
En torno a una estrella
Hace más de dos mil años, según cuenta el Evangelio, llegaron a Jerusalén unos magos venidos de Oriente, tras afrontar un largo viaje y los recelos del rey Herodes, para traer oro, incienso y mirra a un niño recién nacido en un establo.
Como lo relataron ellos mismos al final de su fatigoso camino, se habían puesto en camino porque habían visto una estrella en el Oriente, la cual, por otra parte, los había guiado precisamente hasta allí, para luego desaparecer.
Cuando se presentaron los magos ante el viejo déspota Herodes, que se hallaba en los últimos años de su vida, cargado de complejos persecutorios y abrumado por complots, la turbación de éste fue muy grande. Y reunido en una de las salas de su palacio con los sabios de la corte y los recién llegados, trató de averiguar más sobre aquella estrella y el tiempo de su aparición.
Desde entonces muchos astrónomos, eruditos, exegetas y científicos han proseguido con las investigaciones iniciadas por Herodes y su gente, intentando dilucidar aquel luminoso fenómeno celeste, y a lo largo de la historia han propuesto diversas teorías y aventurado distintas opiniones, que hasta el día de hoy no logran esclarecer el misterio.
¿Fue una estrella nova?
La hipótesis que más naturalmente parece imponerse, ya que el mismo Evangelio llama "estrella" (astér) a aquel fenómeno, es que se trata de una estrella denominada nova. Según los astrónomos, ciertas estrellas en determinados momentos de sus vidas adquieren una intensidad tal que llegan a multiplicar cien mil veces su propia luz. Este accidente acaecido en el curso de la evolución de una estrella, y que dura tan sólo unos meses, tiene características tan espectaculares que parece el nacimiento de una nueva estrella. De ahí su nombre.
Aunque este hecho ha sido bien precisado sólo con la astronomía moderna, sin embargo ya un sabio de Rodas en el siglo II antes de Cristo habla de una estrella nueva detectada alrededor del año -134, de tal brillo que se la ha podía ver a plena luz del día.
Pero fue en 1572 cuando fue observada la estrella nueva que dio lugar a la teoría. La divisaron unos navegantes españoles y durante todo el mes brilló tanto como Venus, hasta que se extinguió. Con estos datos, Goodrich formuló una teoría en el siglo XVIII. Dedujo que dicha estrella se dejaba ver cada trescientos años y que fue, según se opinión, la estrella que sorprendió a los Magos.
Esta hipótesis explicaría cómo ellos podían viajar durante el día, guiados por la estrella, y por qué después de unos cuantos meses, el tiempo suficiente para conducir su viaje desde Oriente, desapareció.
¿Fue el cometa Halley?
Esta teoría, ya sostenida por Orígenes, decía que se trataba de un cometa. En efecto, el nacimiento de varios personajes famosos de la antigüedad, como Mitrídates, rey del Ponto, y el emperador Augusto, había sido precedido por la aparición de un cometa.
De entre los mil quinientos que conocemos actualmente, el más espectacular es el cometa Halley, que alcanza una longitud aparente de ciento cincuenta grados y una extensión lineal de unos treinta millones de kilómetros.
Individualizado desde antiguo, ya el célebre pintor florentino Giotto, que contempló su imponente aparición, lo pintó en su famoso óleo de la Adoración de los Magos como la estrella de Belén. Volvió a aparecer en 1682, cuando el astrónomo inglés Edmond Halley pudo estudiarlo atentamente. Luego se lo vio en 1785, en 1910, y finalmente la vimos en 1986.
Según los cálculos de los astrónomos occidentales, el cometa Halley apareció a fines de agosto del año 12 antes de Cristo, lo cual nos aproximaría bastante a nuestro nacimiento. Pero esta fecha nos obligaría a retroceder demasiado en la fecha del nacimiento de cristo. Además hay otro dato en su contra, y es que según las creencias populares antiguas la aparición de un cometa presagiaba algún acontecimiento nefasto: terremoto, sequía, guerra o peste. Difícilmente habría podido ser visto como un signo divino del Mesías.
¿Fue una conjunción de planetas?
Fue Juan Kepler quien concibió la idea de que la estrella que guió a los tres magos hasta Belén no era en realidad una estrella, sino dos planetas muy próximos.
