública “Jesús tenía unos 30 años” (3,23). Esto ya era un buen dato. ¿Pero en qué año empezó su vida pública? Unos versículos antes tenía la respuesta: “en el año 15 del gobierno de Tiberio César” (Lc 3, 1).

Confrontando largas tablas de fechas y cronologías, Dionisio dedujo que año 15 de Tiberio, en que Jesús salió a predicar, correspondía al 783 U.C. Ahora bien, restando los 30 años de vida de Jesús, obtuvo que había nacido en el 753 U.C.
Para ubicar a Jesucristo en el comienzo de una nueva era, el 754 U.C. tenía que pasar a ser el año 1, el 755 el año 2, y así sucesivamente. Después de cada número, Dionisio, añadió las siglas “d,C.”, es decir, “después de Cristo”. A los años anteriores al nacimiento de Cristo, en cambio, los etiquetó “a.C.”, es decir “antes de Cristo”.

En este nuevo calendario la fundación de Roma ya no figuraba más en el año 1, sino en el 753 a.C. Y Dionisio, que se encontraba viviendo por entonces en el año 1287 del calendario romano (U.C.), se dio con que vivía en el 533 de la nueva era cristiana. ¡Cuán grande habrá sido la emoción del monje al convertirse así en el primer hombre que supo en qué año después de Cristo vivía!.

La idea del nuevo calendario tuvo un éxito extraordinario, e inmediatamente comenzó a ser aplicado en Roma. Poco después llegó a las Galias (la actual Francia) y a Inglaterra. Tardará un poco aún en ser aceptada en España: Y llega a Portugal sólo en 1422.

Poco a poco, y no sin vencer grandes dificultades, se generalizó en todas partes para fines de la Edad Media. La gloria de Dionisio destelló en cada rincón del mundo antiguo, y cuando falleció catorce años más tarde, se habría podido anotar con orgullo en su acta de defunción, que había muerto “en el año 547 de la era inventada por él”.

El imprevisto.

Sin embargo, sabemos por los historiadores modernos que aquella alegría está hoy empañada: Dionisio se había equivocado.
En efecto el evangelio de Mateo aporta el dato, no considerado por Dionisio, de que Jesús vino al mundo “en tiempos del rey Herodes” (Mt 2,1). Y por el escritor romano Flavio Josefo, contemporáneo de Cristo, sabemos que este rey murió en el año 4 a.C., pocos días después de un eclipse de luna ocurrido el 12 de marzo, que había iluminado con su luz siniestra la horrible enfermedad infecciosa del monarca. Por lo tanto, Jesús debió haber nacido por lo menos 4 años antes de lo fijado por Dionisio. Es por esto que varios libros de la vida de Jesús digan que Jesús nació 4 años antes de Cristo.
Pero ¿cuántos años antes de la muerte de Herodes había nacido Jesús?

Si el acontecimiento de los Magos de Oriente, relatado en Mateo 2, es sustancialmente histórico, podemos deducir que cuando éstos llegaron encontraron a Herodes sano y todavía en Jerusalén. Los recibió, realizó sus investigaciones, y gozaba de buena salud pues les prometió ir a Belén después de que ellos volvieran y trajeran noticias del niño.

En cambio se sabe que el viejo monarca cuando sintió que su salud se agravaba, atormentado por la enfermedad, se hizo trasladar a Jericó, y luego a las termas de Callíroe para aplicarse unos baños curativos. En vista de que no mejoraba, se volvió a Jericó en donde murió poco después. Este viaje ocurrió en noviembre del año 5, a comienzos del invierno. Hay que hacer, pues, una segunda adición de medio año más, y remontarnos a mediados del 5 a.C. para el nacimiento del Mesías.

La exactitud deseada.

Si suponemos que fue histórico el asesinato de niños inocentes ordenado por Herodes, ante el temor de que alguno de los recién nacidos le quitara el trono, ¿cuántos años tenía Jesús cuando ocurrió la masacre?

Esta es la tercera adición que debemos hacer. Después de calcular la fecha de nacimiento de Jesús, Herodes ordenó matar a todos los niños “de dos años para abajo” (Mt 2,16). Aunque el rey haya alargado el tiempo a fin de que no se le escapara la presa, se puede razonablemente pensar que en ese entonces Jesús ya tenía entre un año y un año y medio.

Muchos autores antiguos incluso le dan los dos años. Algunos evangelios apócrifos (que no están en la Biblia, y de los cuales hablaremos en otro artículo) también cuentan que tenía esa edad al momento de la muerte de los inocentes, y no faltan pinturas en las catacumbas que lo representan ya crecido. El mismo evangelio de Mateo dice que en el momento de llegar los Magos hallaron al niño viviendo ya “en la casa” (Mt 2,11) y no en la gruta del nacimiento, como solemos representarlo.

