LOS PILARES DE LA TIERRA
Un cigarrillo rubio entre los dedos,
el humo elevándose perezosamente hacia el blanco techo,
un libro acompañándome en el dulce silencio
como fiel compañero, en la madrugada.
La noche se funde poco a poco con el día,
es la hora mágica e inolvidable del amanecer,
la tenue luz disipando las tinieblas,
se retiran de puntillas los duendes y las hadas
sin hacer ruido, por no despertar a los mortales,
a descansar entre nubes de algodón.

Siento un sabor amargo entre los labios,
los ojos irritados, cansados por la noche en vela,
el corazón y el alma llenos de historias,
de gentes del pueblo, de catedrales y de monjes
de hombres afanándose por levantar un monumento a Dios,
a ellos mismos, a sus deseos y a su orgullo.

Ya se oyen a los lejos los murmullos de la calle,
la gente sale de sus casas para enfrentarse a un nuevo día,
otros seres invaden ya los cielos
pájaros que le cantan una vez más a la mañana.

Para mí es el final de una noche interminable,
los pilares de la tierra ya están puestos,
tan solo espero que resistan la dura acometida
de las luchas, de las guerras, del odio y la barbarie,
y que tengan como sólidos cimientos el amor.
Cíes 14/09/2001