Capítulo 3
Situación Internacional.
I
El capitalismo atraviesa por una crisis de ciclo largo que comenzó en la década del ’70 con el fracaso del llamado Estado Keynesiano. No existe tal fracaso: fue una etapa necesaria, agotada y eclipsada por el desarrollo del capital financiero.
EEUU logró sortear esa crisis mediante los empréstitos japoneses, árabes y europeos, pasando de ser el principal acreedor al principal deudor del mundo. Esta crisis mundial abarcó también a los países del llamado bloque socialista que, entre otros aspectos, generó su derrumbe, fundamentalmente, por tres razones:
1) El abaratamiento y la velocidad de la información por la aplicación de las nuevas tecnologías en la producción y los mercados, surgidas durante la segunda guerra mundial (satélites, informática, internet).
2) El abaratamiento de los costos de transporte.
3) La existencia de una enorme masa de capitales disponibles.
Como forma de superar esta nueva crisis se llevaron adelante reformas económicas que dieron término al llamado Estado Keynesiano. Estas reformas iniciaron un nuevo modelo de acumulación a través de la reducción de la mano de obra y exportación de capitales, no como forma de expandir la industria, sino como préstamos para la adquisición de productos elaborados en el primer mundo. El capital financiero adquirió un lugar preponderante. En alguna medida, este proceso es comparable con la primera etapa de acumulación imperialista de principios del siglo XX.
Debemos afirmar que las crisis del capitalismo devienen de las propias leyes y contradicciones que se generan de la ley fundamental: "producción social versus apropiación privada" y no de tendencias históricas señaladas y analizadas por Carlos Marx, hace ya 150 años, como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia que, simplemente, significa mayor capital fijo y menor capital variable, lo que explica la incorporación de tecnología y las gravísimas consecuencias de miseria para la humanidad.
Por lo tanto, la primera y única manifestación de la crisis capitalista es la de superproducción, que se manifiesta en el aumento desmesurado de la oferta y el achicamiento proporcionalmente profundo de la demanda por la irracional expulsión de seres humanos del mercado.
La caída del modelo de construcción socialista en Europa del Este y la URSS permitió la uní polaridad político-militar de EEUU y la tripolaridad económica que se denominó "nuevo orden mundial" a partir de la Guerra del Golfo con un capitalismo sin contrapeso.
El derrumbe de los países del "socialismo real", hacia 1989, también debilitó la resistencia obrera a esta forma de acumulación y aceleró la implementación de las reformas a nivel mundial, que alcanzaron su punto máximo en la década de los ’90.
Esto derivó en un nuevo reparto del trabajo y del mercado en el ámbito mundial que se desarrolla hasta la actualidad. La integración de países y centenares de millones de trabajadores en la nueva división internacional del trabajo se impuso bajo el afán de lucro de un gigantesco conglomerado de capitalistas.
Lejos de atenuarse las contradicciones, tal como dice Lenín acerca de los monopolios, se agudizaron. Surgió un nuevo realineamiento del mundo que está llevando a un cambio que implica la pérdida de la preeminencia de las corporaciones y compañías norteamericanas en el concierto económico mundial.
En el VIº Congreso afirmábamos:
"Casi un 48% de las 500 mayores compañías y bancos en el mundo son de los EEUU y un 30% son de la unión Europea, sólo 10% son japonesas. Es decir, casi el 90% de las mayores corporaciones que dominan la industria, la banca y los negocios son estadounidenses, europeas o japonesas". Esto se desarrolla en un marco de recomposición político-militar en el mundo.
Pero aún el poder económico está en esas tres unidades geográfico-económicas. Los estados nacionales, en este caso los estados imperialistas, no están desapareciendo, sino que son prioritarios para entender los centros de poder político y económico. Las compañías de EEUU pierden en manos de corporaciones europeas y asiáticas.
África y América Latina están ausentes de la lista. Y los llamados Tigres Asiáticos tienen tres compañías entre las principales quinientas, menos de un 1%. China, aparece con un crecimiento sostenido del 6% al 8 % anual del PGB (PRODUCTO GEOGRÁFICO BRUTO). Según estimaciones de algunos economistas si siguiera manteniendo este ritmo de desarrollo, en el 2030 sería la segunda potencia mundial.
Superando los pronósticos, China creciendo al mismo ritmo en que lo venía haciendo ha logrado convertirse en el eje del comercio en el área ASEAM, prácticamente desplazando a Japón y convirtiéndose en uno de los principales proveedores y acreedores de EEUU. Junto con Japón es uno de los mayores tenedores de títulos de la deuda norteamericana.
No sólo esta preeminencia económica de China es producto de su economía "floreciente", sino también debido a la paulatina profundización de la crisis en Europa, EEUU y Japón que no han logrado salir de la parálisis en que están sumergidos desde el ’97.