Sumando ahora este nuevo margen de tiempo a nuestros cálculos, estamos ya entre finales del año 7 y mediados del año 6 a.C.
El año perdido y hallado.

Pero ¿cuánto tiempo pasó entre la venida de los magos y la enfermedad de Herodes? Sólo este dato nos falta. Pero no parece que haya sido mucho tiempo, ya que si retrocedemos unos años más, nos alejaríamos bastante de la edad que vimos que le asigna el evangelista Lucas cuando dice que al comenzar Jesús “tenía unos 30 años”. Aunque esta cifra es sólo aproximada, hay que quedarse en torno a los treinta. De agregar algún año más debería haber dicho que Jesús tenía “unos 40 años”.
Por lo tanto, la fecha probable de su nacimiento es el año 7 a.C., y al comenzar su vida pública tenía unos 33 años.

Algunos estudiosos quieren llegar por otro camino a fijar la fecha del nacimiento de Jesús, es decir, mediante el censo mencionado por Lucas, que realizó Quirino y que motivó el viaje de José y María a Belén (Lc 2,1). Pero esa vía está ya descartada, debido al carácter fragmentario de las informaciones históricas acerca de Quirino, y especialmente por el hecho de que ninguna fuente histórica menciona censo alguno realizado en tiempos del rey Herodes.

En conclusión, por los datos de los evangelios y de las demás fuentes históricas, debemos afirmar que Cristo nació, paradójicamente, ¡en el año 7 antes de Cristo!

Esta frase, en sí contradictoria, ha despertado en muchos la idea de reformar nuestro actual calendario y ajustarlo con mayor precisión al nacimiento del Salvador. Durante las grandes celebraciones del jubileo del año 2000, los historiadores hablaban de que realmente el Jubileo de la Encarnación debió celebrarse en nuestro 1993 (2000). Para ello proponían agregar los 7 años que olvidó Dionisio en los cálculos de sus papeles. De esta manera, en vez de hallarnos ahora en el año 2003 estaríamos en el 2010.

La propuesta, aunque atrayente en su intención, es impracticable. En efecto, a todos los acontecimientos históricos los tenemos ya fechados con esos 7 años de desfase. Cambiarlos uno por uno sería, además de un trabajo colosal, un verdadero quebradero de cabezas. ¿Cómo volver a proponerle a los estudiosos de historia que Julio César no murió en el 44 sino en el 37 a.C., y que la Primera Guerra Mundial no comenzó en 1914 sino en 1921? ¿Cómo hacer cambiar a millones de estudiantes, que tienen mentalmente fijadas tantas fechas, que Cristóbal Colón no arribó a América en 1492 sino en 1499, y que la independencia de México no fue en 1821 sino en 1828?

Pero sobre todo es una iniciativa sin sentido, porque así como está el calendario, con la diferencia de 7 años, igualmente cumple la intención de Dionisio: recordar perpetuamente que con la venida de Cristo al mundo la historia ha quedado partida en dos; que no es lo mismo el mundo antes de él que después de él; que él es eje del tiempo en torno al cual gira todo acontecimiento humano. Con semejante proyecto pedagógico, los años discordantes no afectan en absoluto su objetivo primigenio.
Dentro de Poco celebraremos el año nuevo: 2004 años desde el nacimiento de Cristo.

Pero en la tierra varios pueblos siguen otro calendario.

Pero a la luz de lo expuesto, uno se pregunta: ¿En todo el mundo será el próximo año el 2004? Porque si bien en las relaciones internacionales se ha extendido el calendario dionisiano, en el interior de muchos países y grupos religiosos no tiene vigencia. Para 19 millones de judíos estamos en el año 5758.(desde la creación del mundo). Para 800 millones de musulmanes acabamos de ingresar en el año 1418 (desde que Mahoma huye para iniciar su enseñanaza). Para los persas musulmanes de Irán el calendario les indica, en cambio, el 1377. Los japonese de religión shintoísta, viven ahora en el año 2657. Por su parte millones de devotos de ciertos credos de la India sostienen que estamos en el 2055, y los chinos confucionistas viven en el 2548.
Ni siquiera las iglesias cristianas esperan con unanimidad un año 2004. Los cristianos coptos de Egipto van el año 1718, los caldeos de Irak en el 6751, los armenios en el 1451, y los sirios en el 2316.

Gracias a Dionisio, Cristo reina en nuestros calendarios. Aunque no seamos conscientes, toda fecha que escribimos al encabezar una carta, hacer un recibo, firmar un acta, llenar un cheque, nos recuerda su venida a este mundo.
Él es el centro de nuestra historia. Debemos, en consecuencia, vivir de tal manera que también en nuestro obrar cotidiano sea él el centro de nuestra vida. Cristo nace en la Historia, se hace uno de nosotros para salvarnos con nuestro lenguaje. Él es el dueño del tiempo, a él la Gloria y el honor.

Expuesta por internautico  el 24/12/2003, 14KB
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