En un Trance Profundo
Tom Condon
Publicado en la revista Enneagram Monthly, edición de Junio de 1998 (#40 - Vol. 4, n° 6). Traducción al castellano de Carmen Marcos,
_Sofiau_, y Fernando Uribe, Fercho, para uso exclusivo de la comunidad ENEAGRAMA 2001
"Es increíble pensar que el destino de un hombre en toda su nobleza y degradación es decidido por un niño no mayor de seis años": Eric Berne.
A veces el Eneagrama es presentado como una galería estática de tipos, pero hay muchas maneras dinámicas de enfoncar el sistema y el hecho de tener un estilo de personalidad. Para empezar a mover este tema, me gustaría ofrecer varias perspectivas de qué hace un estilo de Eneagrama y el dilema que presenta. Significa ver la misma cosa desde diferentes ángulos: tu estilo de personalidad es un trance cataléptico, una destreza, una historia, un refugio de talentos, un conjunto de defensas y un repertorio de potencialidades.
En un Trance Profundo
Una vez un hombre tuvo un sueño dentro de un sueño. Al darse cuenta que estaba soñando comenzó a preguntarle a cada uno de quienes encontraba: "¿Te das cuenta que esto es solo un sueño?" Nadie se daba cuenta; los personajes del sueño se encogían de hombros o ignoraban al hombre/soñador y seguían con sus asuntos. Cada vez más desesperado de que su sentido de la realidad fuese negado, al fin el hombre encontró una anciana arquetípicamente marchita que le dijo: "¡Oh, pero claro!", cuando le hizo su pregunta. El soñador sintió un gran alivio de inmediato. El hombre y la anciana permanecieron juntos un buen rato, conversando de manera cálida y desprevenida, como si amigos íntimos fuesen. En cierto punto, la anciana miró serenamente al hombre y le dijo: "En un instante despertarás de tu sueño físico. Cuando lo hagas, estarás en otro sueño, éste de la vida terrenal. Con la excepción de poca gente, como yo, nadie que conozcas en la vida terrenal tampoco sabrá que es sólo un sueño. Buena suerte y que tengas un buen día."
Muchos filósofos, teólogos y místicos han sostenido que nuestra vida diaria es una especie de sueño despierto o trance. Los expertos en hipnosis clínica dicen que no hay diferencias notables entre la realidad al despertarnos y la experiencia de las personas que han sido hipnotizadas. El trance hipnótico normalmente está caracterizado por un estrechamiento, encogimiento o fijación de la atención y una preocupacion con la realidad subjetiva. De acuerdo a esa definición, vivimos en pequeños trances todo el tiempo. Piensa en cómo actúa la gente en la caja registradora del supermercado, mirando hacia la distancia con expresiones en blanco. O cómo vamos en ascensores evitando el contacto visual, con la mirada vacía en el piso o en los números que se iluminan encima de la puerta. Llamamos a estas experiencias "en la estratosfera", "soñar despiertos" o estar "pérdidos en el pensamiento". Pero son estados idénticos a los trances hipnóticos.
Leer es un trance ya que mientras lees estás absorto de cualquier otra cosa. A medida que un libro te va interesando más y más suele haber una placentera absorción de la atención que luego se profundiza en absoluta fascinación. Mientras tanto el resto del mundo se desvanece. Otros ejemplos de hipnosis natural incluyen concentrarse en una llama y olvidarse del entorno, relajarse en un baño caliente, o "auto-hipnosis", la experiencia de conducir un auto inconscientemente por una larga autopista con poca percepción de en qué pensabas. Pero estamos en trances más profundos de los Grandes Hipnotistas de nuestra infancia: en especial nuestros padres y los numerosos hechizos culturales de larga duración al servicio, mayormente, de socializarnos. Algunos de estos trances aún están bastante operativos y ahora guían nuestras vidas.
