EQUILIBRIO
Transcripción de una charla del maestro sufi Hidayat Khan, en el lago O´hara, Canadá, 1998.
Cuando miremos el mundo con los ojos del vidente, encontraremos que la persona que es llamada sabia y aquél que es llamado tonto, están más cerca uno del otro de lo que ordinariamente se piensa; sus diferentes ocupaciones e intereses son mucho más similares de lo que generalmente parece, en la desbalanceada condición de la vida.
El equilibrio es algo que raramente se encuentra entre los místicos o entre las demás personas. Cuando nos interesamos en algo, es nuestra naturaleza querer más y más de ello: no importa si el objeto de interés es espiritual o material. Si nos volvemos muy espirituales perdemos el mundo. Si no fuera nuestra misión vivir en este mundo, no nos hubieran mandado aquí.
El que ve lo bueno en otros, verá más y más cosas buenas. Aquél que tiene la tendencia de encontrar defectos, encontrará tantos que al final lo bueno parecerá malo ante sus ojos. Y así, sus propios ojos se volverán malos. Hay muchas mas oportunidades de caer para una persona que está corriendo, que para aquél que camina; el exceso de actividad hace más posible la caída.
Algunas veces una persona no tiene equilibrio cuando dice la verdad. Él dice: Yo dije la verdad, indiferentemente de si eso está en armonía con los que le rodean, y de si la gente está preparada para oír la verdad o no. Ahí, está diciendo: Yo dije la verdad y no me importa discutir (pelear) con quien sea, porque yo dije la verdad. De modo que la lección de tranquilidad es la más importante a ser aprendida para este propósito.
La filosofía en sí misma culmina en el conocimiento de Dios, que es más grande y más alto que cualquier otra cosa en el mundo; este fin ha sido frecuentemente extraviado por la falta de equilibrio. Por eso en la Biblia, en el Vedanta, en el Corán, y en los demás libros sagrados, las verdades se dicen de una forma velada. Si los profetas y maestros hubiesen dicho la verdad plenamente, el mundo hubiera ido en la dirección errada. Me he dado cuenta que cuando la filosofía se ha explicado plenamente, ha sido entendida en forma muy diferente de lo que se quería decir.
Las actividades tienden a crecer y mantenerse creciendo, y por esto se pierde el equilibrio. Cuando hablamos, nos inclinamos a hablar más y más, y nos encariñamos tanto de hablar que nos gustaría hablar, indiferentemente de si alguien desea oír o no. Decimos lo que realmente no desearíamos decir; después deseamos saber por qué insultamos a tal persona y por qué le entregamos nuestro secreto. Sadi, el gran poeta persa, dice :"Oh , inteligente, ¿de qué te sirve tu inteligencia si después te arrepientes?"
Lo que sea que hagamos, bueno o malo, aumenta en nosotros más y más. Si un día una persona piensa por cinco minutos acerca de la música o la poesía, al día siguiente su pensamiento podrá continuar por media hora. Si uno tiene un pequeño pensamiento de amargura, inconscientemente el pensamiento crecerá hasta que la mente esté llena de amargura. Cada pecado se acerca de esta manera. Zaratustra distinguió tres clases de pecados: el pecado del pensamiento, el pecado del discurso y el pecado de la acción, entendiéndose pecado como lo que aparta de la esencia, que es lo natural.
Tener pensamientos de amargura, pensamientos de maldad, es como hacer el mal; y hablar del mal también es como hacer el mal. Cuando una persona piensa en una mala acción, es como si ésta fuera concretada.
Nosotros ganamos el equilibrio de los pensamientos, cuando podemos ver las cosas no sólo desde nuestro punto de vista, con las ideas y los pensamientos a que estamos enseñados, sino desde todos sus lados posibles.
