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Mujeres de Tipo Cuatro: Tres Casos de Estudio.
Antonio Barbato ©
Publicado en Enneagram Monthly en el No. 61, de mayo del 2000.
Traducción al español, por Carmen Marcos -Sofiau- & Fernando Uribe, -Fercho-, para uso exclusivo de la comunidad ENEAGRAMA 2001
 
 
Lissy (Subtipo Auto-Preservación)
 
Lissy tuvo una infancia difícil. Nació en una pequeña aldea rural del Sur de Italia y perdió a su madre a los seis añitos de edad. Su madre murió muy joven, dejando al padre sin saber mucho que hacer. Tenía tres hijos pequeños y abrumado por la inmensidad de la tarea, decidió enviar a Lissy a vivir con parientes, lejos de su hogar.
Para mí fue poco fácil no sentirme conmovido mientras Lissy relataba su historia, ochenta años después de los sucesos: cómo fue puesta en un tren, completamente sola, sujetando con firmeza su boleto de papel en cuyo envés viajaba escrita la dirección de su nueva familia. Estos eventos marcaron irrevocablemente el sentido general de su vida.
Al contrario del Subtipo Sexual que se siente derechoso hacia la pareja básica o por proyección hacia el género socialmente dominante, el subtipo Auto-Preservación está más orientado a ser exigente con el destino.
La vida de Lissy es un ejemplo de cómo el Cuatro Auto-Preservación resiste un cruel destino e intenta sobrevivir, a menudo en absoluta desesperación pero con dignidad, a los obstáculos de la vida. Sin embargo, la desorientación siempre acechante en el trasfondo, lista para traer consigo un sentido de culpa por cada error o desliz en la dignidad, le causa al Cuatro -aun más- la pérdida del compás interno.
Lissy no la pasó del todo mal en su nuevo hogar. Tuvo que trabajar arduamente, fue tratada más como sirvienta que como miembro de la familia y no recibió apropiada educación, pero al menos tuvo comida y sus necesidades básicas fueron cubiertas.
A menudo me compartía su gran sueño de tener una casa propia para decorarla a su gusto y no al gusto de los demás. Aunque pequeña de alzada, 1 metro 35 centímetros, Lissy no tenía complejos sobre su estatura. De agradable figura, se sabía bastante bonita y tenía ojos azules y hermosos. (Menciono esto porque contrario al Social, el Cuatro Auto-Preservación es bastante seductor y no siente vergüenza de su apariencia física). Apenas convertida en mujer, no pasó mucho tiempo para que varios hombres se fijasen en ella y uno de ellos le propusiera matrimonio.
 
Realmente, Lissy no amaba a este hombre, y durante su breve compromiso fue consciente de tener más vitalidad e inteligencia que él. Eso, sin embargo, no le pareció tan importante porque sentía que el matrimonio sería el billete de salida de su vida de entonces. Consintió casarse esperando que todo saliera bien. "No", se convenció a sí misma, "todo saldrá bien".
 
Desafortunadamente, las cosas no salieron bien. Su esposo comenzó a sentirse progresivamente inferior a ella percatado de sus superiores inteligencia e iniciativa, e intimidado por ello, perdió su habilidad de tener con ella relaciones sexuales plenas. A pesar de ello, tuvieron dos hijos lo cual empeoró la situación. La frustración creció en su marido así como también lo hizo su impotencia. Buscó consuelo en los brazos de una mujer que no lo hacía sentirse inferior y con quien podía tener relaciones sexuales satisfactorias.
 
Para Lissy, el aspecto más grave de esta situación no era la traición, sino que su marido se había tornado abusivo y comenzaba a ventilar su rabia sobre ella, golpeándola por pequeñeces y gotereándole el dinero para mantener el hogar y los niños. Ella trató de arreglárselas como mejor pudo, pero pronto la situación fue de mal en peor. Luego de una pelea particularmente violenta donde el marido de Lissy le partió dos costillas, ella comenzó a planear su venganza.
 
En perfecto conocimiento de su romance extramarital, Lissy comenzó a seguir a su marido con la esperanza de sorprenderle en flagrancia. Un día, segura de que su marido había ido al encuentro con su amante, Lissy agarró un cuchillo de cocina y fue tras él.
El plan inicial de Lissy era matarlos a los dos, al marido y a su amante, pero como sucede tan a menudo con los Cuatro Auto- Preservación, este plan sobrevivió solo en el plano de las ideas. Siguió al infiel al lugar donde se encontraría con su amante, se les acercó a hurtadillas, mientras estaban en trance el uno con el otro, y cuchillo en mano se lanzó a dar la puñalada fatal. Pero algo muy dentro de ella hizo que su brazo dudara, como si a pesar de la confusión reinante en su mente, corazón y espíritu, su sentido de Auto-Preservación ganara la batalla. En lugar de hundirlo en el corazón su brazo torció el curso y apuñaló fue el muslo, hiriéndole apenas.
 