El terapeuta Sydney Jourard describe cómo sucede esto: "Empezamos nuestra vida con el mundo preséntandose a sí mismo como es. Alguien -nuestros padres, profesores, amigos, la sociedad y la cultura- nos hipnotizan para "ver" el mundo e interpretarlo de la manera "correcta". Después de eso no podemos leer el mundo en ningún otro idioma o escucharle decirnos otras cosas."
La vida familiar es especialmente inductora del trance. Nuestros padres nos dan lo que los hipnotistas llaman "sugestiones post-hipnóticas, "frases que alguna vez causaron un impacto especial" y continúan guiando ahora nuestro comportamiento. Algunas como "mira los coches antes de cruzar la calle" son bastante útiles. Otras -como "¡nunca llegaras a ser nadie!"- son más dolorosas o limitantes y pueden reposar en muestras mentes como maldiciones.
Las familias son trances de grupo ya que en ellas se comparten creencias, valores, identidades y comportamiento. Cuando te mudas del seno familiar por primera vez descubres rápidamente que las personas en el resto del mundo no comparten los hábitos o excentricidades de tu familia. Si en tu grupo de trance familiar, todos creían que era importante lavarse las manos catorce veces al día, podrías haber topado con reacciones extrañas o peleas sobre el espacio y tiempo del lavamanos, con tu primer compañero de habitación compartida. Pero la lavadera de manos estaba asumida e incuestionada en tu familia.
Hay trances habituales, culturales y familiares, pero el trance más profundo de todos es la personalidad. Nuestro mapa de la realidad, nuestra "tierra plana". Todo nuestro sentido de identidad contribuye a un estado de hipnosis de ojos abiertos: nuestro sueño de la vida diaria. De lo que el mundo sea, sólo percibimos una fracción: el resto es la interpretación que de él hacemos. Así creamos vivir en un mundo objetivo, a menudo habitamos en una subjetiva "zona de trance" que interponemos entre nosotros y el mundo. En esta zona creamos nuestra propia realidad, una realidad tan constrictiva que nos olvidamos de estarla soñando.
Cada estilo del Eneagrama funciona como un trance y tiene cualidades subjetivas que son características de un estado hipnótico real. Aunque los místicos lo describirían como una caída de la gracia, el trance de tu personalidad es natural, inevitable y útil; el problema está en su profundidad. Puedes despertar del hechizo de tu ego, pero primero es necesario apreciar su propósito y reconocer tu parte en su creación. Cada uno de nosotros es un hipnotista y toda hipnosis es auto-hipnosis.
Comportamiento Aprendido
Las personas a menudo se preguntan si los estilos del Eneagrama son géneticos o medioambientales; ¿nacemos con nuestro estilo de personalidad o lo aprendemos en la infancia?
La respuesta correcta es "Ambas cosas". Nuestro estilo de personalidad parece estar determinado por cierta combinación de la herencia genética con la influencia del entorno. Al estar en contacto con bebés, es claro que cada uno nace con un temperamento diferente, y los genetistas consideran que un 50% de nuestra psicología es innata. Sin embargo, hay escenarios de infancia notablemente consistentes para cada estilo del Eneagrama, lo cual sugiere que una parte fundamental del estilo es moldeada tempranamente en la vida. Podría ser que nacemos con nuestro estilo de Eneagrama y luego interpretamos todo lo que nos sucede a través de ese filtro. También es posible que algunos de nosotros heredemos una predisposición para varios estilos y que luego, nuestras experiencias de vida tempranas y familia de origen nos inclinen a escoger uno y no otro.
Para nuestros propósitos la cuestión de "naturaleza o crianza" no importa. Lo que las personas más desean cambiar es el comportamiento disfuncional y ése siempre es adquirido. Como dijo una dama conocedora del Eneagrama: "Puede que haya nacido Nueve pero definitivamente aprendí cómo ser poco sana". Uno puede llegar sorprendentemente lejos por el hecho simple de asumir que sus limitaciones fueron creadas en la infancia y por lo tanto pueden ser trabajadas y superadas.
