|  Esta página está dedicada a una entrañable historia movida por la Amistad y desarrollada en este gran medio de comunicación que es Internet. El vínculo entre ella y nuestra comunidad se lo debemos a nuestro querido amigo Alfanhui, que tuvo el hermoso detalle de acercarnos la posibilidad de prestar nuestra colaboración, así como el de describir en nuestro panel de mensajes los sentimientos del protagonista en el desarrollo de la misma y la historia de su abuelo, que fue quien antaño emprendió el viaje desde España hasta Argentina, asentándose en ese país. Mis mejores deseos para Charly y mi agradecimiento a Alfanhui. Agustina Como todos sabéis, aquel amigo argentino, CARLOS PASCUAL, CHARLY para todos que, tras conocer su estado de extrema necesidad, por internet, y después de cotejar los documentos oportunos, decidimos entre todos hacer lo indecible para que viniese a España, desde donde un día salió su abuelo Tadeo hacia la Argentina, está ya en nuestro país, resolviendo sus papeles en España. Como os prometí, os transcribo un artículo que la periodista argentina Nidia Isabel Peltzer escribió durante aquella campaña, siendo "Donde nace el Arco Iris" el primer medio donde se publica el artículo en nuestro país. Gracias a todos por haberlo hecho posible. Alfanhui 11/07/2002   LA HISTORIA DEL ABUELO TADEO Por: Nidia Isabel Peltzer En la nueva realidad que vive nuestro país y que nos sitúa como país de emigración, recuperar la memoria histórica puede ser útil. Son enormes las similitudes entre el pasado y el presente. Antes éramos nosotros los receptores de enormes masas de hombres y mujeres que elegían la Argentina para vivir. Hoy, países como España e Italia, y en menor medida, Francia, Alemania y Estados Unidos, son los receptores de los hijos de los hijos de aquellos inmigrantes que un día arribaron al puerto de Buenos Aires en busca de un futuro mejor. Desde la década de 1880 hasta la primera guerra mundial, más de tres millones de españoles emigraron. Asentados aquí, fueron hombres de campo, comerciantes de almacenes de ramos generales, en tanto la mayoría de las mujeres, eran empleadas domésticas. España no echó un manto de olvido a la cuestión de la emigración, como lo hicieron otros países europeos. Desde bien temprano, la idea de que existía un problema se asentó en sus fuentes gubernamentales. Y trabajaron para resolverlo. En ese marco se sitúa la historia de Tadeo. Tadeo Pascual Pérez vivía en Berlanga de Duero; era el hijo de don Santiago Pascual y doña Simona Pérez. Un día cualquiera, decidió venirse a Argentina. A "hacer las Américas", como decían... Hacía tiempo que en Europa se hablaba de América y sus posibilidades. Ansias de juventud tendría Tadeo. Anhelos de nuevas tierras, deseos de un futuro mejor. Lo cierto es que llegó al puerto de Buenos Aires entre finales de 1800 y comienzo del 900 No viajó solo. Vicente y Pascual, sus hermanos, lo acompañaron, aunque ellos, después, se volvieron a España. La realidad indicaba que había una alta tasa de retornos. Pero ése no fue el caso de Tadeo. Casi nadie se quedaba más de cinco años. "La tierra tira" -decían-. Y retornaban, con el dinero que habían podido juntar, una mujer y algunos hijos, que ya eran argentinos. El tiempo pasó sin prisa pero sin pausa. Como entonces, todo era más lento. Una tarde de verano, Tadeo estaba en la zona de Necochea, en la provincia de Buenos Aires. Una mujer caminaba con sus amigas por la plaza de pueblo. Sus ojos lo impresionaron. La joven percibió el galanteo de ese español sincero que la miraba en silencio. El rubor tiñó su rostro, mientras el sol fue cómplice de ese amor que nació para dar vida a una esperanza. Se casaron y después, vinieron los hijos. Se instalaron en Lanús. Luego, Parque Patricios, Floresta, Flores. Como dice un poeta, los "cien barrios porteños". Se acostumbraron al mate, a las siestas de verano; a escuchar la milonga. A vivir en Buenos Aires. Y así fue pasando el tiempo. Hasta que nació Carlitos, el nieto de don Tadeo. Cosas tristes de la vida; cuando el niño cumplió seis meses, el abuelo se fue para siempre. Antes de cerrar sus ojos, tal vez en su mente se arremolinaron recuerdos; aunque lo más seguro es que en el rostro apacible y tranquilo de ese hombre tenaz, se reflejara el rostro de su nieto. Así fue creciendo Carlos, en un barrio tranquilo que lo contenía. Erminda, su mamá, solía contarle cosas de una tierra extraña. De una tierra muy lejana. La tierra de Tadeo. Allá quedaron sus abuelos, los amigos de su padre y algún hermano. Bajo la parra, las siestas eran muy largas. Juegos, risas, alegría... El pantalón largo, a los doce. Una cita confidente. La facultad, el trabajo y la esperanza. Tadeo estaría orgulloso de su nieto "el contador". Carlos fue transitando la vida de este país. Aquí creció y estudió. Cada nueva oportunidad era un escalón que subía. Y estaba feliz. Creía que podía proyectarse en lo suyo. Desde chico le habían gustado los números y tenía facilidad para eso. Por eso fue contador. Como tantos argentinos, trabajó en varias empresas. Creció profesionalmente, fue adquiriendo jerarquías. Hasta que un día, los sueños comenzaron a derrumbarse. El país fue malvendido. Las empresas dejaron de funcionar, la "dolce vitta" implantada por el gobierno de turno, con una moneda estadounidense que invitaba al despilfarro, fue cercenando las bases de este país construido con sacrificio por miles y miles de inmigrantes. Y Carlos quedó sin trabajo a los sesenta años. Hoy no es Tadeo. Es Carlos, o Charly para nosotros, el que busca retornar a la tierra de su abuelo. Mejor dicho: es la comunidad de internet la que quiere devolverle la esperanza a este hombre sencillo, nieto de un inmigrante de Berlanga de Duero. Aunque una fría disposición diga que no puede acceder a su ciudadanía española, existe una comunidad habitada por personas que, día a día, transitan la esperanza para repatriar a este amigo cibernauta. Una red que destrona al egoísmo. Que vuelve a los seres más humanos, más sensibles, más luchadores. Es la comunidad Cibernética. La que sin duda llorará de alegría cuando Charly baje del avión en Madrid o quizás en Barcelona y repita la historia de su abuelo. Aunque hayan pasado cien años, porque la historia es cíclica, y se repite. Aunque hayan pasado cien años...   Un vuelo, un sueño La historia del retorno de Charly a España, relatada por él mismo 
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