LIONEL MESSI UN CRACK
Un Lio bárbaro
Messi tuvo un día redondo: metió un gol y participó en otro. Así el Barcelona, que venía cuestionado por sus últimas actuaciones, le ganó de local 3 a 0 al Lyon, en un partido por la primera fecha del máximo torneo europeo de clubes. Cuando salió, casi sobre el final, lo despidieron de pie. El tercero fue de Henry. El Inter de los argentinos, en cambio, la pasó mal en Turquía, de donde se fue con una derrota (1 a 0) ante el Fenerbahce
SONRISA. Lio la rompió y después festejó. ¿Lo habrá llamado al Coco?
Barcelona, desde el vamos, se paró en campo rival, decidido a llevarse por delante a un rival que salió con la consigna de cuidar su arco. Y desde ahí manejó la pelota, hacia uno y otro lado. Messi asumió el protagonismo y participó, en la media hora inicial, en la mayoría de los intentos ofensivos de su equipo. Ante cada arranque, no había manera de frenar su pique corto y sus enganches impensados.
Es más, a los 20 minutos, en medio de la presión que soportaban los franceses, el propio argentino encaró muy decidido y sacó un remate que, tras desviarse en Cler, terminó adentro. Fue el necesario grito de gol que, en parte, calmó el malhumor con el que los hinchas catalanes llegaron al estadio por las últimas actuaciones del cuestionado equipo de Rijkaard.
La mejor jugada colectiva, de todos modos, llegó cuando Ronaldinho salió rápido por izquierda, dejó atrás a dos rivales y, mágicamente, cruzó la pelota de punta a punta. Por el otro lado apareció Lio, quien la mató en el pecho y la enganchó en una baldosa, en las narices de su marcador. Quedó perfilado para su zurda, a pocos metros del arco, pero el remate dio en una pierna, justo en el camino a la red. Igual, pese al fastidio del argentino, desde los cuatro costados llovieron los aplausos.
Siguió siendo Messi el generador de las mejores acciones de peligro del partido. Sobre todo ante cada arranque desde el lateral derecho. Ya casi sobre el final del primer tiempo, se mandó otra vez decidido y en lugar de patear al arco, optó por tirar el centro llovido al segundo palo, donde ninguno de sus compañeros logró empujarla.
Más del Barcelona, en el arranque del segundo tiempo. El Lyon, en su desesperación, salió disparado hacia delante. Dejó, claro, espacios atrás. Xavi recibió de espaldas en la medialuna y lo vio entrar por el otro lado a Messi, quien se la quiso picar al arquero y la tiró muy lejos.
Rijkaard quiso darle minutos a Messi. Lo dejó en cancha para que tire paredes con Henry y compañía. ¿Ronaldinho? Salió, para dejarle su lugar a Iniesta. Y el Barcelona se dedicó a cuidar la pelota. La hizo circular de lado a lado, con toques cortos y precisos. Llegó por derecha, por izquierda, por todos lados. Messi, cuándo no, apareció en el lugar justo para mandarla abajo, a un rincón. Era el segundo y ahí sí se convirtió en el hombre de la noche española. Ni hablar cuando el técnico, para regalarle una merecida ovación, lo sacó a minutos del final. Después llegó el gol de Henry y ya en las tribunas se respiraba otro aire. Eran tiempos más calmos y Messi mucho tenía que ver con eso.