|  CONTEMPLACIÓN AL SANTO ROSTRO DE CRISTO Si tan solo supieran cómo estoy listo a perdonar los crímenes de vuestra era, por una sola mirada de afecto ofrecida a Mí, un instante de pesar, un suspiro de vacilación, una ligera reconsideración. Una sonrisa a Mi Santa Faz y Yo perdonaría y olvidaría. No miraría ni Mis Heridas. Borraría de Mi vista todas vuestras iniquidades y vuestros pecados. Si tuvierais un solo momento de pesar, todo el Cielo celebraría vuestro gesto, porque vuestra sonrisa y vuestro dolor afectuoso serán recibidos como un incienso por Mí, y este ligero instante de pesar será escuchado por Mí como un cántico nuevo. "No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga miradas, no hay en él belleza que agrade. Despreciado, desecho de los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada." (Isaías 53, 3) "Quien mira Mi rostro, ya me está consolando." (Nuestro Señor a la Hermana Pierina) "Apiádese Dios de nosotros y bendíganos, haga resplandecer Su faz sobre nosotros." (Salmo 66) "Como de él se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su rostro que no parecía ser de hombre, así se admirarán de él las gentes y los reyes cerrarán ante él su boca al ver lo que jamás vieron, al entender lo que jamás habían oido." (Isaías 52, 14-15) Oh Jesús que en vuestra acerba Pasión fuisteis hecho “el oprobio de los hombres y el varón de dolores” yo venero vuestro Divino Rostro, en el que resplandecían la beldad y la dulzura de la divinidad, trocado ahora en la forma de rostro de leproso. Mas a través de esos rasgos desfigurados reconozco vuestro amor infinito, y siento abrazarme en deseos de amaros y haceros amar a todos los hombres. Las lágrimas que corren en abundancia de vuestros ojos son para mí otras perlas preciosas que me complazco en recoger, a fin de comprar con su valor infinito las llamas de los infelices pecadores. Oh Jesús, cuyo rostro es la única hermosura que arrebata mi corazón. Me resigno a no gozar acá abajo de la dulzura de vuestra mirada, y a no gustar el inexplicable consuelo de vuestros besos; pero os suplico que imprimáis en mí vuestra semejanza divina y me encendáis en vuestro amor de tal modo que en breve me consuma y pueda así llegar cuanto antes a disfrutar en el cielo de la vista de vuestro adorado Rostro. Así sea. El Santísimo Rostro de Jesús - ¡Qué tremendo regalo de nuestro Padre Celestial! Dichosos aquellos que escuchan Su mensaje, y más aún quienes lo ponen por obra. Son palabras de nuestro Señor: "Cuando vuelva, ¿encontraré fe en la Tierra?". Nuestro Padre Celestial ha querido dejarnos un camino para ejercitar el respeto y la reverencia, la Devoción al Santísimo Rostro de Jesús, Su Hijo Amado, Aquel en quien Se complace. Vivimos días de divino Amor y Misericordia y tenemos un remedio para luchar contra esta inmensa falta de fe. Gracias a una religiosa santa, la Madre Pierina, sabemos de una forma segura de obtener el gran don de la fe y de la fortaleza, así como otras importantes gracias. Este es un mensaje para almas sencillas: "Si no sois como un niño, no podreis entrar en el Reino de los Cielos".  |