8's Crudos
Agosto de 2003, habiendo pasado mis 42 años, en esos viajes que de cuando en cuando, este en un viaje especial, dentro de un mismo ritual que contornea mi existencia, un camino con y a mi virtud.
Este ego 8, que tan poco dice, y que funciona muchas veces como una linda pantalla para que se proyecten miles de imágenes, y que gracias a ello mi ego se ensancha y me disuelve a mi más mínima expresión.
He atravesado distintos momentos, desde mi mínimo saber sobre esta herramienta, al principio con mi propia voracidad de querer ubicar a cuanto humano o similar se me aparezca adelante, ciertamente como una presa digna de conquistar, dominar y /o aplastar, es verdad en un principio es una cuestión de números, hoy ya me rebelo con ello mismo, ya que me invade la espiritualidad del ser, poder atravesar mi propio prejuicio en cuanto a lo sacro, encontrarme cara a cara con mi propio espíritu, que se eleva en mi presencia, esta inocencia que con ojos azorados mira, encontrar la propia compasión, mi propia compasión, mirar a un mundo de manera compasiva y tierna, me habilita y me dignifica, me limpia y me trae a este mundo, a este trabajo cotidiano, con mi ego a cuestas, con trabajo y sin peso, con la certidumbre de que la cosa "ES", o como dice Rumi "Eso que está, está en eso".
Hace un tiempo hace unos meses, he escrito un cuentito autobiográfico, que se llamaba "Un día en la infancia de un lujurioso", que ha circulado por algunos espacios virtuales, y que me dio placer y alivio haberlo escrito, seguramente hoy lo concluiría de otra manera.
Luego de tamaña digresión, cosa que acostumbro, la semana pasada me encontraba en Paraguay en un encuentro con este amoroso 8 que tengo por padre, que pude volver a tomar, a admirar, y a disfrutar, mi primer maestro, mi primer brujo, un gran guerrero, que es mas grande por que lo es de la manera mas generosa, sin saberlo, y amplia su corazón.
En estos ambientes de 8’s escasos, viene a mí una revista de aquellos lados, dos notas: "Hijo de la violencia" y "Matar la inocencia", obviamente que me llamó la atención profundamente, y se dice mucho acerca de estos portadores de Ego que somos los ochos, y se me ocurrió mirar este 8 descarnado, que lamentablemente no tienen acceso de esta herramienta, ya que todos los cursos de Eneagrama se dan en otros lados, muy lejos en tiempo y distancia, de dónde nacen, se hacen y crecen estos lujuriosos, por ello invito a compartir la experiencia de echar una mirada en la vida y existencia de mis compañeros de egos fatigados, esos 8 que pueblan sectores marginales, que no tuvieron la dicha que al menos tengo yo, de haberme encontrado con esta herramienta en el momento indicado y en el lugar necesario.
Esa mañana vengó la
Muerte de su hermano.-
Apuñaló a Mario
Giménez una y otra vez.
Dice estar consciente
De su crimen. No se
Arrepiente. Agresivo,
Ausente, frío. Otra
historia de miseria,
Abandono, drogas y
violencia...
Hijo de la Violencia.- Por Marta Velazquez Alén
Penitenciaría de Tacumbú, 9 de diciembre de 2001. 06.10 AM. Tras un rápido aseo, se dirige al comedor. Cocido negro y tres galletas. Anastasio – recluido desde hace 9 años en el penal- amanece de mal humor. Otra noche de insomnio, mal que lo aqueja desde niño. El desayuno es rápido, sin ánimos de socializar.
En el comedor y en la misma mesa se encuentra Mario Giménez, quien cumple condena por haber asesinado dos años atrás al hermano de Anastasio, Armindo. El antecedente es suficiente para que el ambiente se torne tenso una vez más. Sin embargo, esta vez, Anastasio no tiene en mente ningún motín como otros días. Algo más está por suceder.
Esa mañana, Anastasio confiesa a su amigo el chino, "tengo ganas de matarlo" –refiriéndose a Mario -. Esta sed de venganza se alimenta minuto a minuto, al mismo tiempo que Mario se divierte molestándolo. Anastasio lo mira fijamente a los ojos y solo espera el momento justo para concretar lo que había planeado desde hace tiempo.