Efectivamente, observando el cielo en diciembre de 1603, el astrónomo alemán contempló atónito cómo se reunían en conjunción Júpiter (el planeta real) y Saturno (la estrella de los gigantes) en la constelación de Piscis (el signo de agua, ligado al rito cristiano del bautismo). Esta conjunción, que vuelve a producirse cada ochocientos cinco años, se habría verificado en el año 7 a. C.; fue una conjunción visible y en el cielo de Palestina ambos astros habrían aparecido como uno solo muy luminoso, insólito para el ojo humano. Por este motivo, habría sido considerada como una señal especial de la divinidad, sobre todo teniendo en cuenta que se repitió dos veces más aquel año, en octubre y en diciembre.
Ahora bien, hoy sabemos que el rey Herodes murió en el año 4 antes de Cristo. Por esta razón Jesús no pudo nacer en el año 1 como se cree corrientemente, sino 4 años antes del inicio de nuestra era, para haber podido venir al mundo durante el gobierno de Herodes. ¿Cuántos años antes? Quizás uno o dos, es decir, en el año 5 ó 6 antes de la era cristiana. Por lo tanto, un fenómeno celeste acaecido en el 7 a. C. coincide perfectamente con estas nuevas precisiones. De hecho, esta hipótesis es la que goza de mayor aceptación entre los que interpretan literalmente el relato evangélico.
Los caprichos de una estrella
Pero si prestamos más atención a cuanto dice san Mateo en su Evangelio, nos daremos cuenta de que en todas estas tentativas de identificar aquel misterioso signo con una estrella, un cometa, un meteorito o cualquier otro fenómeno astrológico, no hay nada que merezca ser tenido en cuenta, aparte de la buena intención, ya que sigue un camino totalmente falso.
Basta detenerse un instante en las particularidades del relato (Cf. Mt 2, 1-12) para comprender que la descripción de la estrella contradice la realidad del mundo planetario y estelar.
En efecto, el curso aparente de los astros en el cielo, según nuestra posición desde la Tierra, es de Oriente a Occidente. Ahora bien, para que pudieran seguir una tal estrella desde Oriente hasta Jerusalén, los magos deberían haber atravesado de lleno el feroz y tórrido desierto de Arabia, camino éste que nadie hubiera jamás intentado hacer. Las caravanas llegaban siempre, sea desde el norte siguiendo la media luna fértil, sea desde el sur por la zona llamada Arabá.
Pero hay más. Una vez llegados a Jerusalén, la estrella continuó guiándolos a Belén, ciudad ésta que se encuentra ocho kilómetros al sur. ¿Qué extraño cuerpo celeste es éste que viaja de este a oeste y de norte a sur? Los astros no pueden estar zigzagueando por el cielo.
Más adelante cuenta el Evangelio que la estrella, que iba por delante de los Magos, llegó a destino y se detuvo en el lugar exacto donde se encontraba el niño Jesús.
¿Puede una estrella desplegar semejante acrobacia?
Los que a toda costa quieren salvar la realidad de la estrella, echan mano entonces, al argumento supremo del milagro. Dios, que es todo poderoso, puede ciertamente hacer que un astro trace en el cielo la órbita que Él quiera. Pero entonces habrá que explicar una última dificultad, y es que la estrella comete un error. En vez de guiar a los Magos directamente a Belén los conduce a Jerusalén.
Sin tal error, Herodes no se habría enterado del nacimiento de Jesús y se habría evitado todo el drama de la muerte de los inocentes. ¿Puede un signo guiado por Dios cometer tan macabro desliz? ¿Realmente pensaba Mateo en una estrella cuando escribía estas cosas?
La estrella, símbolo de la fe
Si la estrella del relato no era un fenómeno celeste, entonces es un símbolo, y tiene algún significado. Esto hace que los autores modernos se pregunten por el auténtico sentido de la estrella y de todo el relato. Y una de las explicaciones más lógicas y coherentes supone que Matero compuso este pasaje para exponer aquí la tesis de la universalidad de la salvación. De este modo, cada elemento de la narración simbolizaría un realidad distinta: los magos representan a los paganos; Herodes a los judíos; y la estrella, la fe.
Por lo tanto, lo que Mateo pretende decirnos es que Jesús, una vez nacido en Belén como un niño judío y para salvar a los judíos, quiso brindar también al paganismo, ya desde la cuna, la posibilidad de un encuentro, para lo cual envía la luz de la fe (estrella), cuya misión es guiar a los gentiles (magos) hasta el lugar donde se encuentra el Salvador (Jesús).
