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Variantes Instintivas

© Copyright Don Richard Riso & Russ Hudson. All rights reserved.

Las variantes instintivas indican cuáles de nuestros tres instintos básicos han sido más distorsionados en la infancia, produciendo obsesiones y comportamientos característicos en toda la extensión del tipo de personalidad.
 
Además de los dos subtipos alas para cada punto del eneagrama, hay tres variantes instintivas por cada tipo, que indican los diferentes aspectos de la vida en que se van a centrar los intereses y preocupaciones particulares de cada tipo. Una variante instintiva dominante de una persona representa el terreno o aspecto en el que van a presentarse con más frecuencia los problemas de su tipo.
 
Así como en nosotros actúan los nueve tipos del eneagrama, también lo hacen las tres variantes, aunque, como ocurre con el tipo, predominará una sola de esas variantes. Los tres instintos se pueden equiparar con las capas de una tarta, en que la capa superior es el instinto dominante y la inferior el menos potente. Además, esto se puede hacer sin conocer el tipo de una persona en el eneagrama; los instintos son de suyo claramente definidos y observables y son una variable que funciona independientemente del tipo y por lo tanto no es propiamente un subtipo.

Las variantes instintivas se fundamentan en los tres instintos primarios que motivan el comportamiento humano: el instinto de conservación, el instinto social y el instinto sexual. Así, cada tipo del eneagrama tiene tres variaciones basadas en los tres instintos que podrían ser dominantes. Por ejemplo, un Seis podría ser un Seis autoconservador, un Seis social o un Seis sexual, y cada uno de esos Seis tendría un conjunto de preocupaciones e intereses perceptiblemente diferentes.

Por lo tanto, una persona se puede definir como una combinación de un tipo básico, un ala y una variante instintiva dominante; por ejemplo, un Uno autoconservador con ala Dos, o un Ocho sexual con ala Nueve. Dado que las variantes instintivas y las alas no están relacionadas directamente, por lo general es más fácil percibir un tipo a través de la «lente» del ala o de la «lente» de la variante instintiva dominante. No obstante, combinar esos dos marcos de referencia distintos produce seis variantes para cada tipo, con un total de 54 variaciones principales en todo el eneagrama.

Tomar en consideración esta dimensión de la personalidad podría ser un grado de detallismo mayor que el que necesitan la mayoría de las personas, pero para el trabajo de transformación son importantes las variantes instintivas; son dignas de mención porque tienen un papel esencial en las relaciones. Las personas de la misma variante tienden a tener los mismos valores y a comprenderse mutuamente, mientras que las parejas de diferentes variantes (por ejemplo, un tipo autoconservador y uno sexual) tenderán a tener más conflictos porque sus valores fundamentales son muy diferentes.
 
LA VARIANTE INSTINTIVA DE AUTOCONSERVACIÓN

Muchas personas se pueden identificar fácilmente con esta variante instintiva. A los tipos con esta variante les interesa lograr y mantener seguridad y comodidad físicas, lo que suele traducirse en interés por la comida, la ropa, el dinero, la casa y la salud física. Estos asuntos son su principal prioridad y es posible que por ocuparse de ellos descuiden otros aspectos de su vida.
Por ejemplo, podríamos identificar esta variante instintiva en nosotros y en los demás observando qué es lo primero que nota la persona al entrar en una habitación. Los tipos autoconservadores tienden a poner la atención en la comodidad del ambiente, del entorno. ¿Favorece este su bienestar? Advierten y reaccionan con rapidez a la mala iluminación o a los asientos incómodos, o si se sienten molestos con la temperatura de la sala, y continuamente modificarán estas cosas. Tal vez se pregunten en qué momento se va a servir la comida o el café, o se preocupen de si habrá suficiente comida, si esta será de su gusto o si satisfará sus necesidades dietéticas.