Lo que siguió a continuación fue una especie de pesadilla delirante. Lissy escapó y se escondió con una amiga, dejando a su esposo en el piso ensangrentado y a la amante del susto medio muerta. Tan pronto como en la familia de su esposo supieron del incidente, hicieron lo posible por encubrir el asunto para evitar el escándalo. Llamaron un doctor de confianza que comió callado, le atendió sin notificar a la policía. La suegra de Lissy fue a verla y exigió saber por qué porque lo había hecho. Lissy confeso, explicándolo todo. Su suegra le abrazó fuertemente lo cual la hizo llorar porque sintió que en fin alguien la había perdonado. Por supuesto, no toda su familia política fue tan comprensiva y generosa, pero en últimas, y a pesar de las pocas opiniones en su contra, la idea de que era mejor olvidarlo todo fue aceptada. La suegra de Lissy trató lo mejor que pudo de que se reconciliaren por el bien de los hijos y su hijo decidió seguirle el juego. Esa fue la gota que derramó el vaso e hizo que Lissy aborreciera a su marido completamente. Pensó en el gran riesgo personal que había tomado gracias a las acciones de este hombre quien ahora se doblegaba a la voluntad de su familia y no por un sentimiento genuino hacia Lissy. Perdió todo interés en el.
 
En salvaguarda de las apariencias, la familia del marido propuso mantener el matrimonio: vivirían juntos y Lissy podría volver a su hogar con sus hijos. Lissy estaba terriblemente indecisa y profundamente atormentada en la intimidad de su alma. A lo mejor podría aceptar este arreglo de conveniencia por amor a sus hijos y por razones de su propia supervivencia, pero, ¿cómo aceptar una vida sin amor con un hombre que continuaría traicionándola a las primeras de cambio y de encima maltratándola?
Lissy rehusó esta opción y prefirió abandonar su hogar a pesar de que ello le hizo sentir como si lo hubiera perdido todo. En aquella época, el divorcio era ilegal en Italia, y pudo haber sido enjuiciada por abandono de hogar. Además, no tenia un trabajo, no había sido entrenada para ninguna profesión y no tenía parientes cercanos. Lissy estaba por su cuenta frente a un destino gris y duro. Esto trajo consigo violenta crisis de desorientación. Tuvo un colapso nervioso, perdió 26 kilos (¡en 1 metro 35 centímetros de altura!), y como en estado vegetativo, se clavaba 3 paquetes diarios de cigarrillos mientras vivía encerrada en un cuarto de alquiler en un convento. Solo su instinto de Auto-Preservación la salvó.
 
Cuando parecía que nada podía hacerse por ella, un muy intuitivo doctor encontró la llave de su corazón. Para despabilarla, fingiendo despreciarla, le dijo que pronto estaría muerta o se convertiría en una pordiosera porque no tenía el valor de afrontar su propia vida. Tales palabras produjeron choque en Lissy como si fuera su madre quien hubiese hablado: recordó cómo se le regañaba hiriendo profundamente su alma. Ella simplemente no podía dejarse vencer por el destino que quería humillarla y quitarle cuanto poseía. Tenia que sobreponerse y reclamar lo que le correspondía.
 
Así, Lissy, herida pero no acabada, encontró la fuerza para regresar a la vida. Comenzó a trabajar como mucama e hizo lo que pudo por sus hijos quienes permanecían con su padre y la mujer con quien él vivía. Subconscientemente, Lissy estaba reviviendo el escenario de su infancia en un rol apenas si diferente. Ahora era ella quien estaba en el rol de su propia madre ausente (muerta), pero de algún modo cuidó de sus hijos aun en la distancia.
 
Con el paso de los años, la vida de Lissy se convirtió en prueba contante para demostrar no ser menos que los demás. A pesar de vivir a la sombra de la condena social por ser mujer separada de su marido, y a pesar de la escasez de recursos económicos, Lissy continuó ayudando a aquellos que amaba (característica que hace a los Cuatro Auto-Preservación similares al tipo Dos), manteniendo siempre gran cuidado por sus compromisos.
Aunque mantuvo por 20 años una relación con un hombre casado, nunca quiso que él dejara a su esposa para casarse con ella, incluso después de haberse legalizado el divorcio en Italia. Cuando le pregunté el por qué, simplemente contestó que no quería que la otra mujer sufriera lo que ella había sufrido.
 
Del trabajo arduo y muy ahorrativa de lo que quedaba después de dar a aquellos en mayor necesidad, Lissy, ya mayor, al fin cumplió su sueño y se compró una casa propia; una casa muy pequeña en bastante mal estado, que logró transformar con su acostumbrada tenacidad en un monumento a su de siempre talento para buscar la belleza.
 
Yo creo que el tiempo transcurrido decorando y restaurando su casa, fue la mejor época de su vida. Hablando con ella hoy, casi a los noventa de edad, con placer recuerda sus esfuerzos y se queja de las debilidades de sus hijos.
La vida de Lissy me recuerda el bello poema de Lee Masters, "Lucinda Matlock", un extracto de su primero Spoon River:
 
¿Qué es esto que oigo de tristezas y cansancio
Rabia, descontento y caídas esperanzas?
Degenerados hijos e hijas,
La Vida es demasiado fuerte para Uds.
Hay que tener vida para amar la vida
 
 
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