Pero Mateo es consciente de que el pueblo judío es el pueblo elegido, y que tiene un privilegio por encima de todas las demás naciones. Por ello, la estrella (fe) no puede guiar a los Magos (paganismo) directamente a Jesús. Mientras el judaísmo conserve su posición de privilegio, sólo por intermedio de ellos es posible llegar hasta el Salvador. Es así como en el relato la estrella no guía a los Magos a Belén, sino a Jerusalén, para que sea el judaísmo (Herodes) quien le dé acceso a Jesús. La estrella, pues, no aparece equivocándose, sino cumpliendo su cometido, llevando a los paganos a confrontar sus inquietudes con los judíos.
Un privilegio rechazado
Sólo cuando el judaísmo rechaza a Jesús, queda libre el camino para que los paganos puedan ir guiados por la estrella (fe) hasta el lugar mismo donde su encuentra el Salvador.
Todo privilegio tiene su correspondiente obligación. Y el evangelista recuerda que Israel estaba mucho más constreñido a recibir al Mesías; tenía las luces necesarias para descubrirlo en el niño Jesús. Incluso su nacimiento en Belén proclamaba a los cuatro vientos que el reino mesiánico había llegado. Pero el relato de los Magos nos enseña cómo el judaísmo renuncia voluntariamente a su posición singular. No quiere ir al encuentro del Mesías. Lo rechaza. Más aún, lo considera un usurpador y un peligro. Y rehusando conducir el mundo gentil hasta donde se encontraba Jesús, renuncia voluntariamente a los privilegios que le otorgaba su situación de pueblo elegido.
Y es entonces, y sólo entonces, cuando al paganismo se le abren las puertas para acercarse directamente a Jesús. Ya no precisa llegar a Él a través del judaísmo. El antiguo Pueblo cede paso a uno nuevo.
Esta realidad, que desde el punto de vista histórico sólo se realiza con la resurrección de Jesús, cuando Israel renuncia definitivamente a su postura de privilegio y Jesús abre la Iglesia para todos los pueblos, Mateo la hace retroceder hasta el nacimiento de Jesús, y la cuenta como si ya con la venida al mundo del Mesías se hubieran beneficiado todos los pueblos gentiles.
La estrella de los Magos en el relato de Matero no es, pues, ningún fenómeno celeste que haya aparecido realmente en el firmamento, sino el símbolo de la luz de la fe que brilla en las tinieblas del pecado cuando el Salvador aparece en el mundo.
Mateo plasma así una tesis nueva. Jesús, aun siendo judío y descendiente de David, es un Mesías con fuerza para ahuyentar del mundo entero las tinieblas del pecado, por más lejano que se encuentre el hombre, y en el desierto que sea. Para ello éste debe cumplir un solo requisito: dejarse guiar por la luz de la fe.
La estrella sale para todos
Los escribas y los sumos sacerdotes escudriñaron la Biblia y encontraron no menos de cuatrocientos sesenta y seis profecías mesiánicas y más de quinientos cincuenta conclusiones sacadas de las Escrituras. Y hasta le indicaron a Herodes el lugar exacto donde podía encontrar al Salvador, al verdadero Rey de los judíos. Sin embargo, ninguno se puso en movimiento.
Los Magos, en cambio, nos dejaron el ejemplo de quien está en actitud de búsqueda ante Dios.
En nuestra vida suelen suceder hechos cargados de sentido que reclaman nuestra atención. Ciertamente, si uno no se pone a investigar, a ver qué quiere decirnos Dios, vive más tranquilo, no se cuestiona, no se hace problemas. Pero no avanza, se mueve en un horizonte estrecho, mezquino, sin dimensiones, y se priva de los que le ofrece su capacidad para progresar.
Los Magos estaban a la espera. Aguardaban. Y cuando apareció algo en su cielo, comprendieron que era el signo. No dudaron. No se dejaron enredar con falsas hipótesis. Iniciaron una larga caminata por el deseo de cumplir la voluntad de Dios, y siguieron adelante pese a todos los sacrificios que tal decisión implicaba.
En la vida hay que seguir una estrella. Un ideal. Un proyecto de vida. Un modelo de santidad. Ésa es la estrella que brilla para nosotros en nuestro cielo azul. Y hay que seguirla a pesar de todos los sacrificios que impone.
Jesús nos espera al final.