Si has aprendido parte de tu estilo eneagramático, la aprendiste igual que otras cosas temprano en la vida. A lo mejor no recuerdas lo duro que trabajaste para aprender a leer, caminar o montar bicicleta, pero alguna vez lo hiciste. Practicaste estos comportamientos con gran esfuerzo y concentracion hasta que se convirtieron en habilidades integradas. Ahora son "segunda naturaleza", parte de tu sistema de reflejos, están entretejidas en las respuestas habituales a los eventos del diario vivir.
Los hábitos son cosas maravillosas. Se ha dicho que nuestras mentes conscientes se preocupan de aquello que no sabemos cómo hacerlo bien. Que una vez dominamos una nueva destreza, quedamos libres para olvidarnos de ella, algo que tiene una eficiencia biológica extraordinaria.
Fíjate los pomos de puerta. Cada que te encuentras uno lo manejas para ti con tu mente inconsciente. Cada que te acercas a una puerta, un hábito sensorial salta automático a ayudarte. No tienes que pensar: "Ummm, un objeto brillante y redondo; sip, esto debe ser un pomo para abrir puertas. Creo que extenderé mi mano hacia él. ¿Los pomos de puerta giran hacia la izquierda o a la derecha? Y luego ¿halo o empujo? Bueno, veamos..."
Si tuvieras que pensar la apertura de puertas y los cientos de labores que automáticamente efectúas todos los días, te volverias loco(a). Pero no, de manera automática lidias con cada puerta al entrar a espacios, sean ellos familiares o nuevos. Una parte de ti maneja esa tarea a las mil maravillas, dejándote libre para atender lo que te interesa o requiera de tu atención consciente.
Sólo cuestionarías o te harías consciente de tu estrategia abrepuertas cuando empujas una puerta que dice "Hale" o halas una puerta que dice "Empuje". Hace poco entré a un edificio federal y vi un anuncio en una puerta que decía "Hale o Empuje". Me pareció muy brillante tratándose del gobierno, pero la mayor parte del tiempo el mundo no se adapta a sí mismo para nuestras limitaciones. Nos pide a nosotros que las superemos.
Una destreza Maestra
Aprendemos por entrenamiento consciente pequeñas piezas de comportamiento que después combinamos e integramos a trozos mayores. Abrir una puerta no es un movimiento aislado, es un ensamblaje en línea de pequeños gestos practicados. "Ir al trabajo" es algo que normalmente vemos como una actividad única y le llamamos por un nombre, pero es un término paraguas para la práctica de una docena de habilidades, que van desde vestirse pasando por la apertura de puertas hasta la conducción de un coche.
Nuestro estilo del Eneagrama es igual: una estratégica e inconsciente habilidad maestra que practicamos a diario; un repertorio de hábitos y procedimientos aprendidos que sirven para muchas funciones y propósitos. Aunque experimentamos el estilo del Eneagrama como involuntario, mucho más que una condición cósmica él es algo que hacemos. Lo hacemos por buenas razones, además. Hay muchas funciones sanas en un estilo de personalidad, cosas que echaríamos en falta si no tuviésemos uno. Algunas de las más importantes son:
Contención. Tu ego te ayuda a poner un poco de orden en el caos canalizando tu atención y filtrando el vasto panorama del estímulo sensorial. Experimentar los "nueve-novenos" de la realidad podría resultar demasiado abrumador así tú comprimas tu experiencia en un patrón que hace al mundo inteligible y reduce tus opciones a unas pocas que puedas manejar.
Una función le sigue en importancia: la predicción. Tu estrategia del Eneagrama le da una secuencia a tu experiencia, una manera de anticipar eventos y prevenir que todo suceda de una vez. Aunque no seas capaz de predecir terremotos, cuando pasas a través de una puerta y caminas hacia tu próximo destino, de manera provechosa anticipas lo que pasará en cada paso del camino. Para los seres humanos es muy importante saber que está próximo a ocurrir; a las mentes inconscientes no les gusta la sorpresa.
Segunda Parte --->