Un Gran Detector de la Armonía
En su visita a Bogotá, a comienzos de Agosto de 1998, NAWAB, un maestro sufi , entre otras bellas enseñanzas nos demostró cómo desperdiciamos gran cantidad de energía, de la que necesitamos cuidar para nuestro trabajo personal, en el bla, bla, bla o cháchara inútil de todo y todos los días. Nuestra comunicación verbal puede convertirse en un gran apoyo del proceso de autoobservación si aplicamos un poco de atención a oírnos cuanto decimos. Rápidamente empezamos a percatarnos de la musicalidad que tienen nuestras palabras cuando las pronunciamos desde la armonía, y a la vez su estridencia y desafine total cuando no estamos armónicos. Simultáneamente vamos a observar cómo cambia también, en uno u otro caso, el efecto sobre nuestros interlocutores.
Nuestra palabra es armónica sólo cuándo podemos responder afirmativamente a tres preguntas:
¿ES VERDAD? Aquí no hay concesiones de ningún tipo. Nada de torcer un poco la verdad, ni adornarla pretendiendo hacerla más atractiva o la consabida disculpa: “Una mentirilla blanca no hace daño a nadie”. Sólo la VERDAD.
¿ES NECESARIO? Algo que siendo verdad resulte inoportuno o inadecuado o simplemente inútil dado el momento, el lugar o el interlocutor no atento o preparado, es generalmente lucimiento fatuo de nuestro ego.
¿ES AMABLE? Nada de lo que digamos puede ser una piedra contra algo o alguien y, a la vez, ser armónico.
Cada una de las preguntas es un filtro y la práctica constante produce maravillosos resultados. Cuanto decimos puede ser reflejo de Amor, Armonía y Belleza. El tono natural de nuestra voz no importa. La flauta y el trombón tan diferentes, pueden ser igualmente bien ejecutados. Si nos dicen cómo nos hemos vuelto de callados, nos están diciendo cuanta energía estamos ahorrando. El buen humor, que ha cumplido el requisito de la oportunidad y la amabilidad, es siempre muy apreciado como salida del niño alegre y travieso que necesitamos rescatar. NAWAB es él mismo la mejor demostración del sistema. Escucharlo, en su sencillez profunda, es oír la más armoniosa melodía y su humor es inocente, juguetón y muy oportunamente divertido.
Alí, sobrino y yerno del Profeta Mahoma, pedía frecuentemente a Dios un cuello de camello, para alcanzar a sellar sus labios con la mano una vez producidas en la garganta ciertas frases.
Sarfaráz.