 | Alma desnuda
Soy un alma desnuda en estos versos, alma desnuda que angustiada y sola va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola, que puede ser un lirio, una violeta, un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta y ruge cuando está sobre los mares, y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares, dioses que no se bajan a cegarla; alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla con sólo un corazón que se partiera para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera dice al invierno que demora: vuelve, caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve en tristezas, clamando por las rosas conque la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas a campo abierto, sin fijar distancia, y les dice libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia, de un suspiro, de un verso en que se ruega, sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega y negando lo bueno el bien propicia porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia palpar las almas, despreciar la huella, y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella, Como los vientos vaga, corre y gira; alma que sangra y sin cesar delira Por ser el buque en marcha de la estrella. | |  Date a volar Anda, date a volar, hazte una abeja, en el jardín florecen amapolas, y el néctar fino colma las corolas; mañana el alma tuya estará vieja.
Anda, suelta a volar, hazte paloma, recorre el bosque y picotea granos, come migajas en distintas manos, la pulpa muerde de fragante poma.
Anda, date a volar, sé golondrina, busca la playa de los soles de oro, gusta la primavera y su tesoro, la primavera es única y divina.
Mueres de sed: no he de oprimirte tanto... Anda, camina por el mundo, sabe; dispuesta sobre el mar está tu nave: date a bogar hacia el mejor encanto.
corre, camina más, es poco aquello... aún quedan cosas que tu mano anhela, corre, camina, gira, sube y vuela: gústalo todo porque todo es bello.
Echa a volar... mi amor no te detiene, ¡cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo! llore mi vida... el corazón se apene... date a volar, Amor, yo te comprendo.
Callada el alma... el corazón partido, suelto tus alas... ve... pero te espero. ¿Cómo traerás el corazón, viajero? Tendré piedad de un corazón vencido.
Para que tanta sed bebiendo cures hay numerosas sendas para ti... Pero se hace la noche; no te apures... todas traen a mí... | |  Esta tarde Ahora quiero amar algo lejano... Algún hombre divino que sea como un ave por lo dulce, que haya habido mujeres infinitas y sepa de otras tierras, y florezca la palabra en sus labios, perfumada: suerte de selva virgen bajo el viento...
Y quiero amarlo ahora. Está la tarde blanda y tranquila como espeso musgo, tiembla mi boca y mis dedos finos, se deshacen mis trenzas poco a poco.
Siento un vago rumor... Toda la tierra está cantando dulcemente... Lejos los bosques se han cargado de corolas, desbordan los arroyos de sus cauces y las aguas se filtran en la tierra, así como mis ojos en los ojos que estoy soñando embelesada...
Pero ya está bajando el sol de los montes, las aves se acurrucan en sus nidos, la tarde ha de morir y él está lejos... lejos como este sol que para nunca se marcha y me abandona, con las manos hundidas en las trenzas, con la boca húmeda y temblorosa, con el alma sutilizada, ardida en la esperanza de este amor infinito que me vuelve dulce y hermosa... | |  La invitación amable Acércate, poeta; mi alma es sobria, de amor no entiende -del amor terreno- su amor es más altivo y es más bueno.
No pediré los besos de tus labios. No beberé en tu vaso de cristal, el vaso es frágil y ama lo inmortal.
Acércate, poeta sin recelos... ofréndame la gracia de tus manos, no habrá en mi antojo pensamientos vanos.
¿Quieres ir a los bosques con un libro, un libro suave de belleza lleno?... Leer podremos algún trozo ameno.
Pondré en la voz la religión de tu alma, religión de piedad y de armonía que hermana en todo con la cuita mía.
Te pediré me cuentes tus amores y alguna historia que por ser añeja nos dé el perfume de una rosa vieja.
Yo no diré nada de mí misma porque no tengo flores perfumadas que pudieran así ser historiadas.
El cofre y una urna de mis sueños idos no se ha de abrir, cesando su letargo, para mostrarte el contenido amargo.
Todo lo haré buscando tu alegría y seré para ti tan bondadosa como el perfume de la vieja rosa.
La invitación esta....sincera y noble. ¿Quieres ser mi poeta, buen amigo, y sólo tu dolor partir conmigo? | |  La caricia perdida Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos. . . en el viento, al pasar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida, ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar al primero que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos los floridos senderos. La caricia perdida, rodará. . . rodará. . .
Si en los ojos te besan esta noche, viajero, si entremece las ramas un dulce suspirar, si te oprime los dedos una mano pequeña que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano ni esa boca que besa, si es el aire quien teje la ilusión de besar, ¡oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos! en el viento fundida, ¿me reconocerás? | |  Versos otoñales Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas, he sentido el otoño; sus achaques de viejo me han llenado de miedo; me ha contado el espejo que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas...
¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas en plena primavera para brindarme nieve y mis manos se hielan bajo la presión leve de cien rosas azules sobre sus dedos muertas.
Ya me siento invadida totalmente de hielo; castañean mis dientes mientras el sol, afuera, pone manchas de oro, tal como en primavera, y ríe en la ensondada profundidad del cielo.
Y lloro lentamente, con un dolor maldito... con un dolor que pesa sobre mis fibras todas, ¡Oh, la pálida muerte que me ofrece sus bodas y el borroso misterio cargado de infinito!
¡Pero yo me rebelo!... ¿Cómo esta forma humana que costó a la materia tantas transformaciones me mata, pecho adentro, todas las ilusiones y me brinda la noche casi en plena mañana? | |  Dolor Quisiera esta tarde divina de octubre Pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, como una romana, para concordar
con las grandes olas y las rocas muertas y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules contra los granitos y no parpadear,
ver cómo las aves rapaces se comen los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire, el hombre más bello; no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente, perderla y que nunca la vuelva a encontrar;
Y, figura erguida, entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar. | |   Federico García Lorca Eladia Blázquez HOME 
|