Son las 11 de la mañana y Anastasio se vuelve a cruzar con Mario bajo el tinglado de visitas. Se agudiza la situación. Anastasio sabe que es el momento. Va hasta su pabellón, saca un cuchillo fabricado en forma casera y se dirige nuevamente al tinglado.
Sabe perfectamente lo que hace, sabe las consecuencias. Sabe que sólo aumentará sus días dentro de ese infierno. En ese momento es conciente de su juventud, sin embargo no le importa tener una vida por delante. Tiene familia, pero no siente ninguna añoranza por verlos. Sabe que hay vida afuera, pero le da igual. La vida le da igual.
Con la cabeza fría y los cincos sentidos, saca el arma sujeta por el cinturón y apuñala una y otra vez a su víctima. El guardia de turno se percata de lo ocurrido e interviene. Demasiado tarde. Mario Giménez Escurra, paraguayo, soltero, de 26 años de edad, fallece inmediatamente.
Anastasio mira a su víctima y sin ninguna expresión entrega el arma a su celador.
Fernando Villasanti, hermano de Anastasio, -También recluido en Tacumbú- llega en ese instante y abraza a su hermano. Sumergido en un llanto desconsolado, sólo se pregunta porque otra vez. Anastasio frío y calculador, no muestra arrepentimiento alguno.
Fuerte Físicamente, tímido, oculto. Puede pasar inadvertido, como un ciudadano común y corriente por los numerosos tatuajes y cortes en el cuerpo, rastros de enemistad con la vida.
Anastasio nació en Asunción el 7 de setiembre de 1980. Se crió en el barrio San Felipe. Hijo de doña Eleuteria (60), ama de casa, y de Inocencio (59), albañil. Tiene 6 hermanos: Margarita, 16; Nancy, 14; Dionela, 12; Arminda, 10; Fernando, 23; y Teodoro, de 25 años.
Su niñez se desarrolla en medio de la miseria, la promiscuidad, la ignorancia y la violencia. La escuela no formó parte de su cotidianeidad, sí las drogas.
A los 13 años comete su primer delito y es recluido en el instituto del Mañana de Itaguá. A partir de entonces su vida transcurre entre rejas: cargos de lesiones y heridas en Agosto de 1994, homicidio en setiembre de 1995, lesiones y heridas en enero de 1997, lesión en Junio 1999, y homicidio doloso en Julio 2002.
Actualmente, Anastasio Villasanti cumple condena en la penitenciaría regional de Emboscada. Sus días transcurren con los mismos sentimientos que lo envolvían antes de esta sentencia: Odio, ira, cólera, desesperanza. Para él no cambió nada: Su mundo real sigue siendo gris, y sin ningún ideal.
Examen psicológico:
"Anastasio presenta un trastorno antisocial de la personalidad, que se caracteriza por un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde los 15 años, como indican los siguientes Items:
Nicolás Garcete, Psicólogo clínico.
Bueno hasta aquí, esta historia que representa a un ego 8, quedan dos posibilidades quedarse con la anécdota o con la profundidad.
Quedarse con la anécdota, es fascinarse o rechazarla, de las dos maneras no se logra hacer contacto, profundidad es poder despejar lo florido de los actos y principios morales que revisten a cada acto de acuerdo a cada ego.
Muchas veces siento, que se habla sobre los egos 8, y en este humilde aporte es Hablar de, esto es un pedazo de la vida misma, y esencialmente si cambiamos algunos objetos o personas, que para este ego funciona de manera idéntica, no dista mucho de alguna manera desintegrada en la cual yo también miro al mundo.
Pero si despejo la escenografía y los detalles, queda mucho dolor, y extremada sensibilidad, por eso cuando escucho –AH!!!! Ustedes los ochos, no les importa nada, o son de temer, o hay que cuidarse- Nunca escuche decir ustedes los cinco, o los dos, o los tres, o etc.
Hay muchas maneras de no hacer contacto, una buena manera es generalizar y calificar, quizás este ejemplo suene descarnado, pero invito a correr por un segundo, el velo, y apelar a la compasión propia de cada esencia individual, y luego de esto hacer una segunda lectura, una lectura compasiva e ingenua.
Alex Segovia Psicoterapeuta Gestáltico y Transpersonal