Tú crees que me conoces
pero no tienes ni idea de mi lucha
para no verme atrapada por el tiempo,
por no dejar que los sueños se deshagan en mis manos,
convirtiéndose en aire que arrastre el frío invierno.

Por no permitir que entre mis dedos, convertida en polvo,
se me escape, lentamente, la felicidad que he conseguido,
porque mis ojos permanezcan atentos a toda la belleza,
que no se pierdan ni un rayo de Sol cuando amanezca.

No sabes que existe otro yo que anhela vivir un amor desconocido,
recuperar la esperanza perdida entre la bruma,
sentir la paz interna que me arrebató el destino,
permanecer, inalcanzable al dolor, sentada entre las nubes.

No puedes ni tan siquiera imaginar la voz que llevo dentro,
el grito desgarrado que se ahoga en mis entrañas,
el miedo que ha vivido instalado entre mis dudas,
el fuego que me abrasa, lentamente, sin quemarme.

No conoces que las lágrimas asoman a mis ojos,
queriendo unirse, como hermanas, en un río eterno,
a otras amargas lágrimas lloradas por el mundo,
por la maldad, la injusticia y el dolor sincero.

No entiendes que soy como una hoja mecida por el viento
que recorta su silueta contra el cielo, tratando de alcanzarlo,
que en cada surco de su haz hendido se acumulan recuerdos,
que en cada gota de sabia derramada se agotan mis anhelos.
Tú crees que me conoces pero... aún no sabes nada de mi alma .
Cíes 22/12/2001