El pensamiento de un solo lado no tiene equilibrio. Supongamos un hombre que es muy patriótico y ve todo desde el punto de vista del patriotismo, quien va a una tienda y demanda que la persona que atiende le venda alguna cosa, para un propósito patriótico, por un bajo precio. El dependiente puede ser un hombre pobre y así sea para una causa patriótica, él no puede vender su mercancía a ese precio. Entonces el también está condicionado y piensa en su negocio; no puede esperarse que vea con los ojos del patriota. La primera persona sólo piensa en patriotismo; la otra, sólo en el negocio; y si suponemos un tercero que es músico, diría: Están locos: la música es lo único que importa. Un poeta diría: La poesía es la única cosa en el mundo... Cada uno piensa solamente en lo que está comprometido. Así, la persona piadosa puede exagerar tanto su piedad, que no hay fuera de él nada más que su piedad, que a lo último se vuelve hipocresía.
Mas uno puede preguntar: ¿Cómo puedo conseguir el equilibrio? Primero está el equilibrio de la actividad y el reposo, de dormir y caminar. Si una persona cree que por dormir mucho se va a volver grande, y se acostumbra a hacer eso, se volverá un monstruo en vez de un hombre, porque su cuerpo, que es dado a él para que experimente el mundo, no se usa. Y si uno no duerme bien, en pocos días tendrá los nervios rotos. Si uno ayuna mucho ciertamente se volverá etéreo; será capaz de mirar en el otro mundo, dentro de otros planos. Si uno ha aprendido el camino de la inspiración, la inspiración vendrá. Pero este cuerpo, estos sentidos, se volverán débiles y no seremos capaces de experimentar este mundo, el cual fue creado para nosotros. En la India hay místicos llamados Madzubs que van al extremo de la espiritualidad. Su parte externa es olvidada a tal extremo que dejan la experiencia de este mundo enteramente. Pero los extremos en todas las cosas son indeseables, sean ellas "buenas" o "malas"... Dormir y despertarse, comer y ayunar, ser activo y estar quieto, hablar y estar en silencio, eso es tener equilibrio.
Un discípulo aprendió de Mahoma una práctica por la cual experimentó el éxtasis. Después de algunos días llegó trayendo frutas y flores que ofreció al profeta, sumamente agradecido y diciéndo: La lección que usted me dió ha sido de gran valor para mi; ¡me ha traído tanto gozo! Mis oraciones, que usaba por pocas minutos, ahora duran todo el día. Mahoma entonces, le dijo: "Estoy muy contento que te haya gustado la lección, pero, por favor, desde hoy suspende la práctica".
El Sufi enseña el equilibrio por la postura y el movimiento, que incluye el control de las acciones, y la actividad del cuerpo; por la práctica de los Nimaz, Wazifas y Zikar, él enseña el equilibrio de la mente para la concentración. Sentarse en el hogar y cerrar los ojos no es concentración; aunque los ojos estén cerrados y los pensamientos se vayan. Es importante escoger el objeto correcto para concentrarse. Por concentración y meditación una persona experimenta el éxtasis; por el control de sí misma una persona experimenta los mas altos mundos y planos en que todas las cosas son una. Por esto se necesita la guía de un profesor o Murshid, porque de otro modo el equilibrio se pierde; nadie puede llegar o hacer esto por sí mismo. Y si alguien puede, se interesará tanto en lo que experimenta más allá, que se volverá ausente de este mundo; el resultado será la mente ausente, incluso el lunatismo, y muchas otras consecuencias indeseables.
No hay bienestar o bienaventuranza más grande que el éxtasis. Una persona siempre está pensando: Yo soy esto que yo veo; esta pequeña cantidad de carne, huesos y piel soy yo. Mas en el éxtasis, la conciencia está libre del cuerpo, de este confinamiento, y entonces experimenta su verdadera existencia sobre todos los lamentos, dolores y problemas. Este es el gozo más grande. Experimentar esto y mantener el control sobre el cuerpo y los sentidos, a través de los cuales experimentamos toda la vida de este mundo, es tener equilibrio. Éste, es el estado más alto.
EQUILIBRIO II