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Capítulo 4

Nuestra estrategia y tácticas nacionales deben partir de las características de nuestra revolución.

INTRODUCCION

Hemos afirmado en nuestro VIº Congreso que el capitalismo ha entrado en los años ’70 en una crisis que se corresponde con la del ciclo largo. O sea, los ciclos largos se manifiestan en períodos de entre 30 y 40 años.

Esta crisis de los ’70 se corresponde con la crisis del ’30, pero se diferencian entre sí porque la última no ha tenido una caída abrupta, principalmente por tres factores:

  • La intervención del Estado como factor económico.
  • La manipulación de los medios de cambio por parte de los bancos centrales (manipulación monetaria por parte del Estado).
  • El grado de interdependencia de la burguesía que le permite trasladar sus crisis de países centrales hacia la periferia, convirtiéndolas en crónicas en los países periféricos.

Esto es lo que ha venido sucediendo desde los años ’70 hasta ahora, con el breve intervalo de los años ’80 y ’90 en que el capital financiero (fusión del capital industrial con el capital bancario), con la incorporación masiva de la informática en todos los órdenes, hizo avances extraordinarios en la velocidad de las comunicaciones y abarató de forma increíble el transporte. Sumados a la existencia de una enorme masa de capitales disponibles, fue la base material sobre la que se asentó la tan publicitada "globalización" y el tan afamado "neoliberalismo". Debemos consignar que ésta es la tercera globalización que opera el capitalismo en su fase imperial. Primero fue el capitalismo comercial; segundo, el capitalismo industrial; tercero, el actual capitalismo financiero, el más voraz y parasitario, pues sus inversiones se orientan hacia las industrias y los servicios más rentables dejando en el camino y destruyendo todo aquello que no le asegura su tasa de ganancia y cuyas secuelas de despidos van sembrando hambre y miseria.

¿Qué ha pasado con la mayoría de las portentosas industrias que poseían los países imperialistas? Se trasladaron en busca de mano de obra barata y de menores impuestos a países con gobernantes inescrupulosos y, así, han llevado su corrupción a todos los rincones del planeta. Toda crisis del capitalismo es crisis de superproducción y ésta también lo es. Por lo tanto, el imperialismo intentará equilibrar su balanza comercial, pagar su deuda externa, resolver su deuda fiscal, pero...  con qué costo y quién lo pagará. Solamente se divisa en el horizonte una única víctima: LOS PAÍSES PERIFÉRICOS, algo que ya está ocurriendo y que explica la preocupación del imperialismo cuando algún país entra en cesación de pagos. Decíamos en uno de nuestros documentos, que la relación de fuerzas entre acreedores y deudores había cambiado a favor de los deudores, pero debemos completar la idea: las burguesías periféricas no van a hacer uso de la nueva relación de fuerzas seguirán trasladando la mayor parte de la plusvalía que le extraen a sus clases obreras para ayudar a resolver los problemas de las burguesías centrales.

Todo un capítulo de ciento y miles de carillas podríamos escribir sobre el mundo que sobrevendrá a la crisis de este sistema anárquico, pero sólo enunciaremos algunos: el derroche de recursos naturales no renovables, como el petróleo, el gas, etc.; recursos como los bosques, el riesgo de desertificación de enormes porciones de tierra, la contaminación de los ríos y mares y las trágicas secuelas que dejará en millones de seres humanos, producto del hambre y la miseria. Hoy nadie puede negar la irracionalidad del sistema de producción capitalista y dentro de poco, a nadie le quedarán dudas de que este sistema está lejos de resolver los problemas de la humanidad, que no es tal o cual imperialismo el irracional, sino que es el sistema capitalista. Nunca, en la historia del capitalismo en general y del imperialismo como fase superior, ha quedado tan al desnudo el carácter retrógrado del sistema. Podemos afirmar: que la victoria que ha logrado sobre el socialismo (para darle un nombre) ha sido una victoria pírrica, pues ha debilitado al proletariado mundial, pero éste se recompondrá. Los imperios han quedado agotados, las burguesías imperialistas van quedando aisladas y empiezan a ser jaqueadas por el proletariado que, si bien lo hace por reivindicaciones sin proyectos políticos, tiene un enorme caudal de experiencias de lucha y de ellas surgirán las vanguardias que lo orienten hacia la toma del poder.

Los países periféricos más atrasados han recibido en sus territorios a fábricas con la última generación de tecnología y, parafraseando a Marx, “han creado a su enterrador” a la vez que lo han "globalizado": quien ahora puede comunicarse tan rápidamente como ellos, producto de la irracionalidad y del carácter anárquico de su producción.

El desenfrenado afán de mayores ganancias entraña contradicciones que, en períodos de crisis, toman vida propia más allá de la voluntad de los hombres. Queda claro, inclusive, para el imperio más agresivo que la lucha de clases no se resuelve con las armas, por más sofisticadas que éstas sean.

El tema del armamento del imperialismo y de sus tropas superentrenadas, son elementos para que se entretengan los plumíferos de sus países y de los países periféricos. Ellos no ven más allá de sus párpados, pero nosotros no debemos distraernos: esas armas las tendrán que usar contra sus propios proletariados. Ya lo hicieron antes y lo van a hacer ahora. No son las operaciones militares, no son los atentados con más o menos muertos los que van a cambiar la historia; es el proletariado, acaudillado por su clase obrera y arrastrando a todo el pueblo tras de sí el que va a definir la lucha contra el capitalismo. Pero esa clase obrera y ese proletariado sin vanguardia no van a liquidar a la burguesía y a su Estado, apenas pueden herirlo en mayor o menor profundidad.

Es necesaria e imprescindible una vanguardia alimentada con la teoría del marxismo leninismo para liquidar a la burguesía. Una vanguardia que no renuncie a utilizar todos los métodos para vencer. En nuestro último documento sostenemos que la contradicción fundamental del capitalismo es: BURGUESÍA VERSUS PROLETARIADO, porque está en juego la imposibilidad de la burguesía para desarrollar las fuerzas productivas trabadas por el régimen de propiedad de los medios de producción. Socializando los medios de producción resolveremos los problemas de la humanidad y, para eso, debemos eliminar a la burguesía como clase, destruir su aparato de coerción e instaurar LA DICTADURA DEL PROLETARIADO.

¿Con cuánta fuerza contamos? Si este proceso continúa como va encaminado, que es lo más probable, la burguesía quedará aislada y la clase obrera, el proletariado, arrastrará tras de sí a todo el pueblo. La tarea central es reconstruir la vanguardia política, organizar el partido revolucionario del proletariado y para ello se debe luchar tenazmente contra todas las desviaciones en el proletariado y en el seno de todos los aliados y establecer un programa mínimo que exprese claramente los intereses de las clases y sectores de clases que pretendamos ganar o neutralizar.

Si bien la Revolución Socialista Argentina es una parte táctica de la estrategia continental y mundial, tiene una estrategia propia.

Quienes relegan la necesidad de una estrategia  y de una táctica  para la toma del poder en Argentina, esperando que se resuelva una estrategia continental -que nadie discute que no sea necesaria- o quienes no ven la vinculación de la parte con el todo, son oportunistas que no quieren hacer la revolución en el país ahora ni nunca.

Toda estrategia de poder, incluida la Guerra Revolucionaria en Argentina, debe partir de un análisis de la Revolución Mundial y Continental. Luego deberemos precisar las tareas apropiadas para cada etapa de la revolución, partiendo de las inmediatas, adecuándolas a la situación actual y al nivel de conciencia y experiencia revolucionaria de la clase obrera y del pueblo en general.

 

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