|  Docenario Guadalupano Por el presbítero Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita “Años y años entre nosotros”. “Ella siempre nos espera, nos sale al paso…” Un saludo para ustedes, hermanas y hermanos, con quienes estaré en contacto a través de este Docenario que espero nos ayude a enfervorizarnos durante las celebraciones de los 476 años de que Nuestra Morenita del Tepeyac está entre nosotros; ¡Enhorabuena! Este año hemos celebrado los 100 años de la erección e inicio de nuestra Arquidiócesis y el comienzo de la visita pastoral de nuestros señores obispos a cada parroquia, y las elecciones en nuestro Estado; los 475 años de la presencia y acción materna de María con nosotros y desde el Tepeyac que ha traído, de seguro, muchos frutos. En mayo tuvo lugar la realización del encuentro latinoamericano de los obispos en Brasil, en donde estuvo presente el papa y donde brotó el Documento de Aparecida que guiará los próximos años de la vida de los católicos latinoamericanos. Esto nos anima a dar gracias por tantos beneficios recibidos. Seguiremos viviendo la historia que iremos consagrando, dedicando y configurando durante el nuevo año cristiano en honor de Cristo a Quien celebramos este domingo pasado como Rey y Señor universal y a quien mañana comenzaremos a esperar con el primer domingo de Adviento. Le pediremos a Nuestra Madre nos siga acompañando con todo su amor.
Las reflexiones de este Docenario estarán dedicadas a percibir cómo Santa María de Guadalupe, Nuestra Bendita Madre, nos acompaña y acompañará con mucho afán en el servicio materno que Dios le ha pedido; por eso el subtítulo del Docenario: años y años entre nosotros. Los tópicos están pensados y sacados de lo que vamos experimentando personalmente y como nación, adecuados a las situaciones que vamos viviendo y con la ayuda tradicional del relato original de las apariciones de nuestro querido y ya conocido Antonio Valeriano, indígena contemporáneo de San Juan Diego y autor del Nican Mopohua (N.M.) que estaremos usando continuamente. Iniciemos en el Nombre de Dios y de Nuestra Santa Madre… Nota metodológica: Les recuerdo que pueden hacer el Docenario a manera de un rosario —por eso pongo cinco consideraciones cada día—; pero también puede ser de otro modo según le acomode a cada quien o a los grupos que quieran hacerlo en común.
Primera consideración: En el camino hacia México-Tenochtitlán, cuando Juan Diego iba a su experiencia de catecismo, María se le presentó a Juan Diego. Nos dice el relato: “Era sábado, muy de madrugada, Juan Diego venía (hacia Tlatelolco) para seguir a Dios y conocer sus mandatos… oyó cantar como el canto de muchos pájaros finos… se detuvo y se preguntó: ¿Por ventura soy digno de lo que oigo..? ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo?... Cuando cesó el canto oyó que lo llamaban: Juantzin, Juan Dieguito…” (N.M. 6-12).
En nuestros caminos de todos los días Ella se nos hace presente… ¿Le damos oportunidad de atendernos? Agradezcámosle su presencia cercana.
Jaculatoria adecuada para hoy: Madre Santa: Tu presencia entre nosotros nos llena hoy de alegría; permanece con nosotros, y muéstranos a tu Hijo, nuestra luz y nuestra vida.
Segunda consideración: En su primera dificultad con el señor obispo María se le presentó a Juan Diego para animarlo y reconfirmarle su encargo. Después de la primera entrevista con el señor obispo, al que fue a llevarle el recado de la Virgen para que le construyera su casa, Juan Diego “venía triste porque no se realizó de inmediato su encargo… Tuvo la dicha de encontrase con la Reina del cielo… lo estaba esperando…” (N.M.46-48). En nuestras dificultades, tristezas y sinsabores, también Nuestra Madre está con nosotros, como con San Juan Diego. Recordemos cómo no nos ha fallado… Démosle gracias. Tercera consideración: Cuando Juan Diego fue hacia México por un sacerdote para que atendiera a su tío que estaba para morir, la Virgen lo aguardó y se le presentó de nuevo. Hay momentos en que casi desesperamos y que ni siquiera esperamos el auxilio del cielo; así le sucedió a Juan Diego; llegó a decirse: “Si me voy derecho no vaya a ser que me detenga la Señora para llevar su señal…que primero nos deje nuestra tribulación…” (N.M.101-102). Hoy podemos pedirle a Nuestra Madre que nos perdone nuestras desconfianzas y que nos enseñe a buscar los remedios mejores para nuestros males: oración, amor a los demás, solidaridad, realismo cristiano… Cuarta consideración: La Virgen no solamente se le presentó a Juan Diego, le dijo que se le acercara… Es muy consolador constatar que Nuestra Madre se le haya hecho tan cercana a nuestro hermano mayor en le fe. En la narración nos dice Valeriano: “Cuando lo vio la Doncella que allí estaba de pie lo llamó para que estuviera cerca de Ella… cuando llegó cerca admiró Su perfecta grandeza… se postró… Y cuando le llevó las rosas recién cortadas… vino a traerle a la Niña celestial las diferentes flores que había ido a cortar, y cuando las vio, con Sus venerables manos las tocó, luego las puso todas juntas en el hueco de su ayate… ” (N.M.134-136). Hoy, Ella nos pide que nos acerquemos, que estemos con Ella, que transformará nuestras espinas y cardos en flores de esperanza… Acerquémonos, pues… Quinta consideración: Nuestra Madre está presente entre y con nosotros. Dios le ha confiado a María que se nos haga presente en nuestra vida de la manera más cordial y cercana de manera que no nos quede duda de su amor, su presencia entre nosotros y su cercanía cariñosa. No siempre podremos darnos cuenta, pero Ella es muy obediente con Nuestro Dios y realiza muy bien su voluntad. Ella prometió atendernos de un modo muy especial en el Tepeyac; le dijo a Juan Diego: “Allí les escucharé su llanto, su tristeza… para remediar todas sus diferentes penas y dolores…” ¡Bien que lo ha hecho estos 476 años de estar entre nosotros! Renovemos nuestra confianza en Ella que nos sigue diciendo: “¿No estoy Yo aquí que soy Tu Madre?” (N.M.119).
Apoyos de la Biblia: Is.66,10-14 Salmo 131(130) Lc 2,6-7. 16-19 y 22-24.— Con María, Nuestra Madre siempre presente y cercana, construimos la civilización del amor.— Para la mayor gloria de Dios y de Santa María de Guadalupe.
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