Cuando este instinto funciona en armonía con el tipo de personalidad, estas personas son prácticas; aplican sus energías a ocuparse de las necesidades básicas de la vida, a crear un ambiente seguro, hacer la compra, cuidar de la casa y el lugar de trabajo, pagar las facturas y adquirir habilidades útiles para no interrumpir un ritmo ordenado de vida. Pero cuando la personalidad se vuelve insana deforma el instinto y hace que estas personas cuiden mal de sí mismas y tal vez desarrollen trastornos en el comer y el dormir; es posible que acumulen demasiadas cosas, compren y coman en exceso y, a continuación, también se purguen en exceso de «la carga o el equipaje» innecesario.

Los tipos autoconservadores menos sanos descuidan su aspecto físico o se obsesionan por la salud o la alimentación o ambas cosas. Además, su aspecto práctico y sus finanzas llegan a distorsionarse, lo cual les causa problemas de dinero y en la organización de sus asuntos. Si los problemas de la personalidad avasallan al instinto de conservación, la persona podría entregarse a un comportamiento deliberadamente autodestructivo en el cual el instinto se vuelve contra ella.
Cuando en la persona dominan los otros dos instintos y el de conservación es el menos desarrollado, no se acuerda de atender a los asuntos básicos de la vida. Estas personas no siempre piensan que necesitan comer y dormir bien. Apenas darán importancia a los factores medioambientales y tenderán a inhibir la ambición de acumular riqueza o propiedades, o siquiera se preocuparán de esas cosas; descuidarán la administración del tiempo y sus recursos, muchas veces con efectos gravemente perjudiciales para su profesión o trabajo, su vida social y su bienestar material.

LA VARIANTE INSTINTIVA SOCIAL

La mayoría sabemos que tenemos un componente social, pero tendemos a considerarlo como el deseo de relacionarnos, de asistir a fiestas y reuniones, de pertenecer a grupos, etcétera. El instinto social, sin embargo, es algo mucho más fundamental; es un deseo potente, que se encuentra en todos los seres humanos, de caer bien, de ser aprobado, de sentirse a salvo con otras personas. Solos somos bastante débiles y vulnerables y podemos fácilmente ser víctimas de un ambiente hostil. No tenemos las garras, los colmillos ni la piel de otros animales, y si no nos agrupamos y cooperamos mutuamente es improbable que nuestra especie, o nosotros como individuos, seamos capaces de sobrevivir. Ser capaces de adaptarnos a los demás y de ser aceptables es un instinto humano fundamental de supervivencia.

A las personas con un instinto social dominante les interesa ser aceptadas y necesitadas en su mundo. Les interesa conservar la sensación de valía que obtienen al participar en actividades con los demás, sean actividades en familia, de grupo, comunitarias, nacionales o mundiales. A las personas sociales les gusta participar, y disfrutan relacionándose con otras personas para finalidades comunes.

Al entrar en una habitación, las personas sociales captarían de inmediato las estructuras de poder y la «política» sutilmente manifiesta entre los diferentes grupos y personas. Subconscientemente perciben las reacciones dlos demás hacia ellos, sobre todo si son aceptados o no. Armonizan con la idea de «ocupar un lugar» dentro de una estructura social jerárquica, respecto a ellos mismos y a los demás. Esto se manifiesta de muchas maneras, por ejemplo en la búsqueda de atención, éxito, fama, reconocimiento, honor, liderazgo y valoración, así como la seguridad de formar parte de algo más grande que ellos. De todas las variantes instintivas, a los tipos sociales les gusta saber lo que ocurre en su mundo; necesitan «tocar la realidad» con otras personas para sentirse a salvo, vivos y llenos de energía. Esto puede variar desde un interés por la política de la empresa, por el cotilleo de barrio o por las noticias mundiales y la diplomacia internacional. Podríamos decir que el instinto social es una especie de inteligencia contextual: nos da la capacidad para ver nuestros trabajos y sus efectos en un contexto más amplio.
 
