
¡La Luna te ha mirado!

Calma en ti la tristeza, refrena tu llanto,
equinoccia lo esencial con lo mirado
y evoca, con soltura, las alas desplegadas
desde antaño... ¡Vuela en lontananza!

Mírate en el espejo de tu sonrisa clara
y rezuma en tu aliento el aliento de la esperanza.
Que no se diga muchacha, que no se diga
que las lágrimas manchan tu frente... ni tu alma.

Y es que la luna llora si te ve acongojada
y caen en tu rostro sus gotas y en tu mirada... rebotan
como fuente que amenaza con derramarse toda.
y tú... las besas y nace la sonrisa en tu alma, en tu boca.

¡La luna te ha mirado! tú te sonríes, te arrobas.
Y sientes que te acompaña en su reflejo de luz solar
apelmazada, que no olvida y que no llora,
sólo... ama y derrama la cosecha desbocada.

Ya no lloras muchacha, y la luna... ya no llora.
No recuerdas qué navegaba en tu quebranto.
En tus ojos de miel, la chispa rebrota,
sabedora que la luna... ¡te sigue mirando!
Agustina 29/11/2000

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