En general, el tipo social goza relacionándose con otras personas, aunque, irónicamente, tiende a evitar la intimidad. Como ocurre en todos los instintos, si la persona se vuelve insana, el instinto se manifiesta como su opuesto. Los tipos sociales insanos pueden ser extremadamente antisociales, llegan a detestar a la gente y se resienten de la sociedad y, en consecuencia, podrían tener poco desarrolladas las dotes sociales; temen y desconfían de los demás y no se llevan bien con otros, aunque al mismo tiempo son incapaces de deshacerse de sus conexiones sociales. En resumen, los tipos sociales se centran en relaciones que fortalezcan su valía personal, su sensación de consecución y la seguridad de su posición con otros.
Cuando dominan los otros dos instintos y el social es el menos desarrollado, no se da naturalmente el deseo de asistir a actos y compromisos sociales. Estas personas tienen dificultad para comprender la finalidad de crear y mantener conexiones sociales y suelen ser indiferentes a las opiniones de los demás; su participación en su comunidad, a cualquier escala, podría ser mínima; suelen tener poco contacto con la gente, porque piensan que no necesitan de los demás ni los demás necesitan de ellas. Por lo tanto, es posible que surjan frecuentes malos entendidos con personas aliadas y que las apoyan así corno con amigos y familiares.
 
LA VARIANTE INSTINTIVA SEXUAL
 
Al principio muchas personas desean identificarse con esta variante, tal vez porque creen que eso significaría que tienen atractivo sexual o que disfrutan de la actividad sexual. Ciertamente, el atractivo sexual es algo muy subjetivo y hay personas «sexy» en las tres variantes instintivas. Si preferimos una variante a otra nos conviene recordar que la personalidad tiende a obstaculizar* a deformar el instinto dominante. Así pues, las personas de la variante sexual tienden a tener problemas recurrentes en el aspecto de las relaciones íntimas Como para las otras variantes, hemos de ver cómo actúa más ampliamente el instinto.
 
En los tipos sexuales hay una constante búsqueda de contacto y una atracción hacia las experiencias intensas, no sólo por las experiencias sexuales, sino por cualquier situación que prometa una carga emocional similar. Estas personas buscan el contacto intenso en todo; podrían encontrar intensidad en un salto en esquíes, en una conversación profunda o en una película emocionante. Son los «adictos a la intimidad» de las variantes instintivas. En el lado positivo, poseen un enfoque de la vida amplio y exploratorio; en el lado negativo, les cuesta centrarse en sus verdaderas necesidades y prioridades.
 
Al entrar en una habitación, el tipo sexual se concentra rápidamente en ver dónde están las personas más interesantes; tienden a dejarse llevar por lo que les atrae. (Los tipos sociales, en cambio, se fijan en quién está hablando con el anfitrión, quién tiene poder, prestigio o podría ayudarlos. Los tipos autoconservadores advierten la temperatura de la habitación, se fijan dónde están los refrigerios y cuál podría ser un lugar cómodo para sentarse.) Los tipos sexuales van hacia las personas que los atraen, al margen de la capacidad de la persona para ayudarlos o de su posición social. Es como si se preguntaran: «¿Dónde está lo jugoso en esta sala? ¿Quién tiene la energía más intensa?».
 
Estas personas tienen dificultad para centrarse en sus proyectos y para cuidar bien de sí mismas, porque en el plano subconsciente siempre buscan fuera de ellos a la persona o la situación que los complete. Son como un enchufe en busca de toma de corriente, y es posible que se obsesionen por otra persona si creen que han encontrado la que les conviene. Podrían descuidar obligaciones importantes e incluso sus necesidades básicas si se sienten arrebatadas por alguien o algo que las ha cautivado.
Cuando estos tipos son insanos suelen experimentar una dispersión de su atención y una intensa falta de focalización. Podrían entregarse a la promiscuidad sexual o quedar atrapados en una actitud temerosa y disfuncional respecto a la relación y la intimidad sexual. Cuando esto último se convierte en su orientación, lo evitan con la misma intensidad.
 
Cuando dominan los otros dos instintos y el sexual es el menos desarrollado, no se da naturalmente importancia a atender los asuntos de intimidad y estímulo, mental o emocional. La persona sabe lo que le gusta, pero le resulta difícil excitarse intensamente o sentir entusiasmo por algo; tiende a tener dificultad para intimar con otras personas y es posible que lo evite del todo. También tiende a caer en rutinas, a sentirse incómoda si hay demasiadas cosas desconocidas en su vida. Podría sentirse involucrada socialmente con otros, pero extrañamente desconectada incluso de su cónyuge, de sus amigos y sus familiares.
 
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